ABRIL JONES.
Leo llegó a las 5 en su camioneta. Con esa sonrisa de siempre.
- ¡Wacho! ¿Así que te quedaste con la casita de Jones? -Abrazó a Duncan y después me miró a mí, de arriba abajo-. Hola, Abril. Estás... distinta.
Me dio asco al instante.
Duncan fue directo.
-Leo, las fotos que me mostraste hace tres años. Las de Abril con otro.
Leo se tensó.
- ¿Otra vez con eso? Ya fue, amigo.
- ¡¿De dónde las sacaste?! -grité yo.
Leo se rió, nervioso.
-Me las pasó un amigo de la ciudad. ¿Qué importa?
- ¡Importa porque nunca fui yo! -le dije-. ¡Nunca estuve con nadie más!
Leo me miró fijo, ya sin reírse.
-Lo sé.
Silencio de muerte.
Duncan lo miró sin entender.
-¿Cómo que lo sabés?
Leo respiró hondo y lo soltó. Como si ya no pudiera guardarlo más.
- ¡Porque las fotos eran de mi prima! ¡Se parece a ella! ¡Yo las usé! ¿Querés que te diga la verdad? ¡Sí, las inventé!
-¿Por qué? -dijo Duncan en voz baja.
Leo me miró a mí. Con una cara que nunca le había visto.
-Porque me gustabas vos, Abril. Desde siempre. Desde antes que estuvieras con él. Y vos nunca me miraste. Siempre fue Duncan, Duncan, Duncan. El boludo de Duncan.
Me quedé helada.
-¿Qué?
-Yo te esperaba. Pensé que si terminaban, ibas a mirarme a mí. Que ibas a darte cuenta que yo estaba acá. Que yo no me iba a ir a ningún lado.
Duncan retrocedió como si le hubieran pegado.
-¿Me hiciste terminar con mi novia porque te gustaba mi novia?
- ¡Vos la ibas a dejar igual para irte! ¡Yo solo aceleré las cosas!
- ¡VOS ME HICISTE PERDER TRES AÑOS! -Duncan lo empujó contra la camioneta-. ¡TRES AÑOS CREYENDO QUE ELLA SE HABÍA REÍDO DE MÍ!
Yo estaba llorando ya, de la bronca.
-Sos un enfermo, Leo. ¿Creíste que así me iba a gustar?
Leo, contra la camioneta, nos miró a los dos y se le llenaron los ojos de lágrimas.
-Me equivoqué. Lo sé. Pero la veía y no aguantaba verlos juntos.
-Andate -le dijo Duncan, con la voz destrozada-. Andate de mi casa y no vuelvas nunca más.
Leo se subió a la camioneta y se fue. Esta vez sin polvo, sin ruido. Como un perro.
(...)
Nos quedamos solos en el patio.
Duncan no podía ni hablar. Se pasó las manos por la cara.
-Todo este tiempo... todo este tiempo pensé que no me querías. Y fue porque este pibe estaba celoso.
Me senté al lado de él, temblando.
-Duncan, yo nunca... nunca me gustó Leo. Nunca.
-Ya sé -dijo, y por fin me miró. Tenía los ojos rojos-. Si hay alguien que no supo ver, fui yo.
Nos quedamos en silencio, viendo el atardecer. Él me agarró la mano. Despacio. Como pidiendo permiso.
Esta vez no la solté.
Desde la ventana de la cocina, mi mamá nos miraba. Con los brazos cruzados. Con esa cara de madre que ya entendió TODO y que esta noche nadie se va a dormir sin hablar.
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Editado: 28.08.2026