El circulo más allá

El regreso

Había pasado casi un mes.

Un mes entero sin señales, sin símbolos, sin voces en su mente. Sin Raúl.

Con el tiempo, Joss comenzó a convencerse de que todo había sido un sueño extraño. Algo que su mente había inventado en medio del estrés y el cansancio.

Su vida había retomado su rumbo.

Clases. Tareas. Rutina. Todo parecía normal otra vez.

Hasta aquella noche.

La casa estaba en silencio. Joss estaba sola. Su madre había salido a cenar con unas amigas… o tal vez era una cita, pero nunca quería decirlo con claridad.

Joss estaba sentada frente a su computadora, intentando ponerse al día con algunas tareas atrasadas.

Entonces las luces comenzaron a titilar.

Una vez.

Dos veces.

—Genial… —murmuró—. Justo ahora.

Pero no era solo la luz.

Un frío comenzó a recorrer el aire.

Un frío extraño.

Familiar.

Primero lo sintió en las manos.

Luego subió lentamente por su brazo.

Hasta que su cuerpo entero se tensó.

Joss dejó de escribir.

Su corazón comenzó a latir más rápido.

—No… —susurró.

Y entonces lo recordó.

—Ahí viene otra vez.

El círculo en su brazo comenzó a arder.

No era un calor normal. Era como si la piel estuviera hirviendo desde dentro.

—¡No otra vez! —murmuró.

Se levantó lentamente de la silla y salió al pasillo.

El aire estaba helado.

El silencio era tan profundo que podía escuchar su propia respiración.

Y entonces lo vio.

Raúl estaba parado allí.

Inmóvil.

Su rostro estaba pálido. Tan blanco como el papel. Sus ojos tenían una expresión profunda, como si hubiera visto algo que nadie debería ver.

Joss dio un paso hacia él.

—Raúl… ¿eres tú?

Él levantó la mirada de inmediato.

—No tenemos mucho tiempo —dijo con urgencia—. Tienes que prestarme atención.

—Raúl, ¿dónde estabas? —preguntó ella, confundida—. Me pasó algo inusual y—

—Sí —la interrumpió—. Sé lo que te pasó.

Joss frunció el ceño.

—Entonces explícame. ¿Dónde estabas? ¿Por qué estás así?

Raúl respiró profundo.

—No puedo explicarlo ahora. Es una historia muy larga… y muy complicada.

Dio un paso más cerca.

—Pero tienes que escucharme con mucha atención.

Joss sintió un escalofrío.

—Si alguien extraño se acerca a ti… especialmente una mujer… —dijo Raúl con voz tensa— huye.

—¿Qué?

—Corre lo más lejos posible.

Antes de que Joss pudiera decir algo más, el mundo comenzó a girar.

Su visión se volvió borrosa.

Y todo se volvió negro.

Perdió la consciencia.

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—¡Joss!

Una voz fuerte la sacudió.

—¡Joss despierta!

Joss abrió los ojos de golpe.

Estaba sentada en su pupitre.

El aula estaba llena.

El profesor la miraba con evidente molestia.

—¿Qué haces durmiendo en mi clase?

Joss parpadeó varias veces, confundida.

—Yo… lo siento…

—Si estás tan cansada, tal vez deberías dormir en tu casa —dijo el profesor con sarcasmo.

Joss levantó la mano.

—¿Puedo ir al baño?

El profesor suspiró.

—Ve.

Joss salió rápidamente del aula.

En el baño se apoyó frente al lavamanos y abrió el grifo.

Se lavó la cara varias veces.

El agua fría le ayudó a recuperar un poco el control.

Miró su brazo.

La marca estaba tibia.

—Dios mío… —susurró—. No entiendo nada.

Apoyó las manos en el lavamanos.

—¿Por qué a mí? ¿Por qué nadie me explica qué está pasando?

El resto del día fue abrumador.

Exámenes.

Tareas.

Problemas de física.

Todo se sentía pesado.

Cuando finalmente salieron de clases, el sol comenzaba a caer.

Joss caminaba de regreso a casa.

Entonces lo sintió.

Otra vez.

La sensación de que alguien la seguía.

—Genial… —murmuró—. Otra vez.

Miró hacia atrás.

Nadie.

Siguió caminando.

Entonces escuchó una voz.

Una voz femenina.

Ronca.

Familiar.

—Joss…

Joss se detuvo en seco.

Giró rápidamente.

No había nadie.

—No… —susurró.

Caminó unos metros más.

Entonces la voz volvió a sonar.

Más cerca.

—Joss…

Un escalofrío recorrió su espalda.

—No me puede estar pasando esto otra vez.

Comenzó a correr.

Corrió hasta su casa, entró rápidamente y cerró la puerta de su habitación.

Se dejó caer en la cama, cubriéndose con las sábanas como si eso pudiera protegerla.

Pasó casi una hora.

Poco a poco, la atmósfera volvió a la normalidad.

El frío desapareció.

El silencio volvió a ser el de siempre.

Joss se sentó en la cama.

—Esto no puede ser real…

Abrió su laptop.

Comenzó a buscar.

“Mundos paralelos”.

“Universos alternos”.

“Viajes en el tiempo”.

Pero todo lo que encontraba eran teorías, hipótesis, artículos científicos sin respuestas reales.

Nada concreto.

Nada que explicara lo que estaba viviendo.

Joss suspiró frustrada.

Estaba a punto de cerrar la computadora cuando algo llamó su atención.

Un foro.

Un mensaje.

Un símbolo.

El mismo círculo.

Con tres puntos en el centro.

Joss sintió que el corazón se le detenía.

Y debajo del símbolo había una sola frase:

“Si puedes verlo, ya no perteneces a este mundo.”



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En el texto hay: fantasia, ficción misterio

Editado: 20.03.2026

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