¿Cuán fuerte debe ser el amor para que perdure generaciones? Mi abuela una vez me dijo: “La costumbre es más fuerte que el amor.” Entonces, ¿cómo distinguimos cuándo se trata de costumbre y cuándo es amor? En realidad, es solo una delgada línea entre lo que se ha hecho y lo que se quiere hacer. ¿Es posible amar a alguien solo porque alguna vez lo hiciste? Lo más seguro es que ni siquiera puedas reconocerlo, traspapelando el presente con el pasado, confundiendo así todo lo que realmente importa, tus verdaderos sentimientos.
Es curioso cómo, desde aquel día en el muelle, nos conectamos a niveles que ninguno de los dos esperaba, siendo más parecidos de lo que uno creería. Compartiendo intereses y actitudes que resultaban sencillos de comprender sin necesidad de indagar más de lo necesario. Era como pararse frente a otra versión del mismo espejo. Pensé en los momentos que habíamos tenido últimamente. Es extraño cómo sus ojos parecen esconder un recuerdo, la cicatriz de una herida que yo había presenciado, el fragmento de un amor que yo había sentido. Todo eso me revolvía el estómago, llenándolo de preguntas, dudas, hipótesis vagamente organizadas que construía solo con la voz de mi conciencia, que alimentaba mi curiosidad cada vez más. Agaché la cabeza al ver de reojo, en la mesa de la cocina, otra nota escrita por Style. Todo lo que había dicho era completamente cierto: “Si no puedo decirlo, voy a escribirlo.” Ha dejado notas, poemas, cartas y hasta cuentos desparramados por toda la casa. Eso me agradaba. Me gustaba todo lo que escribía. Lo hacía con tanta pasión, con cierto toque, convirtiendo cada pedazo de papel en algo puramente original.
“La ausencia jamás se entristece. No recuerda nada que pueda llegar a extrañar.”
Sonreí para mí misma, doblando cuidadosamente sus extremos y guardarla en una caja donde almacenaba todo lo que iba encontrando con regularidad, junto con las cartas que envía Dylan.
Dylan.
La sensación de vacío se hace presente de vez en cuando. Últimamente más que antes, pero ahora es diferente. No es como la que siento diariamente gracias a Jaymus. Es algo que solo un polo opuesto puede llenar. El opuesto complementario que había estado incluso cuando intenté alejarlo de todas las maneras posibles.
El sonido de la puerta abriéndose se escuchó detrás de mí, arrastrando el profundo suspiro que salía de la boca de Style. De mala gana dejó su maletín en la mesa mientras se desajustaba la corbata, luciendo enormemente frustrado. Eso solo significaba una cosa, otra entrevista de trabajo rechazada.
—¿Qué sucede? —pregunté.
—Es imposible. Jamás me darán un trabajo en Londres —respondió, cubriéndose los ojos mientras llevaba la cabeza hacia atrás—. Tendré que averiguar otra forma de conseguir dinero.
—Cuéntame qué sucedió.
—No sé cómo, pero mi padre sabe que regresé de Alemania —dijo—. Habló con todos sus contactos para hacerme la vida imposible. Él tiene mucha influencia. No me contratarán por miedo a tener que enfrentarse a él.
Un pensamiento voló lejos de su cabeza, obligándome a seguirlo. Desde aquel día en Berlín, había descubierto que tenía habilidades sobrenaturales. No solo yo; Style fue el primero en obtenerlas, quien salvó su vida y la de Dylan aquel día, gracias a su super velocidad.
—Ni siquiera en las malditas florerías me reciben por ser un Holloway.
—Podría intentar entrar en la mente de tu padre. Tal vez lo haga cambiar de opinión.
—No. De ninguna manera. Hay rumores de que alguien como nosotros trabaja para él. No me arriesgaré a que te hagan daño, no hasta que aprendas a controlar tus poderes.
Asentí lentamente. Style tenía razón. No he tenido la estabilidad mental suficiente como para indagar en ellos sin terminar sofocándome con mis propios pensamientos… y con los de los demás.
—Tranquilo, encontraremos la forma de resolver esto —le dije. Él asintió con la vista clavada en la mesa de la cocina. Sonrió al no encontrar nada sobre ella, sabía que ya la había leído.
—¿Qué te pareció? —preguntó, obviamente hablaba de la nota.
—Profunda —respondí con un tono de burla. Él blanqueó los ojos—. ¿En serio crees que la ausencia no recuerda nada que pueda llegar a extrañar?
—No puedes extrañar algo que nunca has conocido.
—¿Y si lo conociste y no lo recuerdas? —pregunté. Style abrió la boca para decir algo, pero la cerró al instante. Sus ojos se movían de un lado a otro mientras apretaba los dientes. Finalmente sacó un papel y un bolígrafo de su maletín, escribió algo y me lo alcanzó.
“Hay quienes dicen que la mente olvida muy rápido algo que el cuerpo nunca hará, pero sería tonto poner algo tan terrenal como la carne por encima de algo tan preciado como la mente. Si tu cabeza no lo recuerda, no tendrá ni la mitad del impacto. Es más, no haría la diferencia. No puedes extrañar algo que nunca has conocido. Aún lo sostengo.”
—Mantén a tu mente alejada de todo lo que tu corazón cree que te hará daño —dijo.
Eso me recordó a otra nota que había dejado, sobre la complicidad entre el corazón y la cabeza. ¿Qué pasa en los momentos donde estás mal y no sabes por qué? Pregunté una vez. Sin embargo, Style respondió que todo lo que nos pasa tiene una respuesta dentro de nuestra mente, solo que no podemos recordarla, o que simplemente no queremos hacerlo. Tienden a ser traumas o sucesos a lo largo de nuestra vida que dejaron alguna secuela o asunto pendiente, una reacción involuntaria que desarrollamos en algún momento. Nada que la mente no haya registrado antes. Aunque eso quedará por siempre vigente en nuestro corazón, provocando muchas veces sentimientos o momentos que no podemos explicar con exactitud.
—¿Cuándo comenzaste a escribir? —pregunté.
—Creo que desde los diez años. Comencé enviándole cartas a la chica que me gustaba.
—No puedo creerlo —contesté, él se avergonzó al instante—. Admito que es un buen método para enamorar a una mujer.