El clan de los condenados

Capítulo 43

Cuando desperté, Style ya se había marchado. Nada parecía fuera de lugar hasta que cayó la noche y su ausencia destacaba entre todas las demás cosas. Miré nuevamente el reloj de mi habitación, que marcaba las tres y media de la mañana. Traté de no prestarle mucha atención a este inusual suceso. Style tiene su propia vida; es posible que haya salido con amigos o tal vez conoció a alguien. Apoyé la cabeza en la almohada para comenzar a cerrar los ojos y poder dormir un poco. Seguramente mañana lo encontraría haciendo el desayuno como todos los días.

Un estruendo me hizo abrir los ojos de golpe, acompañado de otros extraños sonidos provenientes de la sala de estar. Sin pensarlo, me levanté y caminé a pasos acelerados hacia el origen del ruido. Crucé ambos brazos al encontrarme con Style, que trataba de arreglar torpemente el desastre que había provocado. Él, al notar mi presencia, sonrió ampliamente, viéndose sumamente feliz, tambaleándose de un lado a otro mientras intentaba mantenerse de pie, sin éxito.

—¿Qué crees que haces?

No respondió; simplemente buscó asiento. Luego sacó un paquete de su espalda y lo dejó en la mesa. No me moví hasta que él hizo un gesto con la cabeza para que me acercara y viera de qué se trataba. Sin entender nada, me acerqué hasta aquel paquete, tomándolo entre mis manos. Style no despegó la mirada de mí ni por un segundo, provocando que me estremeciera debido a la intensidad con la que lo hacía. Sonreí para mí misma al desgarrar el envoltorio y leer “Condenados” en la portada. Miré a Style, que sonreía dulcemente aun manteniendo el contacto visual.

—¿Cómo lo conseguiste? —pregunté—. Solo lanzaron diez de estos ejemplares.

Style guardó silencio, apoyando su codo en la mesa y descansando la cabeza en su mano mientras me observaba, apagando esa sonrisa que no dejaba de aparecer.

—Quiero que dejes de mirarme así y respondas —él se removió en su asiento, apestando a alcohol—. ¿Cómo conseguiste este libro?

—Lo gané —apenas pudo formular.

—¿Qué? —Sin decir nada, metió la mano en su bolsillo, terminando por sacar un papel completamente arrugado. Me lo entregó y pude ver que se trataba de un anuncio. “¿Cuánto alcohol crees que eres capaz de tomar?” “Inscríbete a la competencia anual de Londres.” “El ganador se lleva todo.”

—El segundo premio era el libro que querías —soltó una risa y señaló la hoja—. Menos mal, estuve a nada de entrar en un coma alcohólico.

Me quedé en silencio mientras él seguía tratando de mantenerse quieto. Nunca creí verlo de esta forma, extremadamente ebrio, luchando por mantenerse despierto mientras miraba extrañado sus manos, como si recién se hubiera dado cuenta de su existencia. Una sonrisa se escapó de mi boca al pensar en lo que había hecho. La imagen de él sentado en una competencia clandestina, en el medio de la nada, bebiendo únicamente alcohol me causaba demasiada gracia, más de la que debería. ¿Por qué se había tomado tantas molestias?

—Eres muy hermosa, ¿lo sabías? —soltó—. Hermosa como una rosa.

Negué divertida para luego acercarme y agarrar uno de sus brazos. Reuní fuerzas y cargué su peso en mí, incitándolo a que caminara hasta las escaleras.

—¿Te gustó el libro? —preguntó cerca de mi rostro. Entrecerré los ojos al sentir el fuerte aroma a güisqui—. ¿Ya lo terminaste?

—Mañana hablaremos —dije, y él se detuvo.

—¿Hice algo malo? —me apresuré a negar con la cabeza—. ¿Estás enojada porque tiré el jarrón de la cocina? Perdóname, él me insultó primero.

—No, no estoy molesta. Solo estoy cansada.

Al oír eso, Style se apartó de mí y corrió hasta su habitación. Cuando llegué, él ya estaba acostado, mirándome con preocupación en los ojos.

—No quise despertarte. Mi idea era entrar como un ninja —confesó haciendo una extraña pose—. Ahora te dejaré tranquila.

Dicho eso, apoyó la cabeza sobre su almohada y, como si nada, se sumió en el más profundo de los sueños. Sonreí al verlo dormir como un niño pequeño en aquella cama, todavía vestido. Aún con zapatos. Con cuidado me acerqué hasta él, dejando un beso en su frente y susurrando un “Gracias” que seguramente no oyó. Una idea cruzó por mi cabeza; saqué un bolígrafo y un papel de su escritorio y me apresuré a dejar una nota en aquella mesa de noche color gris opaco.

Ψ

Preparaba la cena cuando sentí unos pasos bajar por la escalera. Al fin despertó. Giré encontrándome con un Style un poco adormilado, rascándose la cabeza, bostezando hasta llegar a mi lado con la nota en su mano derecha. Eso me hizo voltear, escondiendo mi sonrisa.

—¿Lo dices en serio? —preguntó.

—¿De qué hablas?

—De la nota.

No me moví, ni siquiera lo miré, no hasta que comenzó a leerla.

—“Nosotros elegimos a nuestra familia, ¿recuerdas? En ese caso, yo te elijo a ti, Style. Quiero que seas parte de mi familia, así que espero que tú también me elijas” —citó.

Imitando sus costumbres, me limité a quedarme en silencio, provocando que él chasqueara la lengua y se acercara más a mí.

—Dímelo, por favor.

—¿Por qué fuiste a esa competencia? —pregunté, ignorándolo. Style sonrió con la vista en otro lugar.

—Creo que es obvio —dijo—. Quería hacer algo que te hiciera feliz.

Sonreí satisfecha. Para mí, aquello significaba el universo entero. No era el regalo en sí, sino la intención de hacerme feliz. Lo que él no sabía era que ya lo conseguía: me daba algo más valioso que un libro. Style me entregaba una parte de sí mismo cada día, a través de palabras que nacían desde lo más profundo de su ser.

—¿Podrías responderme? —insistió—. ¿En serio sientes lo que escribiste?

—¿Alguna vez has escrito algo que no sentías?

Style se quedó en silencio. Ahí obtuvo su respuesta. Sus ojos se llenaron de un brillo indescriptible, capturando toda mi atención. Sonriendo sin poder esconderlo, sintiéndose orgulloso, no solo de sí mismo, también de nosotros, de nuestra familia.




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