El Ciclo Y La CÚpula

Capítulo 7: Celos y posesividad

El espacio de un metro que separaba a Aris de Liam se redujo a la nada en un par de latidos. Cuando la mano temblorosa del Omega buscó la suya, Aris la tomó con una firmeza que pretendía ser un ancla, no una cadena. Se deslizó por el suelo hasta quedar sentada junto a él, permitiendo que Liam acomodara su espalda contra el pecho de ella.

El contacto físico directo provocó un alivio inmediato en el sistema de Liam, pero también disparó una nueva ola de calor. El aroma a madera quemada y ceniza de Aris lo rodeó como una armadura invisible, calmando los temblores del pre-celo, pero su mente seguía flotando en una neblina febril.

—Estás ardiendo, Liam —murmuró Aris cerca de su oído. Su propia respiración era pesada; tener al Omega pegado a su cuerpo, sintiendo los latidos erráticos de su corazón a través de la seda de la camisa, era una tortura voluntaria.

—Cállate y solo... déjame quedarme así —respondió él, escondiendo el rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de la Alfa. Inhaló profundamente, llenando sus pulmones del aroma puro de Aris. Su glándula Omega latió con fuerza, buscando el consuelo que solo una Alfa compatible podía darle.

Pasaron varios minutos en ese trance, un equilibrio precario sostenido únicamente por la fuerza de voluntad de Aris. Sin embargo, la Torre Cúpula no era un santuario aislado, y el exterior pronto llamó a la puerta.

Un golpe seco y fuerte resonó en la puerta blindada del camerino, rompiendo la burbuja de intimidad.

—¡¿Hay alguien ahí dentro?! —una voz masculina, áspera y cargada de una molesta vibración Alfa, llegó a través de la rejilla de ventilación manual de la puerta.

Aris sintió cómo el cuerpo de Liam se tensaba al instante. El aroma a té negro del Omega dio un vuelco violento, volviéndose agrio por el miedo y el rechazo. El pre-celo lo hacía sumamente sensible a cualquier presencia externa que no fuera su Alfa elegida.

—¡Sé que el pianista está aquí! —continuó la voz. Aris la reconoció de inmediato: era Marcus, un Alfa de la junta directiva y socio del imbécil al que ella había frenado en el salón de la gala—. Los sistemas de rastreo dicen que este sector está bloqueado, pero la cerradura de emergencia de este pasillo cede con una tarjeta de nivel tres. ¡Abran! ¡El aire de los pasillos está viciado y aquí hay supresores de sobra!

No era verdad. Lo que Marcus buscaba no era refugio; el aroma concentrado de Liam, que se filtraba sutilmente por las juntas inferiores de la puerta a pesar del sellado, había atraído al depredador. Un Omega masculino en pre-celo y atrapado era una presa demasiado tentadora para un Alfa sin escrúpulos.

Click.

El sonido del lector de tarjetas externo de la puerta emitió una luz amarilla. Marcus estaba intentando forzar el código de seguridad de Aris.

Liam soltó un gemido ahogado, sus dedos clavándose con fuerza en los bíceps de Aris. Su cuerpo temblaba, no por la fiebre, sino por el terror biológico de verse expuesto a un Alfa hostil en su estado de vulnerabilidad.

—Aris... no dejes que... —comenzó Liam, con la voz rota.

Una oleada de posesividad pura, violenta y ancestral subió por la columna de Aris. Sus ojos grises se oscurecieron por completo, las pupilas dilatadas hasta casi borrar el iris. El instinto Alfa de protección territorial tomó el control absoluto de sus funciones racionales. Nadie tocaba a su Omega. Nadie se acercaba a su espacio.

—Quédate aquí —dijo Aris. Su voz ya no era la de la comandante de seguridad; era un registro ultrabajo, un rugido contenido que hizo que el propio Liam experimentara un escalofrío de sumisión involuntaria.

Aris se levantó del suelo con una agilidad felina. Caminó hacia la puerta justo en el momento en que el pestillo electrónico cedía con un chasquido verde.

La puerta se abrió apenas unos centímetros antes de que Aris la detuviera, plantando su bota militar contra la base y su mano izquierda contra el marco. A través de la abertura, el rostro de Marcus apareció, con una sonrisa arrogante que se desvaneció al instante al chocar contra la figura de la jefa de seguridad.

—Comandante Aris... qué sorpresa. Pensé que el Omega estaba solo y vine a ofrecer mi...

—Dé un paso atrás —ordenó Aris.

No fue una petición. Liberó una ráfaga masiva de sus feromonas, no para calmar, sino para atacar. El aroma a madera quemada se transformó en un olor sofocante a humo denso y ceniza volcánica, una señal explícita de agresión y dominancia Alfa de primer nivel. El aire alrededor de la puerta se volvió tan pesado que Marcus tuvo que dar un paso atrás, parpadeando con sorpresa y asfixia.

—Escúchame bien, Marcus —continuó Aris, dando un paso hacia el pasillo, bloqueando por completo la visión del interior del camerino. Sus garras se marcaron en el metal del marco—. Este sector está bajo protocolo de contención de seguridad nivel uno. Si vuelve a pasar su tarjeta por este escáner, o si su aroma vuelve a tocar esta puerta, lo procesaré por insubordinación y sabotaje en estado de emergencia. Y si eso no lo detiene... le aseguro que la junta directiva tendrá que buscar un nuevo socio antes de que la cúpula se vuelva a abrir. ¿Fui clara?

Marcus tragó saliva, el color desapareciendo de su rostro. Sintió la presión de la Voz implícita de Aris y la superioridad física de una Alfa entrenada para matar. La arrogancia se le evaporó del cuerpo.

—Solo... solo quería ayudar —masculló, levantando las manos y retrocediendo por el pasillo rojo de emergencia hasta desaparecer por la esquina.

Aris cerró la puerta de un golpe, asegurando el pestillo manual interno que no dependía del sistema eléctrico. Su respiración era agitada, sus instintos aún en pie de guerra, listos para destrozar cualquier amenaza.

Cuando se giró, vio a Liam mirándola desde el suelo. El Omega tenía los ojos muy abiertos, fijos en ella con una mezcla de absoluto asombro y una atracción que ya no podía contener. Ver a una mujer Alfa defender su territorio con esa ferocidad letal había terminado de encender la última mecha de su pre-celo.




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