El cielo más lindo que he visto

El asiento de enfrente

La hora del almuerzo siempre convertía el comedor en un pequeño caos: bandejas chocando, conversaciones cruzadas, risas que llenaban el enorme salón. Haruto sostenía la suya con una mano mientras buscaba una mesa libre.

—Está lleno... —murmuró.

Mika ya le había enviado un mensaje: "Las del club de voleibol me secuestraron. Come sin mí." Haruto sonrió resignado.

—Traidora...

Encontró una pequeña mesa junto a la ventana y se sentó. Antes de probar el primer bocado, sacó discretamente un pequeño frasco del bolsillo, tomó una pastilla con un sorbo de agua y lo guardó tan rápido que nadie pareció notarlo.

—Itadakimasu.

Estaba por empezar a comer cuando alguien dejó una bandeja justo frente a él. Levantó la vista y se quedó inmóvil.

—¿...Kuroda?

Yūsei permanecía de pie.

—¿Está ocupado?

Haruto miró las tres sillas vacías alrededor.

—Bueno... no.

—Entonces me siento.

Sin esperar respuesta, tomó asiento. Durante varios segundos ninguno habló; solo se escuchaban los palillos golpeando los platos. Haruto robó una mirada al muchacho, pensando que de cerca también parecía serio. Yūsei levantó la vista exactamente en ese momento y sus miradas chocaron. Haruto desvió los ojos de inmediato.

—Lo siento.

—¿Por qué?

—Te estaba mirando.

—Lo sé.

Haruto sintió que las orejas le ardían.

—No era por nada raro. Es solo que... —dudó unos segundos— quería saber si siempre tienes esa cara tan seria.

Yūsei dejó los palillos sobre la bandeja.

—¿Y?

Haruto sonrió con timidez.

—Sí la tienes.

Por primera vez, Yūsei soltó un pequeño suspiro que casi parecía una risa. Muy pequeño. Tan pequeño que Haruto no estuvo seguro de haberlo visto.

—Hablas demasiado.

—Eso dice mi mejor amiga.

—Tiene razón.

Haruto llevó una mano dramáticamente al pecho.

—Qué cruel.

—Solo estoy siendo honesto.

—Eso también es cruel.

Yūsei negó con la cabeza.

—Eres extraño.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo tomé como uno.

Otra vez un silencio. Pero esta vez no era incómodo.

Mientras comían, Haruto notó algo: las manos de Yūsei tenían pequeñas marcas en las yemas de los dedos.

—¿Te duelen?

Yūsei dejó de mover los palillos.

—¿Qué?

—Los dedos.

El muchacho los observó un momento, como si nunca antes se hubiera detenido a mirarlos.

—Estoy acostumbrado.

—¿Practicas muchas horas?

—Sí.

Haruto sonrió.

—Se nota.

Yūsei levantó una ceja.

—¿Por el piano?

—No. —Haruto negó lentamente—. Por la forma en que tocas.

El silencio volvió a instalarse, distinto esta vez. Yūsei no esperaba que alguien hablara de su música así; la mayoría solo decía que tocaba bien. Haruto había dicho otra cosa —se nota por la forma en que tocas— y era como si hubiera escuchado algo que los demás pasaban por alto.

—¿Te gusta la música? —preguntó Yūsei.

Haruto negó.

—No sé nada de ella.

—Entonces, ¿cómo sabes?

Haruto miró por la ventana. Un grupo de pájaros atravesó el cielo azul.

—Porque cuando tocas... —sonrió con esa calma que parecía iluminar su rostro— parece que estás buscando a alguien.

Yūsei quedó inmóvil. No respondió. No podía.

Haruto bajó la mirada hacia su comida.

—Perdón. A veces digo cosas raras.

Silencio.

—Olvida que lo dije.

En ese instante sonó la campana anunciando el fin del almuerzo. Los estudiantes comenzaron a levantarse apresurados. Yūsei tomó su bandeja y, antes de marcharse, habló sin mirar a Haruto.

—Mañana...

Haruto parpadeó.

—¿Sí?

—Volveré a tocar a las siete y dieciocho.

Lo dijo con total naturalidad, como si fuera obvio que Haruto estaría allí. Luego se dio la vuelta y desapareció entre la multitud.

Haruto permaneció sentado unos segundos. Después sonrió para sí mismo.

—Así que... era una invitación.

Sin darse cuenta, llevó una mano a la cámara que colgaba de su cuello. Tal vez, por primera vez en mucho tiempo, esperaba con ilusión que llegara la mañana siguiente.



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En el texto hay: romance bl escolar

Editado: 12.07.2026

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