El Chico Que Debí Olvidar

Capitulo 2

ABRIL JONES.

Duncan Henderson.

El chico que no pude olvidar, mi verdadero y único amor, estaba parado ahí diciendo que quería comprar mi casa.

Como si no le hubiera bastado con romperme el corazón, ahora también quería verme destrozada, llevándose mi hogar.

Dejándome sin nada.

Aunque no es su culpa que mi papá deba tanto dinero.

Solo que hubiera preferido que la comprara cualquiera, menos él.

Nuestros ojos no dejaban de mirarse.

-¿Se conocen, hija? -rompió el hielo mi mamá.

Ella nunca supo lo mío con Duncan. Siempre fue un secreto, porque jamás me hubiera dejado salir con alguien con su reputación.

Pero lo amaba, y por eso decidí arriesgarme.

Aunque todos sabemos cómo terminó todo.

-No, no lo conozco -mentí.

Bajé la mirada al suelo, aunque por un segundo pude jurar que mis palabras le habían dolido.

Aunque es imposible. Él fue el que me lastimó, no tendría por qué dolerle.

Sin decir nada más, salí de ahí antes de que mi tonto corazón me delatara y me hiciera llorar frente a él.

Y me prometí a mí misma que jamás volvería a ser vulnerable con él.

No otra vez.

(...)

Me encerré en la cocina. Apoyé las manos en la mesada y respiré. Uno, dos, tres. Como me enseñó mi psicóloga en la ciudad.

No funcionó.

La puerta se abrió detrás mío. No necesité darme vuelta para saber quién era. Lo sentí.

-Bonita mentira -dijo su voz, tan cerca que me erizó la piel-. ¿No me conoces?

-Vete, Duncan.

-Tu mamá está mostrándole el patio a mi papá. Tenemos dos minutos.

Se acercó un paso más. Olía igual. A cigarrillo y perfume barato. El mismo de hace tres años.

-¿Por qué viniste? -le pregunté sin mirarlo.

-Mi familia necesita una casa más grande -dijo, y hizo una pausa-. Aunque admito que después de la bienvenida que me diste en la puerta, casi me arrepiento.

Sentí como me ardía la cara de vergüenza.

-¿Qué querías que hiciera? ¿Que te abrazara?

-No -dijo, y por primera vez su voz sonó sin burla-. Esperaba que por lo menos me odiaras de frente. No que dijeras que no me conoces.

Me giré para mirarlo, furiosa.

-Te odio. ¿Contento?

Se me quedó mirando fijo. Esa sonrisa estúpida había desaparecido por completo.

-Si me odiaras de verdad, Abril Jones, no te estarían temblando las manos.

Tenía razón. Me las escondí rápido.

-Sal de mi cocina.

-Es mi futura cocina, ¿no? -me contestó con veneno, pero sus ojos no decían lo mismo. Sus ojos decían que también le dolía.

-Sobre mi cadáver.

Y salí de la cocina dejándolo solo, como él me dejó a mí.




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