“No todos los deseos valen lo mismo.”
Se clasifican así:
Deseos de huida — livianos, se quiebran pronto
Deseos de poder — densos, ruidosos
Deseos de amor — inestables, resonantes
Deseos de redención — peligrosos incluso para el comerciante
Advertencia:
“Nunca subestimes un deseo que no se dice en voz alta.”
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El deseo es el peso real del alma.
Un alma sin deseo es liviana,
difícil de sostener, fácil de romper.
Los deseos se miden por resonancia, no por intención.
“Un comerciante sabio teme más a la redención
que a la venganza.”
Porque redimir implica cambiar.