Dos semanas pasaron casi sin que nadie las notara. Desde aquel paseo nocturno, Haruto y Yūsei ya no ocultaban su relación. No eran una pareja que buscara llamar la atención; simplemente caminaban juntos, desayunaban en la azotea, almorzaban en la misma mesa y regresaban a casa tomados de la mano.
Al principio hubo murmullos.
—¿Ya viste?
—¿Sakamoto y Kuroda están saliendo?
—Se ven muy lindos juntos...
Con el tiempo, los comentarios dejaron de sorprender a todos. Ya era normal ver a Haruto esperando a Yūsei frente a su salón o a Yūsei cargando la mochila de Haruto cuando este decía, entre risas, que pesaba demasiado. Incluso Ren y Hayato los saludaban con naturalidad en los pasillos.
—Buenos días.
—Buenos días.
Hayato sonreía al verlos.
—Ustedes también hacen buena pareja.
Haruto terminaba completamente rojo. Yūsei solo respondía con un discreto:
—Gracias.
Aquella mañana el cielo estaba completamente despejado.
—Hoy sí voy a ganarte en voleibol —dijo Haruto mientras caminaban hacia el gimnasio.
Yūsei arqueó una ceja.
—Ni siquiera sabes sacar bien.
—¡Eso fue hace meses!
—Fue la semana pasada.
Haruto infló las mejillas.
—Qué poca fe me tienes.
Yūsei dejó escapar una pequeña risa.
—Mucha suerte.
—La necesitarás tú.
Se separaron para entrar a sus respectivas clases. Haruto levantó una mano antes de alejarse.
—¡Nos vemos al almuerzo!
Yūsei respondió con un leve gesto.
—Nos vemos.
La clase de educación física comenzó con ejercicios de calentamiento. Haruto trotaba alrededor de la cancha junto a sus compañeros.
—¡Una vuelta más! —gritó el profesor.
—¡Sí!
Haruto mantenía el ritmo, aunque respiraba un poco más rápido que los demás. Un compañero se acercó.
—¿Todo bien, Sakamoto?
Él sonrió.
—Sí... solo estoy un poco cansado.
Continuaron corriendo. Unos segundos después, Haruto sintió que el patio comenzaba a dar vueltas. Parpadeó varias veces. La voz del profesor se escuchaba lejana.
—¿Sakamoto?
Su vista se nubló. Intentó dar otro paso, pero las piernas dejaron de responderle. Su cuerpo cayó hacia adelante.
—¡Haruto!
Varios estudiantes corrieron hacia él. Uno logró sostenerlo antes de que golpeara con fuerza el suelo.
—¡Profesor!
—¡Llamen a la enfermería!
Haruto no reaccionaba. Entonces una estudiante abrió los ojos con horror.
—¡Sangre...!
Un fino hilo rojo comenzó a salir de su nariz.
—¡Rápido, traigan una camilla!
El profesor tomó el teléfono del gimnasio y pidió una ambulancia de inmediato. Todo ocurrió en cuestión de segundos. Los alumnos observaban en completo silencio. Nadie entendía qué estaba pasando.
En el edificio principal, dos pisos más arriba, Yūsei estaba en clase de literatura. El profesor escribía en el pizarrón cuando un murmullo llamó la atención de algunos estudiantes. Por la ventana se veía movimiento en el patio: una camilla, profesores corriendo, varios alumnos reunidos alrededor de alguien.
Yūsei levantó la vista por un instante.
—¿Qué pasó allá abajo? —preguntó uno de sus compañeros.
El profesor también miró por la ventana.
—No se distraigan. Continúen leyendo.
Los estudiantes volvieron a abrir sus libros. Yūsei dirigió una última mirada al patio antes de regresar la vista a la novela que tenía sobre el escritorio. No alcanzó a distinguir quién iba en la camilla. Pensó que sería algún accidente durante educación física, y continuó prestando atención a la clase.
Sin saber que la persona que acababan de llevar de urgencia era aquella con quien había prometido encontrarse para almorzar bajo el cielo de las 7:18.