PARTE 1: LA OFICINA DE LOS PODEROSOS
El humo gris del cigarrillo se elevaba hacia el cielo nocturno mientras Bren Stone caminaba por los pasillos exteriores de la Central.
El sonido de sus botas golpeaba la piedra con una calma inquietante. Su cabello negro, oscuro como una noche sin estrellas, se movía ligeramente con el viento. El rostro mostraba el cansancio de demasiados años en el campo, pero los ojos seguían siendo los de un depredador que nunca bajaba la guardia.
Vestía solo una camisa negra sencilla, pantalones tácticos y sus botas militares. Nada de armadura. Nada de insignias. Bren nunca había necesitado demostrar quién era.
A cada paso, los soldados que custodiaban la entrada se apartaban. No por orden. Por instinto.
Llegó frente a las enormes puertas de la Central. El edificio no se parecía a ninguna base militar. Era un monumento al poder: torres de metal y cristal que se perdían entre las nubes, con los símbolos de las tres fases del Despertar Verdadero grabados en las paredes.
Pizarra Blanca.
Tinta Negra.
Aprox.
Bren miró las puertas unos segundos, dio una última calada y aplastó el cigarrillo bajo la bota.
-Otra vez este maldito lugar...
En su mente aparecieron las caras de su escuadrón. Elar. Vale. Mara. Y al final, Nova. El chico sin recuerdos que todos creían un civil inútil. Pero Bren había visto esa barrera. Había visto cómo el cabello se aclaraba. Sabía que algo no encajaba.
Y sabía que la Central tampoco lo dejaría pasar.
Abrió las puertas sin anunciarse.
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El interior de la oficina principal era elegante, silencioso y demasiado perfecto. Paredes decoradas con símbolos antiguos de la Iglesia y fotografías de Laureles Eclipse. En el centro de la habitación esperaban dos hombres.
Rainol de Azal.
El Laurel Eclipse más joven de la historia. Cabello azul oscuro cayéndole sobre el rostro, mirada fría y orgullosa. Vestía una parca táctica azul oscuro con detalles negros y placas protectoras ocultas debajo. No parecía un soldado. Parecía una tormenta contenida.
Frente a él estaba el Obispo Principal. Bata larga color marfil con símbolos dorados. Apariencia tranquila, sabia... y perfectamente controlada. Una sonrisa que no llegaba a los ojos.
El Obispo giró la cabeza al oír la puerta.
-Finalmente llegaste.
Bren avanzó hasta el centro de la habitación. No hizo reverencia. No saludó. Ni siquiera inclinó la cabeza.
El Obispo frunció el ceño, la voz más baja y cortante.
-¿Eso es todo? ¿Ni siquiera fingir un poco de respeto?
Bren lo miró con calma absoluta.
-Me llamaron. Estoy aquí. Hablen de una vez.
El silencio se volvió denso. Rainol no había dicho una sola palabra, pero sus ojos no se apartaban de Bren. Analizándolo. Midiéndolo. Como si estuviera recordando algo que ninguno de los dos había olvidado del todo.
El Obispo dio un paso adelante.
-Estás frente a superiores, Bren Stone. Espero que recuerdes dónde te encuentras... y lo que eso implica.
Bren soltó una risa corta, seca, sin humor.
-Si me arrastraron hasta aquí a esta hora, dudo que sea para darme clases de modales ¿o si?.
Rainol abrió los ojos lentamente. Esa arrogancia. Esa forma de desafiar a todo el mundo como si el rango no significara nada. Bren seguía siendo exactamente el mismo.
-Bren -dijo por fin. Su voz era baja, pero cortó el aire de la habitación como una hoja-. Tenemos mucho de qué hablar.
Bren clavó la mirada en él.
Y por primera vez desde que entró...
su expresión cambió ligeramente.
Porque sabía una cosa.
Si Rainol estaba presente...
no era una simple llamada de atención.
Algo más grande estaba ocurriendo.
Algo relacionado con Nova.
Algo relacionado con su escuadrón.
Y posiblemente...
algo que podía destruir todo lo que había construido.
DATOS DEL MUNDO
Fases de un despertar verdadero