ABRIL JONES.
Bajamos como pudimos. Yo con la cara lavada a las apuradas, él tratando de verse decente.
Mi mamá ya tenía la mesa servida. Panqueques, dulce de leche, jugo. Como si fuera un domingo feliz.
- ¡Siéntense, chicos! Duncan, vos acá al lado mío. Abril, servile jugo al chico, que es el dueño de casa ahora.
Duncan casi se ahoga.
-Todavía no, señora. Hasta el viernes no.
-Ay, qué educado -dijo mi mamá derritiéndose-. ¿Viste, Abril? No como los vagos con los que salías en la ciudad.
Pateé a Duncan por abajo de la mesa.
-Mamá, por favor.
-Es verdad. Este chico es trabajador, de buena familia, respetuoso. -Lo miró y suspiró-. Ojalá mi hija consiguiera un novio como vos, Duncan. Así me quedo tranquila de que no me la van a lastimar.
Silencio total.
Duncan me miró. Yo me quería meter abajo de la tierra.
-Señora, yo... -empezó él.
-Ninguna chica lo aguantaría, mamá -lo interrumpí rápido-. Tiene que tener un carácter muy especial.
-Yo creo que sí aguantaría -dijo él mirándome fijo, sin sonreír-. Si es la chica correcta, uno aguanta cualquier cosa.
Mi mamá aplaudió.
- ¡Viste lo que te digo! ¡Un poeta!
Yo le tiré dulce de leche en el pantalón "sin querer".
- ¡Ups!
- ¡Abril!
- ¡Fue sin querer, ma!
Duncan se limpió mirándome con ganas de matarme, pero con esa risa que se le escapaba.
-Está bien, señora. Me gustan... intensas.
(...)
Mi mamá se fue a atender el teléfono. Por fin solos en la cocina.
Duncan me arrinconó contra la mesada.
-¿Intensa yo? -le dije bajito.
-¿Sin querer, no? -me dijo mostrando su pantalón manchado-. Casi me dejas estéril con el jugo frío que me tiraste abajo de la mesa.
-Te lo merecés por hacerte el novio perfecto adelante de mi mamá.
-Estoy siendo perfecto. Tu mamá me ama. ¿Vos no?
-Yo te odio, ¿te acordás?
Se acercó un poquito más. Ya no se estaba riendo.
-Sí. Me acuerdo. Por eso me dejaste la marca de tus uñas anoche cuando te abrazaste a mí dormida.
Me quedé sin aire.
-Yo no...
-Sí. Acá -dijo y me mostró su antebrazo. Tenía tres marquitas chiquitas.
Justo en ese momento, mi mamá volvió.
- ¿Qué hacen tan juntitos?
Nos separamos de un salto.
- ¡Nada! ¡Le estaba enseñando cómo funciona la canilla! -dije.
- ¿La canilla?
-Sí, porque... porque dice que sale poca agua -inventó él, rojo hasta las orejas.
Mi mamá nos miró a los dos, raro. Por primera vez, con sospecha.
-Qué raro... pensé que ustedes dos no se conocían hasta ayer.
Y nos quedamos los dos helados, con la mentira a punto de caerse.
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Editado: 28.08.2026