Después de revisar muchas páginas buscando información, no encontré nada realmente útil. Todo eran teorías sin pruebas, discusiones interminables y explicaciones que no llevaban a ninguna parte.
Hasta que encontré algo distinto.
Un foro.
Un lugar donde hablaban de números repetidos, símbolos extraños y patrones en el tiempo. Parecía una mezcla entre estudios astrológicos, códigos enigmáticos y teorías sobre universos paralelos. Cosas que, sinceramente, yo desconocía por completo.
Seguí leyendo con curiosidad.
Entonces lo vi.
Un dibujo.
Un círculo perfecto con tres puntos alineados en el centro.
Exactamente igual al de mi brazo.
Debajo del símbolo había un título que me hizo sentir un escalofrío:
“Si puedes verlo, ya no perteneces a este mundo.”
Sin pensarlo demasiado, escribí al usuario que había publicado el mensaje.
Su nombre era Zero1918.
Un nombre bastante peculiar.
Pasaron algunas horas sin respuesta.
Justo cuando estaba a punto de cerrar la laptop, llegó una notificación.
Un mensaje.
—Tú también los ves…
Fruncí el ceño y respondí de inmediato.
—¿Ver qué?
La respuesta llegó casi al instante.
—Los mundos entrelazados.
Sentí un pequeño nudo en el estómago.
Le expliqué que era nueva en todo aquello. Que no entendía nada. Le hablé del símbolo… y de la marca en mi brazo.
Unos segundos después recibí otro mensaje.
Una dirección.
—Por aquí no es seguro hablar. Nos vemos mañana después de las 6 p.m.
Eso fue todo.
Cuando intenté volver a abrir el perfil del usuario…
Había desaparecido.
El nombre.
Los mensajes.
Todo.
Como si nunca hubiera existido.
—Increíble… —murmuré.
Nadie me decía nada claro. Solo más preguntas.
Sin darle muchas vueltas, cerré la laptop y me acosté a dormir.
Pero esa noche mis sueños fueron más intensos que nunca.
Veía símbolos flotando. Personas extrañas. Lugares que no lograba reconocer. Era imposible describirlo con palabras.
Cuando desperté, el reloj marcaba 3:33 a.m.
Miré la hora unos segundos.
Sin darle mucha importancia, me giré en la cama para seguir durmiendo.
Entonces la escuché.
Una voz femenina.
Lejana.
Ronca.
La misma voz de las otras veces.
—Joooss… ¿dónde estás…?
Me levanté de golpe, con el corazón acelerado.
Miré alrededor.
La habitación estaba completamente oscura.
No había nadie.
Después de eso, ya no pude dormir casi nada.
A la mañana siguiente retomé mi rutina.
Clases.
Exámenes.
Sorpresas inesperadas.
Todo parecía normal, pero mi mente seguía pensando en la dirección que Zero1918 me había enviado.
Cuando finalmente llegó el final de la tarde y el reloj marcó las 6:00 p.m., decidí ir.
—Debo estar completamente loca… —murmuré mientras caminaba.
Ir a un lugar desconocido para encontrarme con alguien de internet no era precisamente la mejor idea.
Pero estaba desesperada por respuestas.
La dirección me llevó a una especie de colonia, un barrio no exactamente peligroso, pero con una atmósfera tensa.
Como si algo estuviera a punto de pasar.
Mientras observaba el lugar, alguien me habló detrás.
—¡Hey! ¿Eres tú?
Me giré.
Un chico alto, de tez morena, delgado y con cabello oscuro caminaba hacia mí.
—¿Zero1918? —pregunté.
Él sonrió ligeramente.
—Sí, soy ese mismo. Ven, por acá. Aquí estaremos más seguros.
—No sé… —dije mirando alrededor—. Este lugar tiene una vibra rara.
—Sí… la verdad que sí —respondió—. Pero aquí no nos escucharán.
Lo seguí.
Entramos a un lugar pequeño y desordenado.
Había papeles por todas partes. Recortes de periódico pegados en las paredes. Fotos de personas desaparecidas.
Parecía el cuarto de un espía… o de un científico loco.
Me quedé observando todo.
—Ok, Zero —dije finalmente—. Cuéntame. ¿Qué sucede con este círculo?
Él se acercó y tomó mi brazo.
Cuando vio la marca, sus ojos se abrieron.
—Lo tienes… —susurró—. Wow… tenía mucho que no veía el símbolo en una persona.
—¿Cómo que mucho tiempo?
—La última persona que lo tenía… murió hace aproximadamente diez años.
Sentí que el estómago se me hundía.
—¿Cómo que murió?
Zero se quedó en silencio un momento.
—Ellos la encontraron.
—¿Ellos quiénes?
—Los Guardianes del Agujero de Gusano.
Me quedé mirándolo sin entender.
—¿Qué?
—Ellos se encargan de que personas como tú no logren hacer el salto cuántico entre mundos.
—Ok… espera… —dije levantando las manos—. Esto ya suena demasiado loco.
Zero caminó hacia una mesa llena de papeles.
—¿Has visto la película El efecto mariposa? —preguntó.
—Sí…
—Algo parecido. Un chico que puede viajar entre realidades y cambiar cosas.
Lo miré con incredulidad.
—No me digas que ahora soy Ashton Kutcher…
Zero soltó una pequeña risa.
—Ojalá fuera tan simple.
Sacó unos papeles y los puso sobre la mesa.
—Estas son hipótesis basadas en personas desaparecidas.
Señaló varias notas.
Fechas.
Horas.
Patrones.
—Mira esto.
5:55 p.m.
2:22 a.m.
1:11 p.m.
—Siempre ocurre en horas exactas —dijo—. Momentos donde los mundos se cruzan.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Porque yo ya había visto esos números antes.
Y demasiado.
Me quedé mirando cada artículo.
Cada fotografía.
Cada nombre.
Personas desaparecidas.
Intentaba entender dónde, cómo y por qué. Pero mientras más leía, más preguntas aparecían.
En ese momento Zero me interrumpió.
—Joss… —dijo con seriedad—. Sé que esto es mucho para ti. Pero estás corriendo un peligro muy grande.
Levanté la mirada.