Me fui de este pueblo jurando dos cosas.
Uno: que nunca iba a volver.
Dos: que lo había olvidado.
Durante tres años me lo repetí cada noche. En la ciudad nadie sabía quién era yo antes. Era solo Abril, la chica nueva. No la chica a la que la habían traicionado. No la chica que lloró por un chico que ni siquiera le importaba.
Me funcionó. Casi.
Hasta que mi mamá llamó y me dijo "la casa se vende, tenés que volver una semana".
Una semana. Siete días. ¿Qué podía pasar en siete días?
Todo.
Porque él sigue acá. Con la misma campera de cuero gastada, la misma mirada que me hacía temblar y la misma costumbre de romper todo lo que toca.
Lo vi hoy, después de tres años. De lejos, apoyado contra la pared en la entrada de su casa la cual queda al frente de la mía.
Y entendí la verdad más estúpida de todas:
Nunca lo olvidé. Solo aprendí a extrañarlo en silencio.
Y ahora que volví, no sé si voy a poder irme de nuevo.
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Editado: 28.08.2026