Esa noche se convirtió en uno de los momentos más significativos de toda mi vida. Caminando entre risas y lágrimas, entre secretos y alcohol, entre la vida y la muerte. Volviéndome una con las que alguna vez fui. Aprendiendo que, muchas veces, la vida tiene que dar rienda suelta a las cosas que jamás has experimentado antes, como caerte por primera vez, o decir tu primera palabra. Este era uno de esos momentos.
—Vamos a entrenar esa cabeza —anunció Skylar—. Espero que estés preparada.
Apenas había salido el sol cuando me despertaron para ir al lado sur de Ruina. Lo más interesante era que solo había una mesa con flechas y un equipo para jugar al tiro con arco.
—Te mostraré lo que tienes que hacer.
Dicho esto, Vidarissa simplemente se quedó parada, mirando cómo Skylar se colocaba el equipo, agarraba el arco y la flecha, terminando por apuntarle directamente al cuello, a una distancia bastante corta.
—La idea de esto es que seas capaz de desviar la flecha con tu mente. —Skylar mantenía su vista fija en Vidarissa, esperando pacientemente el momento justo.
—Odio este ejercicio —confesó Minakuri, tapándose los ojos.
—¡Apúntale a la cabeza! —gritó Suhan.
Al soltar la flecha, esta salió disparada a una velocidad alarmante. Vidarissa, sin ningún problema, la desvió en cuestión de segundos.
—Qué aburrido —reprochó Suhan.
—Ahora inténtalo tú, Victoria —Miré a Elena, quien rápidamente notó el pánico en mis ojos.
—No lo haré, es una locura.
—Obviamente no lo harás perfecto a la primera, pero al menos puedes ir practicando —señaló Vidarissa.
—Tal vez deberíamos buscar algo más fácil para que pueda comenzar.
—Minakuri tiene razón —dije al instante—. De ninguna manera van a lanzarme una flecha a la cara.
—Está bien. —Se quitó el equipo y me lo entregó—. Tú lanzas.
—¿Qué?
—Tú lanzarás la flecha, así sabrás exactamente cuándo tienes que desviarla —sentenció Skylar.
—¿A quién se la voy a lanzar?
—A Suhan.
—¡¿Qué?! —exclamó indignada—. ¿Por qué yo?
—Creí haber escuchado que estabas aburrida —Skylar sonrió—. Vamos, no seas cobarde.
—Estarás bien, deja de ponerla nerviosa. —Le dijo Elena.
—¿Yo la pongo nerviosa? —remarcó—. A mí es a quien están por atravesar con una flecha.
—¿Podrías darme un voto de confianza? —Al oír mi voz, suspiró derrotada.
Ambas tomamos el lugar de Skylar y Vidarissa. Me preparé tensando la cuerda del arco, inhalé profundamente, imaginando cómo la flecha no la tocaba, pensando en cómo mi energía la rodeaba, haciéndose parte de ella, fundiéndose en una sola.
—Apunta a los pies —murmuró Skylar a mi lado.
Suhan cerró los ojos y se abrazó a sí misma. De la nada, solté la flecha, que cayó a unos pocos centímetros de sus pies.
—¿¡Qué haces!? —gritó, mirándome con terror.
—Perdón —me disculpé, levantando el arco—. Les dije que no podía.
—Tranquila, vuelve a intentarlo. —propuso Elena.
—¿Están seguras? —Todas clavaron los ojos en ella, advirtiéndole que debía fingir estar de acuerdo. Yo volví a apuntar, apretando firmemente el arco, tensando la cuerda.
—No puedo —solté de repente, desconcertando a todas. Suhan suspiró aliviada.
—¿Por qué no? —preguntó Elena.
—Tengo miedo de lastimarla. Yo... no puedo hacerlo.
—Suhan, muévete —Skylar se colocó en su lugar—. Prueba conmigo.
—No, Skylar...
—Hazlo, confío en ti —afirmó al instante—. Que nadie intervenga, no se atrevan a desviar la flecha.
—¿Estás segura de que quieres seguir intentándolo? —habló Minakuri.
Asentí. Caminé unos pasos, me puse en posición y apunté a sus piernas.
—Apunta a la cabeza —demandó Skylar.
—¿Siempre fue así de masoquista? —soltó Suhan.
—Skylar, ¿qué estás haciendo? —Vidarissa no comprendía su imprudencia.
—Concéntrate, tú puedes hacerlo —escuché a Minakuri.
No podía fallar. ¿Cómo seguirían confiando en alguien que no era capaz de desviar una simple flecha? ¿Cómo podrían esperar que alguien así las liberara? Ese pensamiento hizo que descartara la idea del fracaso, proyectando una clara imagen de la flecha siendo parte de mi energía, convirtiéndose en partículas que solo yo era capaz de controlar.
Cuando la solté, las respiraciones de todas se detuvieron, expectantes de cuál iba a ser el desenlace.
La flecha viajó hasta estar a unos centímetros de su rostro, cuando de repente, solo por un instante, fui capaz de desviarla. Skylar nunca se movió, tampoco cerró los ojos. Lo único que hizo fue sonreír al ver la flecha clavada en el suelo. Un suspiro de alivio salió de la boca de las demás. Incluyéndome.
—¡Lo hiciste, la desviaste! —exclamó Minakuri.
—Impresionante —Vidarissa aplaudió.
—Sabía que podías —dijo Skylar.
—Casi no lo logro, esa cosa por poco te roza la nariz.
—Basta —intervino Suhan—. Estuvo bastante bien para la primera vez.
—・Ꮙ・—
—¿A dónde vamos? —pregunté.
—Quiero mostrarte algo.
Skylar había presionado el número nueve en el ascensor, sacándome una sonrisa. Al llegar, no encontraba las palabras correctas para describir lo que me hacía sentir, grandes pilares blancos sostenían miles de estantes llenos de libros, pinturas adornaban el techo y las paredes. No había ventanas, pero el lugar estaba iluminado como si fuera la mañana más soleada.
—Lo llamamos el santuario —declaró Skylar—. Aquí paso la mayoría del tiempo.
—Este lugar es precioso.
—Así es.
—Son demasiados libros —comenté acercándome a uno de los estantes—. ¿De qué son?
—La biblioteca tiene de todo un poco, más que nada libros muy antiguos —respondió—. Sobre poder oscuro, de luz, magia e historias sobre el universo.
—Vaya, están rodeadas de una mina de oro.
—No es por eso por lo que te traje, quería que habláramos más sobre todo esto que está pasando —asentí al instante—. Sé que sientes que hay algo raro en ti, pero necesito que entiendas esto: no hay nada malo contigo. Tu mente fue herida... todo por un malentendido. Te hicieron creer que estabas enferma y, aun así, todo ese dolor, toda esa tristeza, solo te hizo más fuerte.