El 2024 llegó con muchas cosas nuevas.
La secundaria ya había terminado y, como suele pasar cuando una etapa de la vida se cierra, también empezaban los cambios.
Los días ya no eran exactamente como antes.
Las rutinas cambiaron, las responsabilidades aumentaron y, poco a poco, empezaron a aparecer pequeñas diferencias entre nosotros.
Las discusiones no llegaron de golpe.
Aparecieron lentamente.
A veces por cosas pequeñas.
Malentendidos.
Orgullo.
Palabras que se decían en momentos de enojo.
Recuerdo que hubo momentos en los que ambos nos sentíamos frustrados.
Como si no supiéramos exactamente cómo manejar ciertas situaciones.
Pero algo dentro de mí sabía que, a pesar de las peleas, el sentimiento seguía ahí.
Porque cuando amas a alguien, incluso los momentos difíciles no logran borrar todo lo que esa persona significa para ti.
Aun así, hubo un tiempo en el que parecía que todo estaba más tenso entre nosotros.
Como si necesitáramos un momento para respirar.
Para pensar.
Para entender lo que realmente queríamos.
Y aunque esos momentos dolieron… también terminaron enseñándonos algo importante.
Que amar no es solo vivir momentos felices.
También es aprender a superar los difíciles.
Editado: 15.03.2026