El cielo más lindo que he visto

El cielo que me dejaste

La casa estaba en silencio. Habían pasado varios días desde el funeral. Yūsei seguía entrando a su habitación esperando, por costumbre, encontrar un mensaje de Haruto en el teléfono.

"Mira este atardecer."

"Traje pan de melón."

"¿Subes a la azotea?"

Nunca llegaba ninguno.

Aquella noche, sus ojos se posaron sobre la caja de madera que la madre de Haruto le había entregado. Llevaba días ahí, sobre el escritorio, sin que Yūsei se atreviera a tocarla. Cada vez que la miraba sentía que, en cuanto la abriera, algo se volvería definitivo. Pero esa noche el silencio de la casa pesaba demasiado, y el silencio del teléfono pesaba aún más.

La acercó lentamente. Sus manos aún temblaban. Respiró hondo y levantó la tapa.

Dentro había decenas de fotografías, todas cuidadosamente ordenadas: el primer amanecer que habían visto juntos, el gatito gris, la tienda de cuadros, el puente sobre el río, las manos de Yūsei sobre el piano, una fotografía de un pan de melón partido por la mitad.

Y entonces, al seguir pasando fotografías, algo lo detuvo por completo.

Eran fotos de él. Pero no las que recordaba haberse tomado juntos, sonriendo frente a la cámara, sino otras: él leyendo en la biblioteca sin notar que lo observaban, él dormido sobre el escritorio en un descanso entre clases, él riendo de algo que Mika había dicho, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Él tocando el piano, tan concentrado que ni siquiera había sentido el clic del obturador. Docenas de fotografías así, una tras otra, todas tomadas sin que él se diera cuenta, todas de momentos tan pequeños y tan suyos que ni siquiera recordaba que hubieran existido.

En una de ellas estaba sentado en la azotea, mirando hacia algún punto fuera de cuadro, con una sonrisa suave que ni él sabía que hacía cuando estaba tranquilo. En otra, sostenía un pan de melón a medio morder, con las mejillas infladas, en pleno intento por no reírse con la boca llena. En otra más, simplemente dormía en el tren, con la cabeza apoyada contra la ventana, la luz de la tarde cayéndole sobre el rostro.

Yūsei se quedó sin aire.

—Haruto... ¿cuándo tomaste todo esto...?

Su voz salió quebrada, casi un hilo. Empezó a pasar las fotografías más rápido, con los dedos temblando, y con cada una que veía comprendía algo que se le clavaba hondo en el pecho: mientras él vivía sin darse cuenta, sin sospechar nada, Haruto lo había estado mirando todo el tiempo. Lo había estado guardando, instante a instante, como quien guarda lo que sabe que un día ya no va a tener.

Se detuvo en una fotografía en particular. Él, de perfil, mirando el cielo desde la ventana del salón, con una expresión tranquila, casi ausente. Al reverso, con la letra apretada y torcida de Haruto, decía: "Esta sonrisa es la razón por la que empecé a creer en los milagros."

Las lágrimas cayeron antes de que pudiera contenerlas.

—Idiota... —susurró, con la voz rota—. Idiota, idiota, idiota...

Apretó la fotografía contra el pecho y se dobló hacia adelante, como si el cuerpo ya no pudiera sostener derecho tanto cariño de golpe. Lloró recordando esa sonrisa, esa misma que aparecía una y otra vez entre las fotografías, sin saber, en su momento, que alguien la estaba guardando con tanto cuidado. Lloró porque nunca se había visto a sí mismo así, tan tranquilo, tan feliz, hasta que Haruto se lo mostró a través de su propia mirada. Lloró porque comprendió, demasiado tarde, cuánto había sido amado en los detalles más pequeños y silenciosos, en los que ni siquiera él mismo había prestado atención.

Pasó los dedos sobre el papel, sobre esa sonrisa suya congelada para siempre en un instante que ya no recordaba, y sintió que el pecho se le partía y se le llenaba a la vez, de una forma que no sabía cómo nombrar.

Cuando finalmente logró calmar un poco el llanto, siguió revisando el resto de la caja. Debajo de las fotografías había un sobre blanco con una única palabra escrita al frente: Para Yūsei.

Lo abrió con extremo cuidado, como si temiera que las palabras adentro pudieran romperse también. Dentro había varias hojas dobladas. Comenzó a leer.

Hola, Kuroda.

Si estás leyendo esto... significa que no pude cumplir mi promesa de volver contigo a la escuela. Perdón.

Sé que seguramente estás enojado conmigo por haberte ocultado tantas cosas. No fue porque no confiara en ti. Fue porque quería que, cuando pensaras en mí, recordaras al chico que corría por los pasillos, discutía contigo por el pan de melón y se emocionaba cada vez que encontraba un cielo diferente. No quería que mi enfermedad fuera más grande que nuestra historia.

Gracias por aparecer en mi vida aquel día. Nunca imaginé que alguien tan serio pudiera hacerme sentir tan tranquilo. Gracias por escucharme hablar de nubes aunque no entendieras por qué me fascinaban tanto. Gracias por caminar a mi lado. Por tomar mi mano. Por besarme. Por enseñarme que también podía enamorarme de una persona y no solo del cielo.

Cuando empecé a fotografiar los cielos, creía que estaba intentando guardar el tiempo que me quedaba. Pero luego te conocí, y dejé de tomar fotografías solo para recordar los días. Empecé a fotografiarlos porque quería compartirlos contigo. Y en algún momento empecé a fotografiarte a ti también, sin que lo notaras, porque descubrí que tu cara cuando estás en paz se parece mucho al cielo que tanto busco: tranquila, enorme, imposible de guardar del todo, pero que uno intenta de todas formas.

¿Recuerdas el pan de melón? Estoy seguro de que sabía mucho mejor porque lo comíamos juntos.

¿Recuerdas el gatito? Seguro ya debe dejarse acariciar por todos.

¿Recuerdas la tienda de cuadros? Aquel día pensé que eras más bonito que cualquier pintura que hubiera visto. Nunca tuve el valor de decírtelo.

No estés triste para siempre. Llora si lo necesitas. Pero sigue tocando el piano. Sigue sonriendo, esa sonrisa que tomé tantas veces sin que lo supieras. Sigue viviendo también por mí. Y cuando veas un cielo bonito... no me busques. Solo disfrútalo. Porque, gracias a ti, entendí que el cielo no era el lugar más hermoso del mundo.



#3171 en Novela romántica
#920 en Otros

En el texto hay: romance bl escolar

Editado: 12.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.