Las estaciones cambiaban, modificando desde el sonido hasta el color de la vida. Una presión en mi pecho se formó al escuchar cómo Style comenzaba a arrastrar una silla hasta estar cerca de mi cama, dedicando unas horas a leerme tal y como Jaymus lo hacía. Entreabrí los ojos, y de nuevo, ahí estaba, sentado frente a mi cama, leyendo. Los cerré de nuevo y dejé salir un suspiro.
—¿Tienes hambre? —susurró, cerrando el libro y dejándolo en su regazo—. ¿Necesitas algo?
No respondí. Aún seguía con los ojos cerrados, creyendo ilusamente que él se tragaba la idea de que aún estaba dormida.
—¿Cómo está él? —murmuré. Pensé en Jaymus por un segundo, recordando aquella vez en que ambos terminaron estrechándose las manos. Dos hombres que fueron indispensables en mi vida. Ahora, sin embargo, no tenía a ninguno.
Style se extrañó al oír mi pregunta. Se levantó de aquella silla y caminó hasta la mesada de la cocina, agarró un montón de papeles y regresó.
—Envía cartas sin falta cada día —le di un vistazo rápido a los sobres—. Todos los días las leo para ti.
Él dejó algunas cartas sobre mi cama, tentándome a tomar una entre mis manos. Acto que sorprendió mucho a Style.
“Déjame contarte algo loco que me pasó aquí. Una mujer me preguntó si me gustaría ser su esposo; a cambio de eso prometió pagarme mucho más dinero del que gano. Llámame loco, pero lo estoy considerando.”
“La vida aquí es demasiado aburrida y monótona, pero me motiva saber que pronto estaremos juntos de nuevo. Style me ha escrito que ayer te sentaste en el borde de la cama para ver a través de la ventana. ¡Estoy tan feliz de saber eso!”
“Anoche me golpeé jugando con mis sobrinos; tu expresión de molestia fue lo primero que vino a mi mente.”
“Te echo mucho de menos. Me gustaría al menos oír tu característico silencio por un momento. Aún no me acostumbro a volver del trabajo y que no estés ahí.”
“Querida Skylar Josephine Amazon, espero que regreses algún día. Sé que es difícil, pero todo lo que se pierde puede volver a encontrarse. Tú te encontrarás. Volverás a ser esa fuerte mujer que tanto admiro. Tendrás la estabilidad para comenzar un nuevo capítulo en tu vida, cambiando todo eso que deseabas cambiar, conservando todo eso que te hace única. Aceptando que no somos capaces de controlar todo a nuestro alrededor. A veces es mejor ser uno mismo y ver a dónde te lleva. No lo sé, es lo que pienso. De todas formas, no importa a dónde nos lleve la vida, siempre estaremos juntos para reírnos de ella.”
Limpié mis lágrimas sintiendo una oleada de culpa, odiándome por no ser lo suficientemente fuerte. He caído sin preocuparme por aquellos a los que arrastro conmigo. No puedo seguir haciéndole esto. Decidí egoístamente darme por vencida en vez de seguir luchando por lo que aún me queda. Ya sé, no es correcto, no está bien minimizar los sentimientos. Tampoco tragarse el dolor, acumularlo dentro de uno mismo, pero en vista de que esto jamás desaparecerá, debo hacer un esfuerzo y dar un paso por todos aquellos que lo dieron por mí.
Las cartas de Dylan, todo lo que estaba haciendo, me incentivó a intentar salir del pozo que había estado cavando desde los cinco años. Abrazando mi soledad. Aceptando mi destino, sea cual sea. La soledad nunca llora porque ella es libre. Se siente feliz de ser todo y a la vez nada. Sin ataduras, sin preocupaciones. La vida se estremece al sentir su presencia, creando prejuicios sin sentido, conceptos con los que no todos estamos de acuerdo. La soledad es parte de la vida. Todos deberíamos aprender a estar solos, porque de un modo u otro, en algún momento nos encontraremos a la deriva, sin brújula ni mapa. Parados en un sendero que solo se puede cruzar de a uno; nadie puede hacerlo contigo. Las personas que siempre se encontraron acompañadas se asustan y no cruzan. Esto les impide ver más allá de lo conocido. No observan el panorama completo. No se arriesgan. No ganan. Dependen de las decisiones y pensamientos de otros para funcionar, se paralizan y no saben qué hacer cuando hay un espacio vacío a su lado, creando un sinfín de soluciones para tapar ese hueco. Uno que solo puede ser llenado por uno mismo.
Al día siguiente desperté. Me levanté de la cama, me di una ducha caliente y me vi al espejo. No puedo mentirme. Este no es el momento en donde quiero estar, pero es parte del proceso. Después de todo, no me queda nada más que soltar. Lloré hasta que los ojos se rompieron, y pensé hasta que mi mente se saturó. Ignoré todo aquello que me causaba angustia y me apresuré a aclarar mi mente. Si iba a salir de este estado anímico depresivo, tenía que hacer algo primero.