El cielo más lindo que he visto

Dos semanas de rutina

Dos semanas. Solo habían pasado dos semanas, y aun así muchas cosas habían cambiado.

A las 7:18 de la mañana, la azotea ya no era un lugar silencioso. Ahora siempre había dos personas: una con una cámara, la otra con un piano.

—Buenos días.

Haruto abrió la puerta de la azotea con una bolsa de papel en la mano. Yūsei ya estaba acomodando las partituras.

—Llegaste dos minutos tarde.

Haruto hizo una mueca.

—¡El señor de la panadería estaba muy conversador!

—Excusas.

—Son razones muy válidas.

Yūsei negó con la cabeza.

—Traje el pan de melón.

—Pensé que era una broma.

—Nunca bromearía con comida.

Haruto dejó la bolsa sobre una banca, sacó dos panes y le ofreció uno.

—Toma.

Yūsei lo aceptó y le dio un pequeño mordisco mientras Haruto lo observaba con atención.

—¿Y?

—...

—¿Qué opinas?

Yūsei tragó con calma.

—Está bueno.

—¿Solo "está bueno"?

—Sí.

Haruto infló las mejillas.

—Esperaba algo más emocionante.

—Es pan.

—¡Pero pan compartido!

—Sigue siendo pan.

Haruto soltó una carcajada que hizo sonreír, muy levemente, a Yūsei.

Aquella mañana Haruto tomó varias fotografías: del cielo, de unas golondrinas, de las sombras que las nubes dejaban sobre el patio. Y, sin que Yūsei lo notara, una fotografía de sus manos descansando sobre las teclas del piano. No aparecía su rostro. Solo aquellas manos que parecían contar historias cada vez que tocaban.

Los almuerzos también se habían vuelto una costumbre. Ya nadie preguntaba por qué el estudiante transferido siempre comía con Haruto. Simplemente era normal.

—¿Quieres un poco de mi tamagoyaki? —preguntó Haruto.

—No.

—Está muy rico.

—Lo creo.

—Entonces cómelo.

Yūsei suspiró.

—Eres insistente.

—Y tú demasiado terco.

Sin decir una palabra más, Yūsei tomó un trozo. Haruto sonrió satisfecho.

—Sabía que aceptarías.

—No te acostumbres.

—Eso dijiste hace una semana.

Yūsei lo miró unos segundos.

—Hablas demasiado.

—Y tú demasiado poco.

—Alguien tiene que equilibrar la conversación.

Haruto volvió a reír. Los estudiantes de las mesas cercanas comenzaron a mirarlos.

—¿Kuroda... está hablando tanto?

—Incluso sonríe.

—Nunca lo había visto así.

Yūsei ignoró por completo los comentarios. Ya no le importaban.

Después de clases, ambos caminaron hasta el pequeño callejón donde vivía el gatito gris. El animal levantó la cabeza apenas los vio.

—¡Nos reconoció! —exclamó Haruto, agachándose de inmediato.

El gatito corrió hacia él. Yūsei dejó la comida en el suelo.

—Creo que le agradas más tú.

Haruto acarició al pequeño felino.

—Porque sabe reconocer a la gente buena.

—¿Insinúas que no soy buena persona?

—No. —Haruto sonrió—. Digo que tú eres quien le da de comer, y yo quien recibe todos los mimos.

Yūsei observó cómo el gatito se acomodaba feliz sobre las piernas de Haruto. Era una escena curiosamente tranquila. Tan tranquila que comenzó a sentirse cómoda.

Al día siguiente, durante el descanso, Mika caminó hasta el pupitre de Haruto y lo encontró escribiendo algo detrás de una fotografía.

—Otra vez tus fotos.

Haruto levantó la vista.

—Hola.

Mika sonrió de lado.

—Últimamente ya casi no comes conmigo.

Haruto se quedó pensativo unos segundos.

—¿Tanto así?

—Mmm... —contó con los dedos—. Desayunas con Kuroda. Almuerzas con Kuroda. Sales de clases con Kuroda. Seguramente hasta los gatos prefieren a Kuroda.

Haruto soltó una carcajada.

—No exageres.

—No exagero.

Mika apoyó los codos sobre el pupitre y sonrió con ternura.

—Solo me alegra verte así.

Haruto inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Así cómo?

—Más ligero.

Él guardó silencio. Luego sonrió, mirando por la ventana. El cielo estaba completamente despejado.

—Supongo... que hice un buen amigo.

En ese mismo instante, desde el pasillo, Yūsei pasó frente al salón. Sin darse cuenta, buscó con la mirada el asiento junto a la ventana. Haruto ya estaba mirándolo. Sus ojos se encontraron apenas un segundo. Haruto levantó la mano con una sonrisa; Yūsei respondió con un pequeño gesto de cabeza. Fue un intercambio tan breve que casi nadie lo notó.

Casi.

Mika sí. Y no pudo evitar sonreír para sí misma.

—Creo que ese "buen amigo"... también te estaba buscando.



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En el texto hay: romance bl escolar

Editado: 12.07.2026

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