—¿Dónde estabas? ¿Por qué desapareciste así de la nada? —Suhan la atacó con preguntas desde que llegó—. Estaba muy preocupada por ti.
—Habíamos vuelto de nuevo al hotel luego de escapar de esas personas y de los molestos reporteros que no dejaban de hacer preguntas.
—No puedo creer que hayas encontrado a Calypso —dijo Vidarissa.
—No es lo único que encontré —contestó, poniendo una corona sobre la mesa—. Ambas estaban en el mismo lugar.
—¿Dónde la encontraste? —preguntó Minakuri.
—En el castillo Windsor.
—Espera, ¿te metiste en el castillo de la reina? —dije, y asintió.
—Yo viví ahí antes que ellos, tengo derecho —se cruzó de brazos—. Y no han oído lo peor de todo.
—¿Qué cosa? —habló Skylar.
—Ambas, la corona y la espada estaban en una vitrina —contó—. Como objetos que pertenecieron a la reina Elaine Isabel Windsor.
—¿Y esa quién es? —preguntó Suhan—. ¿Tu prima?
—Fue una reina de aquí —dije—. He oído hablar de ella.
—Era mi hermana —contestó Elena—. Nació después de mi muerte y ellos la coronaron cuando cumplió veintiuno. No tuvo un rey a su lado.
—Eso es muy injusto —dijo Minakuri—. Lo siento mucho, Elena.
—No, está bien —respondió casi al instante—. Ya no me importa.
—Exacto. ¿Para qué quieres reinar este aburrido lugar? —oímos a Vidarissa—. Tú eres la reina de Ruina.
—Al fin coincidimos en algo —Suhan desvió la mirada hacía Elena—. No vuelvas a irte de esa forma. No sin decirme antes.
—Lo prometo… —suspiró—. Perdóname, era algo que tenía que hacer sola.
No lo dijo, pero sabíamos que Suhan comprendía.
—Será mejor que regresemos —habló Minakuri—. Nos esperan muchas horas de lectura.
—Es cierto —la cansada voz de Skylar se hizo notar—. Suhan, abre el portal.
—No podemos irnos aún —dije rápidamente—. Debo ir a ver a mi familia.
—¿Para qué? —preguntó—. ¿Quieres ir a pedirles dinero?
—No, Suhan, mi familia debe estar muy preocupada por mí.
—Tiene razón, hay que llevarla —agregó Elena.
—Como quieran —dijo, y abrió un portal frente a nosotras.
La culpa empezó a golpearme con fuerza cuando volví a casa. La sensación de haberme ido sin decir nada, de haber dejado todo atrás por un impulso egoísta, se hizo insoportable. Mi corazón dio un salto al fijar mis ojos en un cartel pegado en la puerta. "Me has visto", decía en letras grandes. Y allí, en el centro, estaba mi rostro. Aún me estaban buscando, como si mi ausencia hubiera dejado una marca que no se borraba. Las preguntas sin respuesta, los rostros que esperaban explicaciones que yo no tenía. El peso de todo eso me aplastó, y por un momento, desee nunca haberme ido.
—¡Mamá! —grité al entrar—. ¡Mamá! ¿Dónde estás?
—¿Vicky? —habló desde el sillón—. ¿Hija? ¡Hija!
Mi madre corrió rápidamente hasta donde estaba, abrazándome con todas sus fuerzas.
—¿Por qué me hiciste esto? —apenas podía entenderla, no dejaba de llorar—. No puedo dormir, no puedo comer, no puedo hacer nada desde que desapareciste.
—Perdóname, soy un asco de hija. —ella negó para volver a abrazarme—. Nunca debí irme sin decirte, perdón.
—Tu padre y yo… —se calló, respiró profundo y siguió—. Todos estábamos muy mal.
—Tienes que decirles que estoy bien. Pero, mamá, no vas a creer todo lo que pasó.
—¿De qué hablas? —limpió sus lágrimas—. ¿A dónde estuviste todo este tiempo?
—Tengo que decirte algo, pero tienes que calmarte —respondí—. ¿Lo prometes?
—Victoria Atrhova, ¿Qué sucede? —dijo—. ¿Acaso estás involucrada con las drogas?
—Mamá… —ella se cruzó de brazos—. ¿Qué? No. Yo… tengo que mostrarte algo.
Abrí la puerta, dejando entrar a cada una. Y mi madre, las miraba como si no pudiera creer lo que sus ojos veían. Conocía ese sentimiento. Así que, después de contarle toda la historia y tratar de responder a todas sus preguntas, vi que era tiempo de volver.
—¡No puedes irte! —gritó—. No lo harás, es muy peligroso. Solo eres una niña.
—Voy a cumplir dieciocho. Tranquila, te prometo que volveré en cuanto rompa la condena.
—Estás loca. ¿Cómo esperas hacer eso si ni siquiera sabes cocinar? —Suhan se echó a reír—. ¿Y la universidad?
—Volveré e iré a la universidad, lo prometo. No te preocupes por mí.
—¿Y si no regresas? —murmuró. Arrepintiéndose al instante de haber pensado en eso—. No sé qué haría si algo te sucede… Tu eres mi vida entera.
—Ellas cuidarán de mí, volveré cuando menos te lo esperes. —La abracé—. Te amo, mamá. Más que a nada en el mundo.
—Y yo a ti… Estoy tan orgullosa, mírate, tan fuerte, tan hermosa.
—Mamá... —reí secando un par de lágrimas.
—Te voy a extrañar —dijo y miró a las demás—. Espero que cuiden a mi hija.
—Con nuestra vida —respondió Skylar.
La relación con mi madre siempre había sido sólida, un refugio de amor y comprensión en medio de la tormenta. A pesar del doloroso divorcio con mi padre, no dejó que sintiera que faltaba algo; siempre fue mi pilar, mi guía. Con el tiempo, el amor volvió a su vida, y después de unos años, se casó nuevamente. Ahora, compartía su vida con su esposo y sus tres hijos, que, aunque no eran de su sangre, los había aceptado con una calidez que solo ella sabía dar. Mi madre había encontrado la felicidad, y eso me hacía sentir completa, aunque, a veces un poco extraña al ver cómo todo había cambiado tan rápido.
—Adiós, mamá.
—Adiós, mi vida —Suhan abrió el portal—. Vuelve rápido.
El portal se cerró con un sonido sordo, y mi mente se inundó de pensamientos que no dejaban de recriminarme. ¿Cómo pude haber sido tan egoísta? Cada palabra de autocensura me golpeaba con más fuerza que la anterior. ¿Cómo había sido capaz de lastimar a mi familia de esa manera? ¿Acaso era incapaz de pensar en alguien más que no fuera yo misma?
—Basta —dijo—. No sigas. Si no hubieses cruzado el portal aquella vez, el universo habría encontrado otra forma de hacerte venir.
—¿Leíste mi mente?
—No hace falta, sé cómo piensas —aseguró. Skylar se acercó un poco más y despeinó mi cabello—. Te conozco, pequeñita.
—Tu madre es muy linda —soltó Suhan—. Me hubiera gustado que la mía fuera así.
—¿No tenían una buena relación? —pregunté.
—Dios, no —soltó una risa—. Odio a mis padres.
—¿Por qué?
—No eran muy buenas personas.