El Chico Que Debí Olvidar

Capitulo 7

ABRIL JONES.

Me desperté con calor. Mucho calor.

Abrí los ojos de a poco. La tormenta había parado. Entraba sol por la ventana.

Y tenía un brazo encima.

Me quedé helada.

Duncan estaba dormido a mi lado. La almohada-muro estaba en el piso. Yo estaba completamente pegada a su pecho y su brazo me abrazaba la cintura.

-Duncan -susurré entrando en pánico-. Duncan, despertate.

-Cinco minutos más, Jones... -dijo dormido, y me abrazó más fuerte.

-¡DUNCAN!

Abrió los ojos. Me vio. Vio dónde estaban sus manos.

- ¡MIERDA! -saltó de la cama como si se hubiera quemado-. ¡Yo no hice nada! ¡Te juro que fue la almohada que se cayó sola!

- ¡Baja la voz que nos va a escuchar todo el pueblo!

- ¿Todo el pueblo vive en tu cuarto ahora?

Estábamos los dos despeinados, en la misma cama, gritando en susurros cuando escuchamos la llave en la puerta de abajo.

- ¡Hija! ¡Ya llegué! ¡Se me canceló el turno!

Mi mamá.

Nos miramos. Pánico total.

(...)

- ¡ABRIL! ¡¿DÓNDE ESTÁS?!

- ¡Acá, mamá! ¡En mi cuarto! -grité con la voz más normal que pude.

Duncan corría en círculos por mi cuarto sin remera.

- ¡Tu remera! ¡Tu remera! -le dije tirándosela.

- ¡Mis zapatillas! ¿Dónde están mis zapatillas?

- ¡Abajo! ¡Quedaron en el cuarto inundado!

Se escucharon los pasos de mi mamá subiendo la escalera.

Duncan me miró desesperado.

- ¡Abajo de la cama!

- ¡No entras abajo de la cama!

- ¡Entonces en el placard!

Se metió en mi placard justo cuando mi mamá abrió la puerta.

-¿Qué haces gritando? -dijo, y me miró raro-. ¿Estás transpirada?

-Hace calor, ma.

Miró mi cama deshecha. Con dos almohadas en el piso. Con marcas de dos cuerpos.

-¿Y Duncan?

-¿Qué Duncan?

-Duncan Henderson. ¿No vino ayer a quedarse para ver lo del techo?

-Sí, sí -improvisé-. Está abajo. Durmió en el sillón. Lo que pasa es que... que me asusté con la tormenta y no dormí.

Mi mamá me miró con ternura.

-Ay, mi amor. Siempre tuviste miedo a las tormentas.

Se acercó y me dio un beso en la frente. Desde el placard se escuchó un ruidito. TOC.

Mi mamá frunció el ceño.

-¿Qué fue eso?

- ¡El... el placard! Es viejo, ma. Hace ruido.

-Tenemos que vender esta casa urgente.

Se fue bajando la escalera.

- ¡Duncan! ¡Hijo! ¿Querés desayunar?

Yo me tiré contra la puerta del placard.

Duncan salió, rojo, transpirado, con mi bufanda rosa colgándole del cuello.

-Nunca en mi vida pasé tanta vergüenza -susurró.

-Bienvenido a mi vida desde que volviste -le dije.

Y por primera vez desde que volvió, los dos nos largamos a reír. De verdad. Como antes.

Hasta que escuchamos a mi mamá desde abajo:

-¡Chicos! ¡Vengan que hice panqueques!

Nos miramos. Todavía a medio vestir. Todavía riéndonos.

-Vamos, Jones. A fingir que no nos conocemos.

-Otra vez.




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