El clan de los condenados

Capítulo 41

Todo se ve diferente cuando estás de pie, se siente distinto cuando estás limpio, cuando pones en orden tu mente y tu espacio. Es como volver a nacer. Se percibe de una forma completamente diferente, nuevo, cómodo, extrañamente alentador. Eso me gusta, porque aliento es lo que más necesito en estos momentos. Caminé hasta la puerta de entrada, atrapando la mirada de sorpresa de Style, quien me observaba sumamente confundido por mi repentino cambio de ánimo. Lo cierto es que nada había cambiado; el dolor aún rayaba las paredes de mi cuerpo, amenazando con quebrar mi espíritu si daba algún paso en falso, echando a perder la gota de esperanza que resbala por mis ojos, dejándome en un estado aún peor que el anterior. Aun así, correré el riesgo. Lo hago por ellos, por mí. Por mis padres, por Dylan, por Jaymus.

—Skylar… No puedo creerlo —murmuró sin despegar sus ojos de mí—. Estás de pie. ¿Cómo te sientes?

—Un poco mejor —forcé una sonrisa.

—¿Tienes hambre? —junto ambas manos—. Puedo prepararte lo que quieras.

—No, está bien. Comeré algo en el camino.

—¿A dónde vas? —su pregunta salió tan de repente que hasta él mismo se sorprendió—. Perdóname, no quise sonar entrometido.

—No te preocupes. Entiendo el interés; después de todo estás a cargo de mí —dije—. Pero ahora estoy mejor, así que no tienes que preocuparte tanto por mí.

Style se quedó en silencio un momento. Sus ojos viajaron por todo el sitio. Un pesado suspiro salió de su boca. Se veía cansado. Era una lástima que el azul tan profundo de sus ojos estuviera siendo opacado por esas ojeras rojizas.

—Me preocuparé de todas formas —siguió—. Pero no puedo obligarte a contarme las cosas, así que solo me queda pedirte que te cuides.

—Necesito ir a un lugar —solté, llamando su atención—. Tengo que hacerlo, Style.

—¿No quieres que te acompañe? Solo en caso de que algo suceda... Tal vez sientas que estás mejor, pero no olvides que no sales de algo como esto de un día para otro.

Es cierto, si bien me había convencido de que mi estado había mejorado, aún existe la posibilidad de que algo me desestabilice y me haga recaer otra vez. Tal vez no sea mala idea tener a alguien que pueda ayudarme en el peor de los casos.

—Está bien, puedes venir conmigo —dije y una leve sonrisa se formó en el rostro de Style al oír mi respuesta.

El camino fue más silencioso de lo que pensé. Afortunadamente no de un silencio incómodo del que buscas desesperadamente salir, sino uno un tanto más cómodo, más cálido. Era inevitable no compararlos. Eran tan diferentes que me causaba gracia. El rostro de Style tiene una belleza peculiar. Sus facciones son marcadas, un poco fuertes, pero más que nada delicadas, dándole un aspecto un tanto angelical, desde la forma en que su cabello cae creando ondas oscuras como la misma nada, hasta la forma tan fina de su boca. Era más alto y delgado que Dylan, él tenía una belleza más masculina, más americana.

Al llegar al muelle saboreé la vista. Admiré los colores vivos como si fuera la primera vez. Ambos caminamos hasta la orilla de la playa y nos dejamos caer sobre la arena. Cerré los ojos, agudizando aún más mis sentidos, enamorándome del constante vaivén de las olas, del aroma a comida que hacía rugir a mi estómago. Todo aquello que nos hacía tan felices.

—¿Cómo se llama este lugar? —preguntó con su vista clavada en el agua.

—Brighton.

—Brighton —repitió cerrando los ojos—. Me agrada.

Nuestras interacciones eran cortas. Pienso que el silencio lo adorna mejor que el ruido. No decía nada, pero al mismo tiempo lo decía todo. Algo en él me resultaba extraño, lejanamente familiar; es posible que solo sea la impresión.

—¿Puedo preguntarte algo? —Style asintió en respuesta—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—¿A qué te refieres? —dijo.

—No nos conocemos en lo absoluto y ahora vives en mi casa. No pretendo sonar grosera ni mucho menos ser desagradecida, pero no puedes negar que todo esto es extraño.

Mi respuesta pareció abrumarlo, pues se mantuvo en silencio para después adoptar una expresión neutra, que me resultó difícil de descifrar.

—No lo sé, es extraño. Siento que es aquí donde debo estar, con ustedes, contigo —se tomó un momento y siguió—. Tampoco es como si tuviera un hogar al cual regresar.

—Siento oír eso —le dije, y esbozó una media sonrisa.

—Es algo inevitable, supongo; tener padres no garantiza que recibas amor de ellos. En mi caso, me quedé con las sobras del amor que le daban a mi hermano menor.

—¿Y te enlistaste para alejarte de todo eso?

—No, de hecho, enlistarme fue la forma más rápida de deshacerse de mí —su mirada cansada detallaba cada espacio en el cielo—. Mis padres siempre quisieron un hijo único, solo que yo no soy lo suficientemente bueno. No soy lo que esperaban.

Sentí la indiferencia en sus palabras, como si el dolor ya no formara parte de él, como si hubiese aceptado aquello hace mucho tiempo, quedando solo un mal recuerdo.

—Es su problema, no el tuyo —le dije—. La familia no es más que un concepto mal redactado. Tú eliges a tu familia, no ellos a ti.

—¿Te ha pasado?

—¿Qué cosa?

—La posibilidad de elegir a tu familia.

—Por supuesto —respondí—. Elegí a Dylan y él me eligió a mí. Somos una familia.

—Se nota lo mucho que te ama —me miró apoyando ambas manos detrás de él, llevando su cabeza hacia arriba—. Siempre envía cartas donde me amenaza de muerte si llegara a hacerte daño.

—Siempre fue así, demasiado sobreprotector —reí—. Aun así, no hay nada que no haría por él.

La brisa nos arropó en aquel paraíso nublado. Propuse ir al muelle y Style, sin pensarlo dos veces, se levantó; ambos caminamos hasta pisar aquella madera tan familiar. Suspire recordando el último recuerdo que tenía de ese lugar, intentando mantener la calma mientras Style apoyaba ambos brazos en aquel barandal blanco.




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