El circulo más allá

Zyrax

La mujer avanzó hacia mí lentamente.

Antes de que pudiera reaccionar, tomó mi brazo con fuerza.

Sus ojos se clavaron en el símbolo. El círculo.

Los tres puntos. Su expresión cambió de inmediato.

Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa… y miedo.

—Eres… —murmuró.

Se quedó mirándome fijamente, como si estuviera viendo algo imposible.

—Eres tú…

Yo la miré completamente confundida.

—¿Qué?… ¿De qué hablas? ¡Suéltame!

Intenté soltarme, pero su mano estaba helada, demasiado fuerte.

De repente un frío intenso recorrió todo mi cuerpo.

Un frío profundo.

Como si algo estuviera atravesando mi pecho.

Sentí que el mundo comenzaba a girar.

Mi respiración se volvió pesada.

—No… —susurré.

La mujer aún me miraba con incredulidad.

Pero ya no podía verla con claridad.

Todo comenzó a oscurecerse.

Sentí algo extraño… como si mi alma se desprendiera de mi cuerpo.

Y entonces…

Oscuridad.

Un segundo después todo volvió.

El ruido.

La música baja.

El murmullo de personas hablando.

Abrí los ojos de golpe.

Estaba sentada en una mesa.

La misma mesa.

El mismo lugar.

El bar de aquella noche. Frente a mí estaba Raúl.

—¡Joss! ¡Joss! —decía moviendo mis hombros.

Parpadeé varias veces tratando de entender.

—Raúl… —dije confundida— ¿qué hago aquí otra vez?

Raúl me miró con intensidad.

—¿Lo viste?

Fruncí el ceño.

—¿A quién?

—A Zero1918.

Mis ojos se abrieron de inmediato.

—¡Zero! Sí… ¡sí lo vi!

Raúl se recostó un poco en la silla, respirando profundo.

—Ok… entonces es real.

—¿Qué cosa?

Raúl bajó la voz.

—En este momento estás atravesando los portales del tiempo y el espacio.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué?

—Tu símbolo —continuó señalando mi brazo— se activó completamente. Eso significa que puedes moverte entre momentos y mundos sin control.

Miré mi brazo.

El círculo brillaba débilmente.

—Raúl… tenemos que hacer algo.

—¿Algo sobre qué?

—¡Sobre Zero! —dije levantándome de la silla—. Creo que lo capturaron.

La expresión de Raúl se volvió seria.

—Lo sé.

—¿Cómo que lo sabes?

Raúl miró hacia la entrada del bar.

—Porque cuando los Guardianes aparecen… nadie sale fácilmente.

Sentí un nudo en el estómago.

—Entonces tenemos que ayudarlo.

Raúl se levantó rápidamente.

—Sí.

Tomó su abrigo.

—Pero primero tenemos que salir de aquí.

—¿Por qué?

Raúl me miró directo a los ojos.

—Porque si el portal te trajo de vuelta a este momento… significa que algo cambió en la línea del tiempo.

Un ruido metálico sonó en la entrada del bar.

La puerta se abrió lentamente.

Raúl murmuró casi sin mover los labios:

—Y significa que ellos ya vienen por nosotros.

Me giré lentamente hacia la puerta.

Y allí estaba.

Otra vez.

La misma mujer.

Alta, inmóvil, con el cabello corto negro y ese traje oscuro que parecía absorber la luz del lugar. Sus ojos estaban fijos en mí, como si hubiera sabido exactamente dónde encontrarme.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

—Raúl… —susurré.

Pero Raúl ya la había visto.

Sin decir una palabra me tomó del brazo.

—¡Ahora!

Salimos corriendo por la parte trasera del bar.

Atravesamos la cocina, empujamos una puerta metálica y salimos a un callejón oscuro. El frío de la noche me golpeó el rostro mientras corríamos.

—¡Rápido! —dijo Raúl.

Corrimos varios metros hasta llegar a un coche negro estacionado al final del callejón.

Raúl abrió la puerta.

—¡Entra!

Nos montamos de inmediato. Él encendió el motor y el coche arrancó con un chirrido fuerte de las llantas contra el pavimento.

El bar quedó atrás en segundos.

Raúl manejaba rápido, girando calles como si conociera cada rincón de la ciudad.

Parecía que huíamos sin rumbo.

Pero no.

Él sabía exactamente a dónde ir.

—No puedes ir a tu casa —dijo de repente.

—¿Qué?

—Ellos ya saben todo.

Mi corazón dio un salto.

—¿Cómo saben todo?

Raúl apretó el volante.

—Te han estado siguiendo por días.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

—O sea… Raúl —dije tratando de procesarlo— ¿quieres decir que esa voz femenina…?

Lo miré.

—¿Era esa mujer?

Raúl asintió.

—Sí.

El coche dobló bruscamente una esquina.

—Ella es una de las Guardianes.

El silencio dentro del coche se volvió pesado.

—Pero no cualquier guardiana —continuó.

—¿Qué quieres decir?

Raúl respiró profundo.

—Ella controla todo el sistema del espacio-tiempo dentro de los agujeros de gusano.

Mis ojos se abrieron.

—¿Controla… los portales?

—Exacto.

Miré por la ventana. Las luces de la ciudad pasaban rápidas mientras el coche avanzaba.

—Entonces… ¿ella puede encontrarnos en cualquier lugar?

Raúl dudó un segundo.

—Sí.

Tragué saliva.

—¿Y cómo se llama?

Raúl no apartó la vista de la carretera.

Pero su voz se volvió más grave.

—Ella es…

Hizo una pausa.

Como si incluso decir su nombre fuera peligroso.

—Zyrax.

Sentí que el símbolo de mi brazo ardía otra vez.

Raúl lo notó de inmediato.

—¿Lo sientes?

—Sí… —susurré.

El ardor aumentaba.

Raúl frunció el ceño.

—Eso no es bueno.

—¿Por qué?

Raúl bajó la velocidad del coche.

—Porque significa que ella está cerca.

En ese momento el reloj del tablero marcó:

3:33 AM.

Y de repente…

El motor del coche se apagó.

Las luces de la calle comenzaron a titilar.

Raúl murmuró:

—No…

Miré hacia la carretera.

Y allí, en medio de la calle vacía…



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En el texto hay: fantasia, ficción misterio

Editado: 20.03.2026

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