El Circulo de Elias

Capítulo 10: La Llama de la Venganza y la Confrontación en la Cima

El viaje de regreso desde Suiza fue una agonía silenciosa. No había regresado por amor o por la esperanza del tratamiento, sino por la necesidad de la verdad. Mi cuerpo, aún adolorido por la extracción de óvulos, se movía con una determinación fría que superaba el dolor. Había puesto mi fe en Elías, y él me había respondido con mentiras triviales y cenas secretas. Yo, la ex-editora, había detectado la inconsistencia, y ahora, armada con los informes encriptados de Julián, volvía como la investigadora principal de mi propia vida.

Había programado mi llegada para la tarde, sin avisar a nadie, ni siquiera a Thomas, el chófer. Necesitaba el elemento sorpresa. El jet privado de Elías me dejó en el hangar, y tomé un taxi discreto, sintiendo una conexión con mi antigua vida que me daba fuerza.

Llegué a la Torre Vantros al filo de las cinco de la tarde. El edificio, con su fachada de cristal, se alzaba como un monumento a la eficiencia y la ambición que me habían exiliado. Subí al piso ejecutivo, el corazón latiéndome con una mezcla de miedo y rabia.

La secretaria de Elías, la impecable Sra. Jones, me miró con una sorpresa que no pudo disimular. "¡Señora Vantros! No la esperábamos... El señor Vantros está en una reunión final sobre la integración asiática..."

"Sé dónde está, Sra. Jones," la interrumpí, mi voz firme. "Y sé exactamente de qué se trata la reunión. No anuncie mi llegada. Es una sorpresa. Necesito que me entregue la agenda de Elías de la última semana y que me diga con precisión quién está en esa sala."

Mi tono no admitía discusión. La Sra. Jones, entrenada para la eficiencia, obedeció al instante. La agenda confirmó mis sospechas: dos cenas a solas con Sonia Reyes, catalogadas como "Sesión de Estrategia de Cierre," las mismas cenas sobre las que Elías me había mentido, diciendo que eran con el "equipo legal."

La sala de conferencias era un bastión de cristal y ébano. Puse la mano en el pomo, y por un momento, la antigua Lilian, la que evitaba el conflicto, intentó detenerme. Pero recordé mi cuerpo adolorido, mi soledad en Montreux, y la fría sonrisa de Sonia. Yo no era un personaje que se rendía a la desesperación; yo era la heroína que reescribía el final.

Abrí la puerta.

La Escena de la Traición Intelectual

La sala era inmensa. Sentados alrededor de la mesa de ébano, estaban Elías, Sonia y dos ejecutivos más. Elías estaba en la cabecera, irradiando poder. Sonia, sentada a su derecha, proyectaba una aura de claridad agresiva que llenaba el espacio. En el centro, un gráfico de proyecciones brillaba con millones de dólares de ganancia.

Mi entrada interrumpió la concentración como un terremoto. Todos se giraron.

Elías se levantó de golpe, su rostro pasó de la ira por la interrupción a la sorpresa absoluta, y finalmente, a una preocupación forzada. "¡Lilian! ¡Mi amor! ¿Qué haces aquí? No te esperábamos hasta el fin de semana. ¿Está todo bien? ¿El tratamiento...?"

"El tratamiento está en pausa, Elías," dije, caminando hacia la mesa, mis tacones resonando sobre el mármol pulido. Me detuve frente a él, ignorando a los demás. "Y no estoy aquí por amor, sino por negocios. Una auditoría de honestidad."

Sonia Reyes me miró, y por primera vez, vi una fisura en su máscara de eficiencia: una mezcla de molestia y desafío. Ella era la única que no se había levantado de su asiento.

"Elías, creo que es mejor que continuemos esta discusión en privado," comentó Sonia, su voz baja y pulcra.

Me giré hacia ella. "No, Sra. Reyes. Usted es parte de esta discusión. De hecho, usted es el principal activo en este 'negocio' que Elías y yo estamos auditando."

Tomé uno de los informes de Julián de mi bolso: el informe de la cena de hace dos noches. Lo dejé caer sobre el gráfico de ganancias. El papel era un contraste sucio con la perfección digital.

"Elías," dije, mi voz baja y controlada, pero con la fuerza de un huracán. "El martes pasado, me dijiste que tu reunión de estrategia era con tu 'equipo legal'. Mi agenda me dice que duró tres horas y que se llevó a cabo con la Sra. Reyes en La Cúpula. A solas. Mi investigador privado confirmó la información. Y no, no fue una cena con el equipo. Era una cena para dos, en una mesa para cuatro, en un reservado. ¿Es esta tu nueva definición de 'eficiencia', Elías? ¿O es una mentira conveniente para una esposa inconveniente?"

Elías se quedó sin palabras. La acusación, documentada y lanzada en público, lo había desarmado por completo.

"Lilian, estás siendo paranoica. ¡Es trabajo! ¡Estás usando el dinero de la Fundación para investigarme!" Su voz era un gruñido bajo.

"No, Elías. Estoy usando los recursos para defender mi dignidad. ¿Por qué mentir sobre un detalle trivial si no hay algo más grande que ocultar? ¿Tanto miedo tienes a la 'ineficiencia' de mi problema que tienes que esconder tus reuniones con tu 'activa más eficiente'?"

Me giré hacia Sonia. "Y usted, Sra. Reyes. Usted representa todo lo que él teme de mí. La emoción, la debilidad, la falta de funcionalidad. Usted no tiene hijos, no tiene cicatrices, y su cuerpo no está en guerra contra usted. Usted es perfecta. ¿Y le preguntó, Sonia, si su eficiencia se extiende también a la hora de proporcionar un consuelo emocional que yo no puedo darle?"

Sonia se levantó, finalmente, con una dignidad que no pude negar. "Señora Vantros, esto es un ultraje. Su inseguridad es personal. Mi relación con Elías es estrictamente profesional. Si él mintió sobre los invitados a la cena, fue por eficiencia. Él está bajo una presión inmensa y no necesita el melodrama que usted acaba de traer a esta sala. Su problema es su cuerpo, no mi trabajo."



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En el texto hay: amor, jefe sexy, bibliotecaria

Editado: 01.03.2026

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