“El contrato no se escribe.
Se siente.”
La primera firma fue:
Desde entonces, todos los contratos repiten ese eco.
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La primera firma no fue un acto,
fue una sensación.
El mortal sintió que algo lo observaba
sin juzgarlo.
Eso fue suficiente.
El contrato ocurre cuando el alma:
Desde entonces, todo contrato repite ese patrón:
un momento de lucidez
seguido de una decisión irreversible.