Megaplaza estaba lleno de gente ese día.
Había música, puestos, luces y una feria que llamaba la atención de todos los que pasaban.
Erick y yo caminábamos entre los puestos simplemente mirando.
Curioseando.
Sin imaginar que algo completamente inesperado iba a ocurrir.
En uno de los espacios de la feria había algo que llamó nuestra atención.
Un lugar donde hacían matrimonios simbólicos.
Era algo divertido para las parejas.
Un recuerdo.
Una experiencia diferente
.
Nos quedamos mirándolo por unos segundos.
Y entonces Erick dijo algo que me tomó por sorpresa.
Me preguntó si me animaba.
Que él quería hacerlo.
Recuerdo que lo miré unos segundos.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
Era algo espontáneo.
Algo que no habíamos planeado.
Pero tal vez por eso mismo era tan especial.
Le dije que sí.
Firmamos.
Nos pusimos anillos.
Dijimos votos.
Yo estaba muy nerviosa.
No sabía exactamente qué decir ni cómo reaccionar.
Pero en medio de esos nervios también sentía algo hermoso.
Era como si ese momento representara todo lo que habíamos vivido hasta ese punto.
Las risas.
Las peleas.
Las reconciliaciones.
Todo.
No era un matrimonio real.
Pero para nosotros tenía un significado enorme.
Porque representaba una promesa.
La promesa de seguir caminando juntos.
Editado: 15.03.2026