Los recuerdos azotan mi corazón cada vez que vuelvo a mirar nuestra foto, abrumándome con imágenes vívidas que confunden mi mente, perdiéndome el camino hacia el presente, aferrándome al pasado, incapaz de seguir. Me rehusaba a hacerlo, deseando ser la misma que alguna vez fui, implorando poder estar en aquel lugar donde ambos éramos felices, donde permanecíamos juntos, donde estábamos tan vivos. Me abracé nuevamente, saboreando el dulce sabor de mis lágrimas. Mi fuerza, por fin, se agotó. Al final, la estabilidad se quebró. Todo eso que siempre temí, finalmente sucedió, se había esfumado ante mis ojos, escurriéndose como agua entre mis dedos, huyendo lejos de mí. Hundí mi cabeza en la almohada, pensando en la forma en que todo terminó. Abandonándome por completo. Despojándome al eterno vacío. Acarreando mi existencia, lidiando con este hueco en el pecho donde debería estar mi corazón, recordando que yo misma lo arranqué esta vez. Mi débil cuerpo no es capaz de levantarse. Lo único que desea es seguir dormido, estático, muerto. Mi vida no conduce a ningún lado. En verdad, muchas cosas dejaron de importarme. Ya nada parece tener sentido desde esta perspectiva, desde este distorsionado ángulo, desde esta vista ciega.
Tu compañía fue algo así como vivir en todos mis lugares favoritos a la vez. En cambio, tu ausencia fue como perder mi hogar, quedando completamente desamparada. Mi mente deteriorada necesita un respiro, un descanso de tanto pensar, una posibilidad de poder conciliar el sueño. Pero, ¿cómo podría? Al cerrar los ojos, incluso en mis sueños, solo estás tú, el recuerdo de tu rostro, tu risa, tu muerte. Todo regresa a mí como si yo misma me lo hubiera lanzado. Solté una risa apagada pensando que tal vez yo soy el problema. Tal vez estoy maldita. Condenada a esto. Condenada a amarte. Y es que lo haré todo el tiempo que transite en la tierra. Aun si formara una familia, incluso si comenzara una nueva vida, nada de eso importaría. Jaymus será hoy y siempre el amor de mi vida.
—Skylar… ¿Podemos hablar un momento? —Dylan colocó suavemente su mano sobre mi espalda. Tardé unos segundos, pero finalmente volteé, observando que ambos estaban ahí—. Tengo que decirte algo.
—Bien —murmuré.
Él volteó hacia Style, quien estaba parado a centímetros de mi cama. Devolvió su mirada hacia mí y habló.
—Volveré a casa… Regresaré a Chicago —fruncí levemente el ceño, encontrándome con sus ojos cristalizándose—. Iré solo por un par de meses.
—¿Qué? ¿Por qué?
—No pude recuperar ninguno de mis empleos, no por la forma en la que me fui. Hemos tratado de conseguir algo, lo que sea, pero las cosas se están poniendo difíciles —una lágrima resbaló por su rostro. Él rápidamente la limpió y sonrió—. Volveré para trabajar en el negocio familiar.
—No —negué, agarrando una de sus manos. Él no tardó en hacerlo y las entrelazó completamente—. No tienes que hacerlo. Sé cuánto detestas la idea de volver… Dylan, tú odiabas esa vida.
—Lo sé —murmuró—. Pero así podré mandar una buena cantidad de dinero. Podrás estar tranquila y seguir viviendo bien hasta que Style consiga algo estable. Tú no te preocupes por nada. Saldremos adelante.
Dylan se sentó cerca de mí, tomando mi cara entre sus manos. Como siempre, sabía lo que pensaba. Él entendía perfectamente que, aunque quisiera, no era capaz de levantarme y seguir. No esta vez.
—Será solo unos meses. Ahorraré lo suficiente como para poder hacer un par de inversiones y, con suerte, abrir mi propio negocio aquí. Ya verás que volveré más pronto de lo que crees.
—Quédate —dije. Extrañamente, su respuesta fue una expresión triste. Solo giró su cabeza hacia Style y habló:
—Prométeme que la cuidarás bien —le dijo—. Enviaré dinero suficiente. No les faltará nada.
—No te preocupes. La cuidaré con mi vida —respondió—. Ahora estamos juntos en esto.
—Si algo le sucede… —Style lo interrumpió.
—Yo soy el que debería tener cuidado —dijo mirándome—. No haré nada que la moleste. Tranquilo.
Dylan soltó una risita para luego mirarme y dejar un beso en mi frente. Se separó al cabo de unos minutos, juntando nuestros rostros, admirando cada uno de los detalles, desde ese precioso lunar, hasta esas largas pestañas. Acarició mi mejilla con su dedo pulgar y susurró un “Adiós” que quebró por completo la poca estabilidad que aún me quedaba.
-⚚-
No recuerdo la última vez que cambié las sábanas, mucho menos la última vez que me di un baño. No tenía hambre, solo sueño. Sin embargo, no podía dormir. Es como si estuviera muerta en vida. Muero a diario y sigo despertando. Incluso si escucho con atención, aún puedo oír el sonido de mi alma rompiéndose, mi mente deteriorándose y mi corazón sollozando.
Amar es peligroso. Yo sé de eso. Esperar amor es otra forma de morirse, sentarse a aguardar un amor que no llegará, que no volverá. Y es que soltamos nuestras manos, pero ¿y nuestros corazones? Jaymus dejó una marca permanente en mí. Una más fuerte que un lazo, más duradera que un recuerdo, más real que una cicatriz. ¿Será posible encontrar un equilibrio entre recordar y extrañar? Anhelo desesperadamente poder oír su voz. Deseo ser capaz de sentir el calor de su piel contra la mía una vez más, aunque sea una última vez. “Es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado.” Una frase impregnada de la más cruel verdad. Cruda y dura realidad. Y es que todo pasa por algo, así que gracias por suceder.
Ardiendo como un perpetuo incendio, como un diluvio torrencial, con esa misma intensidad me golpea el sentimiento de no haber podido despedirme de él, induciéndome en este caótico estado de intranquilidad. Pienso en ello y el pecho me duele, desgarrándome las arterias. Lo he perdido para siempre. No lo volveré a ver. No existe un botón de reinicio. Ni siquiera hay un capítulo siguiente en el que nuestras almas puedan volver a encontrarse. Este es nuestro final. Es un adiós, una despedida incompleta con la que cargaré el resto de mi vida. Soñando. Añorando poder al menos decir un “Hasta luego”. Por lo menos haber sido más honesta con respecto a mis sentimientos. Un “Te amo” está lejos de ser todo eso que aún hoy logras hacerme sentir.