El Chico Que No Podía Existir

Archivo Clinico 01 - Sin Escape/Un Mes Antes

La luz tenue iluminaba su rostro emblanquecido, su mirada perdida no decía nada, era como un espíritu deambulando en la obscuridad del vacío. Aquella habitación le daba escalofríos, su color gris obscuro le causaba pesadillas en las noches cuando dormía y ni su sábana blanca la protegía del miedo.

Allí no había ventana alguna, la luz no entraba en ese cuarto solitario, tan solo la iluminación del foco blanco que le daba ansiedad a todas horas.
No había nada más que pudiese describir del lugar, pues este era indescriptible, redondo como un cero y cruel como si tuviese vida por sí solo.

Allí, recostada en la cama, se llevó las manos a su abdomen, sus pensamientos estaban limitados, nadie podía entrar, era celosa de su mundo imaginario, era celosa de su sufrimiento interminable.
La puerta se abrió con lentitud y escuchó unos pasos aproximarse hacia ella.

Su sistema nervioso se alertó, giró los ojos y se acurrucó a un lado de la cama, mirando fijamente al doctor con desconfianza.

-Ya basta de tonterías, así nunca veremos resultados.

-Usted no desea curarme, usted me lastima -dijo casi entre susurros.

-No lo hago por gusto, es la única manera para que te cures.

-Me quiero ir, ya no quiero estar aquí, por favor déjeme ir -le suplicó mientras apretaba sus labios heridos.

-¿Acaso crees que podrías encajar allá afuera?, ¿crees que podrían ser amigos de una niña loca?, la gente no tolera a los asesinos, a los rateros, a los locos, buscan normalidad.

Sus labios en movimiento la aterrorizaban, sus manos temblaban y lamentaba tener que aceptar cuánta razón tenía el doctor. El mundo no estaba listo para comprender lo extraño.

Al médico le encantaba manipular la mente frágil de la chica, era fácil convencerla de que su "problema", no la dejaría tener una vida normal.

-Yo no quiero normalidad... solo quiero un poco de paz -le dijo con temor de que se molestara y se alejó más a la orilla de la cama.

-La paz nunca llegara a ti, si no antes de que te cures -le dijo mientras se dirigía a la puerta.

-¿Afuera? -preguntó la joven.

-¿Afuera qué?

-¿Puedo ir afuera?, prometo que no volvere a intentar escapar, me quedare y no le causare molestias.

-Niña no puedes salir de aquí, no hay forma. Y si lo haces tarde o temprano te encontrare. Y por supuesto que me voy a encargar de que no me causes molestias.

Se detuvo un instante, parecía que pensaba, que razonaba, pero nada que hiciera parecía tener lógica, cuando parecía comprensivo era todo lo contrario, cuando reflejaba tristeza mostraba crueldad.

-Pero podras salir en unos días si te ports bien.
La chica mostró una sonrisa entre aquellos labios resecos y blancos, llevaba tanto tiempo encerrada en aquel lugar que su piel delgada se tornaba azul por el reflejo de la luz.

-Pero escúchame bien, solo por una hora y si intentas escapar te retorcere en esa silla con elektroshok o con un baño en agua con hielo hasta que se te quiten esas ideas tontas de andar viendo pendejadas.

Renata asentía con la cabeza como una niña obediente esperando recibir un chocolate para mostrar un poco de felicidad.

El doctor caminó hasta llegar a la puerta y la cerró con brusquedad, poniéndole candado.
La chica percibió felicidad y se hizo la promesa falsa de no intentar escapar de nuevo y de no desear libertad.
Y entonces se levantó en línea recta con los pies descalzos, mientras su bata blanca caía ligeramente sobre su cuerpo y miraba a la puerta.

Esos eran los ojos del odio.

Eran los recuerdos del pasado.

Era el rencor de su alma.

Eran los años de sufrimiento.

Muchas preguntas rondaban en la mente de Renata, no la dejaban en paz, pero no estaba lista ni deseaba estarlo.

Aceptaría su única opción de libertad.

Una libertad falsa.




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