A finales de julio decidimos vernos.
Había pasado un tiempo con muchas emociones mezcladas y ambos sabíamos que necesitábamos hablar.
Era el 31 de julio.
Ese día Erick tenía que hacer unos papeles, y yo decidí acompañarlo.
No era una cita romántica ni un plan especial.
Era simplemente un momento para estar juntos y arreglar las cosas.
Durante ese día hablamos. No fue una conversación llena de reproches.
Fue más bien un intento de entendernos. De recordar por qué habíamos llegado hasta ahí.
Poco a poco la tensión comenzó a desaparecer.
Las palabras empezaron a fluir con más calma. Y en algún momento, casi sin darnos cuenta, habíamos arreglado la situación.
Sentí un alivio enorme.
Como si una parte de mi corazón que estaba preocupada finalmente pudiera descansar.
Después de terminar con los papeles, decidimos ir a caminar.
Y terminamos llegando a Megaplaza.
Editado: 15.03.2026