ABRIL JONES.
La casa ya no se inundaba. La arreglamos entre los dos.
Mi cuarto ahora era nuestro cuarto. El placard ya no escondía chicos, escondía nuestras dos ropas mezcladas. La cocina tenía dos tazas iguales.
Era domingo.
Mi mamá estaba en el patio haciendo asado. Como todos los domingos. Gritando.
-¡DUNCAN! ¡QUE SE TE QUEMA LA CARNE! ¡ABRIL, TRAE LA ENSALADA!
-Señora, yo sé hacer asado -se quejaba Duncan con el delantal que decía "EL REY DE LA PARRILLA" que le regaló mi mamá.
-Sabrás hacer negocios, pero el asado lo hago yo.
Yo me reía desde la reposera. Feliz. Por primera vez en tres años, feliz de estar en el pueblo.
Duncan vino y me besó la frente.
-Jones, ¿estás bien? Estás pálida.
-Es el calor, nomás.
Pero no era el calor. Hace dos semanas que tenía náuseas. Y un atraso. Y mucho miedo de hacerme el test que estaba escondido en mi cajón.
Antes de que pudiera decirle algo, sonó el timbre.
(...)
Era un auto que no conocíamos. Lujoso, de ciudad. Con vidrios polarizados.
Bajó una mujer. Alta, rubia, con un traje caro. Y un nene de la mano. De unos 2 años.
-¿Duncan Henderson? -preguntó.
Duncan se quedó helado. Con la pinza del asado en la mano.
-Sí... soy yo.
La mujer lo miró con asco. Después me miró a mí.
-¿Vos sos Abril Jones? ¿La que vive acá?
-Sí -dije parándome, con el corazón a mil.
La mujer suspiró y le soltó la mano al nene. El nene era idéntico a Leo. Idéntico.
-Mi nombre es Carla. Soy la mujer de Leo. Bueno... ex mujer.
Mi mamá se acercó también. Los tres la miramos sin entender nada.
Carla nos miró a los tres y dijo la frase que nos congeló la sangre:
-Vine porque Leo tuvo un accidente ayer. Está en terapia intensiva. Y antes de entrar, me hizo prometer que si le pasaba algo, viniera a decirles la verdad.
-¿Qué verdad? -susurró Duncan.
-Que las fotos no eran de mi prima -dijo Carla mirándome fijo-. Eran tuyas, Abril. Eran vos de verdad. Pero no estabas con otro chico. Estabas con... estabas con mi hermano. Y si no les conté antes es porque Leo me amenazó.
Silencio total. Hasta el fuego del asado parecía haber parado.
-¿Tu hermano? -dije-. Yo no conozco a tu hermano.
Carla sacó el celular. Nos mostró una foto. Un chico. De la ciudad. Que yo sí conocía.
Era mi mejor amigo de la facultad. El que me contuvo cuando Duncan me dejó.
El nene de 2 años me miró y dijo:
-Mamá.
Pero no se lo dijo a Carla. Me lo dijo a mí.
Mi mamá se desmayó.
Duncan soltó la pinza.
Y yo sentí que el test que tenía en el cajón ya no importaba más.
Porque el pasado que creíamos cerrado, recién empezaba.
FIN DE TEMPORADA 1.
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Editado: 28.08.2026