El cielo más lindo que he visto

Lo que ninguno pudo decir

Dos días después, Yūsei volvió al hospital. Esta vez llevaba una bolsa de una tienda de conveniencia.

Cuando abrió la puerta de la habitación, Haruto levantó la cabeza de inmediato.

—¡Kuroda!

—Buenos días.

Yūsei dejó la bolsa sobre la pequeña mesa.

—Te traje algo.

Haruto miró dentro.

—¿Dulces?

—Y los apuntes de las clases.

Sacó un cuaderno perfectamente organizado.

—Mika dijo que querrías ponerte al día.

Haruto sonrió con tanta sinceridad que Yūsei sintió el pecho un poco más ligero.

—Gracias...

—No es nada.

—Sí lo es.

Haruto hojeó los apuntes.

—Tu letra sigue siendo muy bonita.

—La tuya sigue siendo terrible.

—¡Oye!

Yūsei dejó escapar una pequeña risa.

—Es verdad.

—No esperaba que vinieras a insultarme.

—Solo estoy siendo honesto.

—Ya conozco esa excusa.

Los dos rieron. Era una escena tan cotidiana que, por un momento, la habitación dejó de parecer un hospital. Hablaron de la escuela, del gatito gris, que ya empezaba a dejarse acariciar por otros estudiantes, del pan de melón, de las partituras nuevas que Yūsei estaba practicando, y de las fotografías que Haruto quería tomar cuando pudiera salir.

La puerta quedó entreabierta. Desde el pasillo, la madre de Haruto los observaba en silencio. Escuchó una carcajada de Yūsei, luego la de su hijo. Hacía mucho tiempo que no veía a Haruto reír de esa manera.

Se llevó una mano a la boca. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos. Sin hacer ruido, retrocedió y cerró la puerta con suavidad. Siguió caminando hasta el final del pasillo, y solo cuando estuvo completamente sola, apoyó la espalda contra la pared.

Las lágrimas comenzaron a caer una tras otra. Intentó contenerlas. No pudo. Se cubrió el rostro con ambas manos.

Sentía un dolor inmenso en el pecho. No porque Haruto estuviera sonriendo, sino porque deseaba, con todas sus fuerzas, que pudiera seguir haciéndolo durante muchísimo tiempo.

Las horas pasaron casi sin que ninguno lo notara. Cuando el cielo se volvió oscuro, Yūsei miró el reloj.

—Debo irme.

Haruto bajó la vista.

—Sí...

Yūsei tomó su mochila y caminó hasta la puerta. Pero antes de salir, se volvió. Haruto seguía mirándolo. Sus ojos se encontraron. Ninguno dijo nada.

Yūsei regresó lentamente junto a la cama. Se inclinó un poco y, con infinita delicadeza, rozó apenas los labios de Haruto. Fue un contacto breve, suave, como una pregunta.

Haruto abrió los ojos, sorprendido. Durante un instante, ninguno de los dos se movió. Después, Haruto tomó con timidez la corbata de Yūsei, lo acercó un poco más y respondió al beso. Esta vez fue un poco más largo: un beso lleno de nervios, de cariño contenido y de todo aquello que ninguno de los dos había sabido expresar con palabras.

Cuando se separaron, permanecieron muy cerca.

—...Extraño verte tomar fotografías —susurró Yūsei.

Las palabras hicieron temblar los labios de Haruto. Sus ojos comenzaron a humedecerse. Una lágrima rodó lentamente por su mejilla.

—Y yo... —su voz se quebró— extraño escucharte tocar el piano.

Yūsei sintió un nudo en la garganta. Sin pensarlo, lo abrazó con cuidado. Haruto escondió el rostro en su hombro, y las lágrimas comenzaron a salir sin control. Yūsei le acarició lentamente la espalda.

—Pronto volverás a la escuela.

Lo dijo con toda la esperanza que era capaz de reunir. Haruto cerró los ojos con fuerza. Quiso creerlo. Quiso aferrarse a esas palabras. Pero, en el rincón más profundo de su corazón, había un miedo que no lograba callar. Las lágrimas brotaron con más fuerza.

Yūsei no entendía por qué lloraba de esa manera. Solo lo abrazó con más cuidado, hasta que, poco a poco, Haruto logró tranquilizarse.

Cuando finalmente se separaron, Yūsei levantó una mano y secó una lágrima que aún quedaba en su mejilla. Lo miró en silencio. Después dejó un último beso, breve y tierno, sobre sus labios.

—Buenas noches, Haruto.

Haruto sonrió entre las lágrimas.

—Buenas noches... Yūsei.

Y mientras la puerta se cerraba lentamente, ambos sintieron que algo había cambiado para siempre entre ellos.



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En el texto hay: romance bl escolar

Editado: 12.07.2026

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