El cielo de Madera

CAPÍTULO 2. La aventura en el Lejano Oeste

Una tarde especialmente gris, en la que el silencio de la planta baja se había sentido más
denso de lo habitual, Jack subió los peldaños de la escalera con el corazón apesadumbrado.
En su mano derecha apretaba con firmeza una tiza de color amarillo intenso. Al llegar al
centro del ático, alzó el brazo y dibujó un sol radiante en el centro exacto de la viga
principal. El efecto fue inmediato: una calidez seca y dorada inundó el espacio, y el techo de
madera comenzó a expandirse hasta transformarse en un desierto vasto y polvoriento,
cuyas dunas parecían vibrar bajo el calor simulado.
El entorno demandaba una transformación. El Soldado Vil, adaptándose con presteza
al nuevo escenario sin perder un ápice de su dignidad, usó un trozo de tiza marrón para
perfilar un sombrero de vaquero de ala ancha sobre su cabeza, manteniendo su
característico uniforme rojo reluciente bajo el sol del desierto. Por su parte, Blin
experimentó una mutación divertida: sus extremidades de trapo adoptaron la forma de un
cactus viviente cubierto de espinas redondeadas de tiza, listo para cualquier peligro que
aguardara en las llanuras.
Se encontraban en el corazón del Lejano Oeste, una tierra sin ley donde una banda de
bandidos hechos de sombras puras andaba sembrando el caos. Estos maleantes, liderados
por un escarabajo gigante cuyo caparazón brillaba con un tono aceitoso, acababan de
saquear las minas del valle, llevándose hasta el último gramo de oro de los habitantes del
pueblo. La injusticia del escenario encendió una chispa en el pecho de Jack, aunque el
tamaño del escarabajo le infundió un frío repentino en las manos.
Al notar la vacilación del niño, el Soldado Vil se acercó con paso firme, le entregó una
pequeña pistola moldeada con tiza plateada y le susurró con voz serena: "Jack, la valentía
no consiste en la ausencia total de miedo, sino en la noble decisión de ser valiente a pesar de él. No tienes que enfrentarte a esta tormenta en la más absoluta soledad. Estamos aquí,
marchando a tu lado". En ese mismo instante, Blin, olvidando por un segundo su nueva
condición espinosa, rodeó a Jack con sus brazos de cactus en un abrazo protector,
añadiendo con ternura: "Recuerda siempre que, cuando permanecemos juntos, somos
infinitamente más fuertes que cualquier sombra".
Inspirado por el ardor y la lealtad de sus amigos, Jack sintió cómo el miedo se disolvía,
reemplazado por una audacia renovada. Avanzó con decisión hacia el campamento de las
sombras. Mientras el Soldado Vil ejecutaba maniobras de distracción atrayendo el fuego y
los rugidos del escarabajo gigante, Blin utilizaba su conocimiento del terreno para señalarle
a Jack un sendero oculto entre las rocas de madera. Con una coordinación perfecta, el
equipo logró flanquear a los cuatreros, recuperando el cargamento de oro justo antes de
que los bandidos huyeran despavoridos hacia los rincones oscuros del ático. Al contemplar
el desierto volver a la quietud del yeso, Jack sonrió con los ojos empañados de orgullo;
comprendió que, rodeado de semejante compañía, no existía frontera imposible de
conquistar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.