El circulo más allá

El día que vuelve

El sol se filtraba débilmente por las cortinas. Un olor a café y pan tostado flotaba en el aire, familiar y extrañamente reconfortante. Joss abrió los ojos con un sobresalto.

—¡Joss! ¡Despierta! —gritó su madre desde la cocina—. ¡Tienes clases, vas tarde!

Joss parpadeó, totalmente perpleja. Su corazón aún golpeaba con fuerza, y su mente parecía ir más rápido que su cuerpo.

—¿Qué…? ¿Cómo rayos llegué aquí? —susurró, mientras la cabeza le daba vueltas—. ¿Me estoy volviendo loca? Necesito un psiquiatra… no puedo con tanto…

Se incorporó lentamente, sintiendo la textura de las sábanas, la familiaridad de su cama, la luz del día entrando por la ventana… todo exactamente igual que siempre. Pero había algo distinto. Su muñeca ardía levemente, un calor sordo que recorría su piel, como un recordatorio de que algo había cambiado mientras dormía.

—Otra vez… —murmuró para sí misma, recordando el símbolo, el círculo y el calor que sintió en su brazo.

Se levantó y se alistó para ir a clase. Cada movimiento parecía una repetición del día anterior, como si estuviera reviviendo la misma rutina que al principio del libro: el abrigo colgado, las botas junto a la puerta, la mochila preparada sobre la silla. Todo exactamente igual… pero diferente.

Algo estaba fuera de lugar, y lo sabía.

Mientras caminaba hacia la escuela, trataba de convencerse de que solo era cansancio o un sueño extraño. Pero la marca en su muñeca palpitaba, recordándole que no todo era normal. Y entonces lo vio: un pequeño brillo circular, apenas perceptible, flotando sobre su piel como si la señalara.

—No puede ser… —susurró, conteniéndose de gritar—. Otra vez… el círculo.

Cada paso hacia la escuela parecía más pesado que el anterior, como si el aire mismo se hubiera vuelto denso. El mundo a su alrededor se movía con normalidad, pero Joss sentía que ella no estaba del todo en él.

Cuando llegó al aula, todo parecía igual: el profesor con su barba desordenada, las fórmulas en la pizarra, los estudiantes entrando y sentándose. Pero el reloj sobre la puerta marcaba una hora que le heló la sangre.

5:55 a.m.

Su corazón se detuvo por un instante.

Otra vez.

El día se repetía.

Y algo le decía que esta vez no podía ignorarlo.

—Está empezando otra vez… —murmuró Joss, con la mano sobre la muñeca—. No es un sueño. No estoy loca.

Y en la esquina de su mente, una voz apenas audible susurró:

“Estás despertando…”

Joss tragó saliva. Esta vez sabía que algo la esperaba. Algo que no podía ignorar.

Pasaron las horas, pero su mente seguía atrapada en la misma pregunta.

Joss seguía sin entender cómo un día entero podía repetirse. ¿Había sido un sueño? ¿Un mundo paralelo? ¿Algo que su mente no podía explicar?

De repente, el timbre sonó en todo el edificio.

Las clases habían terminado.

El aula comenzó a vaciarse lentamente mientras los estudiantes salían hablando y riendo. Pero Joss permanecía sentada, mirando alrededor, buscando entre los rostros.

Buscando a alguien.

A Raúl.

Miró en la puerta.

En el pasillo.

Cerca de las escaleras.

Pero no había señales de él.

Nada.

Era como si se hubiese fumado la tierra.

—Dios… ¿y este chico? —murmuró para sí misma.

La sensación era extraña. Recordaba su voz, sus palabras, el calor insoportable en su brazo… pero ahora parecía imposible.

—¿Será que era un fantasma? —pensó, soltando una pequeña risa nerviosa.

Los días comenzaron a pasar.

Uno tras otro.

Sin noticias.

Sin símbolos flotando.

Sin voces misteriosas.

Nada de otro mundo.

Todo parecía relativamente normal.

Las clases continuaban.

La rutina seguía su curso.

El reloj marcaba las horas como siempre.

Y poco a poco, Joss comenzó a preguntarse si todo había sido producto de su imaginación.

Pero muy en el fondo… algo dentro de ella sabía que no era así.

Porque la marca en su muñeca seguía allí.

Silenciosa.

Esperando.



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En el texto hay: fantasia, ficción misterio

Editado: 20.03.2026

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