—¿¡Londres!? —chilló Elena—. Es la idea más ridícula que he oído en toda mi vida. Además, ¿cómo planean siquiera ir hasta allá?
—Podríamos ir en avión, oí que la primera clase es buena —Suhan sonrió ampliamente—. Victoria abrirá un portal, relájense.
—No —soltó Skylar—. No lo hará.
—¿No? —Suhan la miró confundida—. Podrá abrir otro en un par de días, hasta eso podríamos ir a reconectar con la civilización. Estaba pensando tal vez ir a emborracharme con algunos desconocidos.
—No podemos quedarnos mucho tiempo en la línea original —dijo Skylar—. Aún no sabemos si es seguro.
—Recuerda que ya no pertenecemos a ella —siguió Minakuri.
—Entonces tendremos que esperar hasta que Victoria se haga más fuerte —habló Vidarissa—. Nos tomará mínimo un par de semanas.
—No necesariamente. Creo tener una forma de ir más rápido —comentó alzando las cejas.
—Aquí vamos —Skylar suspiró profundamente—. Adelante Suhan, habla.
—Angie —sonrió.
—¿Angie? —pregunté.
—Angie… —Elena negó lentamente.
—¿Quién? —oí a Minakuri.
—Una pobre chica que tuvo la mala suerte de conocer a Suhan —contestó Elena.
—Basta, hieres mis sentimientos, Len —fingió estar triste—. Yo le dije específicamente que no quería una relación.
—Si no la querías, debiste dejar de verla. Así de simple.
—Pero…
—¿Cómo exactamente nos ayudaría tu novia? —interrumpió Vidarissa, sin ganas de oír sobre la vida amorosa de Suhan.
—Angie es una chica con la que salí un tiempo —contó—. Es un aiónio, de Espacio.
—¿De verdad? —Minakuri sonrió.
—Podría funcionar —murmuró Skylar.
—¿Disculpen? Creo que se olvidaron de algo —todas me miraron—. ¿Qué es un aiónio?
—Son una raza creada por celestiales —dijo Vidarissa—. Su único propósito es servirles.
—Así es, y yo creo saber dónde encontrarla —contestó poniéndose de pie—. ¿Qué me ves? Vamos.
—¿Tengo que acompañarte? —Suhan asintió—. ¿A dónde?
—A una dimensión cerca de aquí —respondió acercándose—. Con algo de suerte seguirá almorzando en el mismo lugar. Crucemos los dedos.
—Buen inicio de plan —Skylar chasqueó la lengua—. Lleva a Vidarissa contigo.
—¿Qué? ¿Por qué? —se quejó—. Se ve algo cansada, tal vez quiera quedarse a dormir una siesta.
—Olvídalo, alguien debe ver que no te asesinen —se cruzó de brazos—. O peor, a Victoria.
—Deja de quejarte. No es como si fueras mi elección ideal de compañera —caminó hacía ella—. Vayamos.
Cerré los ojos viendo la imagen que Suhan puso en mi cabeza. El portal lentamente se abrió.
—Bien… —Vidarissa fue la última en cruzarlo—. ¿Ahora a dónde?
—Por allá —Suhan señaló a un restaurante—. Síganme.
—Miren quién decidió aparecer —dijo un mesero al vernos entrar—. Kim Suhan. Creí que no te volvería a ver.
—Siempre voy a donde no me llaman, ya me conoces —le guiñó un ojo—. Necesito pedirte un favor.
—Claro, pero será mejor que vengas en otro momento —contestó mirando a una de las mesas—. Angie y algunos aiónios están aquí.
—¿Dónde está? Necesito hablar con ella.
—¡No! Sabes que te arrestarán —Vidarissa y yo rápidamente intercambiamos miradas—. Aún sigues en la lista, no lo olvides.
—Relájate, no va a arrestarme —sonrió acomodándose el saco—. Ella me adora.
—¿Arrestar? —pregunté en cuanto Suhan comenzó a caminar hacia la mesa—. ¿Qué fue lo que hiciste?
—Solo espero que sea un delito menor —dijo Vidarissa—. ¿Skylar sabe sobre esto?
—Silencio. ¡Angie! —alzó los brazos con una sonrisa—. Nena… ¿Cómo has estado?
—Sosténgala —en un parpadeo sus compañeros intentaron agarrar a Suhan.
Vidarissa se puso frente a ella en un parpadeo, abrumando a los hombres, quienes retrocedieron sin pensarlo.
—Yo en su lugar no lo haría —soltó Vidarissa—. Siéntense.
—No son tan rudos ahora, ¿verdad? —escupió escondida detrás de ella.
—¿Qué estás haciendo Suhan? —preguntó—. Sabes que no puedes estar aquí.
—Sí, ya lo sé —contestó alejándose de Vidarissa—. Pero tengo que hablar contigo. No hubiera venido si no fuera importante. Y te consta.
Ella lo pensó unos segundos y terminó aceptando, ordenando que saliéramos del restaurante.
—Bien, cuéntame… ¿Qué sucede? —dijo.
—Resulta que… necesito un pequeño favor —sonrió—. Préstame tu transportador.
—¿A eso le llamas un pequeño favor? —rió sin gracia—. Estás loca, no te lo daré.
—¡Por favor! Es importante —Angie negó—. Si no lo haces esta niña de aquí podría morir.
—¿Qué? —dijo mirándome—. Espera, ¿Son tus reencarnaciones?
—¡Hola! —saludé. Vidarissa solo sacudió la mano.
—No puedo creerlo, siempre creí que las inventabas —sonrió mirándonos más de cerca—. Es un gusto conocerlas.
—Vamos, Angie, yo jamás te mentiría —su expresión cambió de inmediato.
—Pero si te esfumas sin siquiera decir adiós —Suhan nos miró seria—. Tú te aprovechaste de mí, me usaste. En serio llegué a creer que te importaba.
—No es cierto, en serio me agradas —se acercó a ella para agarrar una de sus manos—. Eres una buena chica, mereces a alguien mucho mejor.
—Dios… —Vidarissa miraba la escena cruzada de brazos—. Jamás imaginé estar metida en una situación como esta.
—Mira, agradezco la honestidad, pero de verdad no puedo dártelo —miró a su alrededor y después siguió—. Podría irme muy mal si alguien lo descubre.
—Nadie lo sabrá, en cuanto termine de usarlo vendré a devolvértelo y nadie se habrá dado cuenta —insistió Suhan—. Te lo ruego, Angie.
—Suhan…
—Angie, preciosa por favor —juntó las manos, suplicando—. Por los viejos tiempos.
—Está bien, basta —soltó de mala gana—. Pero debes prometerme que lo cuidarás, si algo le pasa al transportador podrían hasta borrarme.
—¿Cómo dices?
—Espacio podría borrarme —explicó haciendo una mueca.
—¿Espacio es un alguien? —asintió—. ¿Acaso no existe un manual de todas estas cosas?