El clan de los condenados

Capítulo 49

Huir nunca había sido una opción, al menos no hasta ahora. La carrera contra el reloj había comenzado, y el destino había limitado mis movimientos a solo uno. Sé bien que escapar de los problemas no es exactamente una salida, pero esta vez la desesperación me orilló a tomar decisiones impulsivas por miedo a caer en la vida que ya se había decidido para mí. ¿Podré huir de todo aquello que alguna vez fue parte de mí? Hay demonios de los que simplemente no podemos escapar. Están atados a nosotros, a nuestro pasado, a todo eso que genera malestar y nos produce un sentimiento en el pecho que junta la nostalgia con el dolor.

No reconozco mis demonios.

Descansé la cabeza sobre el reluciente cristal del avión. Y como de costumbre, fue imposible no atacarme de dudas sobre si había sido una buena decisión dejar mi hogar para correr detrás de un sueño. Aun si me costara el amor de mi familia. Cualquier tipo de pensamiento como ese se borró en el instante en que puse un pie en Barcelona. Fui cautivada por cada rincón de este mágico lugar. Los colores, la música, las personas… todo era tan diferente que parecía estar en otro mundo.

El viaje en taxi fue bastante corto; en menos de veinte minutos ya me encontraba afuera de una enorme casa que había conseguido gracias a unos contactos de mi abuela. Una de sus viejas amigas era la propietaria. Crucé la entrada, encontrándome con un espacio dividido en dos lados. La ventana estaba abierta y se podían oír las voces de personas comiendo en el restaurante del frente.

—¿Hola? —preguntó, abriendo la puerta detrás de mí—. ¿Quién eres?

—Discúlpame, creí que no había nadie —dejé las maletas en el suelo y la saludé cordialmente—. Mi nombre es Minakuri.

Era de baja estatura, delgada, y estaba segura de que no tenía más de veintidós años.

—¡Claro! —comentó chasqueando los dedos. Su amplia sonrisa me tranquilizó—. Me dijeron que vendrías. Soy Pamela, es un gusto conocerte.

De repente, volteó su cuerpo hacia otro lado, señalando el espacio claramente sin usar.

—Sé que no es mucho, pero créeme que llegas a acostumbrarte.

—Es perfecto —respondí al instante—. Gracias.

Pamela sonrió bastante satisfecha.

—Te traeré sábanas limpias.

Acomodé lo más que pude, haciendo mucho con lo poco que había traído de mi hogar, viendo con cierta felicidad cómo estaban quedando mis cosas en ese lugar. Ella tenía razón, no era perfecto. Pero me hacía sentir una felicidad indescriptible.

—Iré a un restaurante con algunos amigos, ¿quieres venir? —murmuró mientras se delineaba los labios—. Te presentaré a todos.

—Me encantaría, pero estoy muy cansada. Han sido unos días algo pesados.

—Entiendo.

—Gracias por invitarme.

—No te preocupes, tendremos mucho tiempo para conocernos bien.

Luego de eso, terminó de arreglarse y salió.

Hacía calor, y el ventilador solo empujaba el aire caliente de un rincón a otro. Había logrado quedarme dormida después de dar varias vueltas en la cama, envuelta en una de esas incomodidades emocionales que no tienen forma concreta. Esa sensación de estar y no estar. Como si el cuerpo descansara, pero la mente siguiera dando pasos en falso.

De pronto, risas. Una puerta que se abre. Voces que no pertenecen a la casa. Me incorporé como pude, confundida, con el cabello pegado a la frente. Me froté los ojos y miré hacia la luz tenue que venía del pasillo. Pamela. Escuché su voz junto con la de otras personas.

—No hagan ruido, ella debe estar durmiendo —se quejó.

Demasiado tarde. La puerta del cuarto se entreabrió, y Pamela se asomó.

—Ay, ¿te despertamos? Lo siento…Solo veníamos a buscar algo.

Detrás de ella apareció una chica de pelo corto y sonrisa torcida, luego otro chico, de aura amable, de esos que inspiran confianza sin esfuerzo.

—Artie —Pamela lo golpeó en el hombro—. No puedes entrar al dormitorio de una mujer que podría estar desnuda.

El chico se tapó el rostro completamente avergonzado, mientras que ella y su amiga no paraban de reírse.

—Perdóname, entré sin pensar —me dijo. Yo sonreí tranquilizándolo.

—No te preocupes, no me molesta que estés aquí.

—¿Dónde están mis modales? Soy Arturo y...

Y entonces, entró él. La forma en como caminó hacia el interior de la habitación fue distinta a los otros. No tenía apuro. Ni culpa. Con una camisa negra medio abierta, mirada oscura, y una calma que rozaba lo inquietante. Tenía los ojos oscuros, no en color, hablo de profundidad. Como si detrás de esa mirada hubiera demasiadas cosas guardadas. Y lo peor es que no parecía querer esconderlas. Él no dijo nada, solo me miró. Y en ese instante, dejé de escuchar lo que los demás decían, todo se volvió borroso. De hecho, me di cuenta de que había otro chico cuando el habló cerca de mi oído.

—¿Dormías? —preguntó con sarcasmo, ganándose una sonrisa avergonzada de mi parte.

—¿Quieres algo de beber? —agregó la mujer, con una media sonrisa apenas perceptible.

—No me hace muy bien el alcohol —me salió decir, sin saber por qué.

—Eso es porque no bebes como frecuencia.

—Tienes ojos tristes. No duermes bien, ¿Verdad? —dijo ignorando las palabras de su amigo. Su voz era baja, grave, como si hablara siempre al oído, incluso si estuviera a metros de ti. Yo asentí, pero no fui capaz de decir nada…

Y se fue. Así, como si nada. Como si no acabara de dejarme el alma agitada, como si no acabara de revolver mi pasado con una sola frase. Horas después, aún no podía dormir, tenía el corazón acelerado, la mente seguía corriendo. No fue una frase dulce, ni un halago. Fue solo una observación. Y parecía como si me hubiese observado y me hubiera dicho exactamente lo que yo misma no me había atrevido a decir en voz alta.

Al día siguiente desperté más temprano de lo habitual. Abrí la ventana, respiré aire fresco, y por un instante el vino a mi mente. Aquella insignificante frase, los sentimientos que emergieron tras ver sus ojos. Sin invadirme, pero sin pedir permiso. Debo admitir que pasé todo el día con esa sensación en el pecho, y cuando llegó la noche, Pamela regresó con el mismo grupo. Esta vez me invitó, dudé, a veces podía ser un poco tímida, pero terminé aceptando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.