El cielo más lindo que he visto

Un pequeño gato gris

Las clases terminaron con el sonido de la última campana. Haruto acomodó con cuidado su cámara dentro del bolso, se despidió de Mika y comenzó el camino de regreso a casa.

Las calles del barrio estaban tranquilas. Los árboles proyectaban sombras alargadas sobre la acera y una ligera brisa movía las hojas. Fue entonces cuando escuchó un pequeño maullido.

—¿Miau...?

Haruto siguió el sonido hasta un callejón estrecho. Allí, agachado junto a una caja de cartón, estaba Yūsei, sosteniendo una pequeña bolsa de comida para gatos mientras un diminuto gatito gris comía con entusiasmo.

Haruto sonrió sin darse cuenta.

—Así que eras tú.

Yūsei levantó la cabeza.

—Sakamoto.

—No sabía que tenías esta faceta.

—No la tengo.

—¿Entonces?

Yūsei acarició con un dedo la cabeza del gatito.

—Solo pasa por aquí todas las tardes.

Haruto se acercó unos pasos y notó que Yūsei lo observaba con atención.

—¿Qué pasa?

—Te ves un poco pálido.

Haruto parpadeó un instante y enseguida sonrió, restándole importancia.

—Debe ser porque no dormí mucho anoche.

—¿Seguro?

—Claro.

Sin darle oportunidad de seguir preguntando, Haruto se agachó junto a él. El gatito levantó la cabeza, olfateó su mano y enseguida comenzó a frotarse contra sus dedos. Haruto soltó una risa suave.

—¡Qué cosita tan linda!

El gatito respondió con otro pequeño maullido.

—Mira esas orejitas... y esa nariz tan pequeñita...

Lo acariciaba con una delicadeza casi infinita, y sus ojos brillaban de una forma distinta. Yūsei dejó de mirar al gato. Sin darse cuenta, comenzó a mirar a Haruto.

La luz del atardecer iluminaba su rostro. Su sonrisa era tranquila, sincera. El viento movía suavemente algunos mechones de su cabello mientras seguía hablándole al pequeño gato como si pudiera entender cada palabra.

Qué hermoso...

El pensamiento apareció sin pedir permiso. Yūsei abrió un poco los ojos.

¿Hermoso?

Sintió un ligero calor subir hasta sus mejillas. Desvió la mirada de inmediato y se puso de pie con rapidez.

Haruto levantó la cabeza.

—¿Ya te vas?

—Sí.

—¿Volverás mañana a alimentarlo?

—Como siempre.

Haruto sonrió.

—Entonces seguro nos volveremos a encontrar.

Yūsei tardó unos segundos en responder.

—...Supongo.

Tomó su mochila y comenzó a alejarse.

—Nos vemos, Sakamoto.

—¡Hasta mañana, Kuroda!

Yūsei levantó una mano sin darse la vuelta. Mientras caminaba, no pudo evitar llevarse una mano a la cara. Sentía las mejillas extrañamente calientes.

¿Qué me pasa...?

Al llegar a casa, Haruto abrió la puerta con cuidado.

—Ya llegué.

Desde la sala, su madre levantó la vista. Sobre la mesa había varios documentos y un sobre abierto que estaba revisando. Al ver entrar a su hijo, su expresión se volvió triste por un instante, pero sin pensarlo dos veces se levantó y caminó rápidamente hacia él.

—¡Haruto!

Lo abrazó con fuerza. Él soltó una pequeña risa.

—Mamá... me vas a dejar sin aire.

Ella aflojó un poco el abrazo, aunque no dejó de sonreír.

—Perdón...

Haruto la miró con ternura.

—Hoy tomé muchísimas fotos.

Los ojos de su madre se iluminaron.

—¿De verdad?

—El cielo estaba precioso... y además encontré un gatito muy lindo.

—¿Otro más? —rió ella.

—No, este ya tenía quien lo cuidara.

Su madre acomodó con cariño un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Me alegra que hayas tenido un buen día.

—Yo también.

Ella cerró el sobre que estaba sobre la mesa y lo dejó a un lado.

—Ven.

—¿Sí?

—Preparé curry. Vamos a comer juntos antes de que se enfríe.

Haruto sonrió con la misma calidez de siempre.

—¡Perfecto! Tenía mucha hambre.

Los dos caminaron hacia el comedor entre risas tranquilas.



#3171 en Novela romántica
#920 en Otros

En el texto hay: romance bl escolar

Editado: 12.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.