A mí me enamoró de Luz su forma de ser; iluminaba mi día con solo verla. Pero, estimado lector, no quiero que piense que todos mis días eran color de rosa. Había jornadas muy grises, días que bordeaban la oscuridad, pero ahí estaba mi "bobita" para alegrarme con un "te amo", con su cercanía, o con una invitación a ver una serie, videos en YouTube, leer o escuchar música de esos cantantes que a ambos nos fascinan. Nos consentíamos con mimos y películas; ella me hacía feliz entonces y me hace feliz hoy. Y cuando ella era la que atravesaba días oscuros, ahí estaba yo para escucharla. Aunque no le gustaba que la viera llorar, yo intentaba consolarla, recordándole que para eso estamos las parejas: para sostener al otro en la tormenta.
Mientras más la conocía, más la amaba. Estaba loco porque llegara el día de formalizar lo nuestro. Así que le pedí ayuda a mi tía para ir a comprar la decoración. Compré globos en forma de corazón con la frase "Te amo" —muchos, en verdad—, memoricé uno de sus poemas para recitárselo, y busqué unos adornos de enredaderas con flores que solo se encuentran en las tiendas chinas de mi ciudad. Compré juegos de luces que, entre tanto nerviosismo, ¡se me olvidó poner! jajajaja 🤣. Estaba muy nervioso, y aunque en el fondo sabía que me diría que sí, la emoción me sobrepasaba. Quería que todo fuera perfecto. Escribí un poema especial porque ese día, además del gran paso, cumplíamos un nuevo mes de habernos conocido. No lo sabía entonces, pero ese sería el mejor día de lo que llevo de vida.
El gran día llegó un viernes 16 de enero. Me desperté temprano, con el corazón acelerado. No aguanté las ganas de decirle todo apenas amaneció, y con un "buenos días", le mostré el rincón de mi casa que había decorado especialmente para ella. Vi la felicidad pura en sus ojos. En la intimidad de mi habitación, me atreví a lanzarle la pregunta que sabía que ella anhelaba escuchar del hombre que ama: "¿Quieres que seamos un nosotros?".
Dijo que sí. Ese fue el día más feliz de mi vida. En ese instante, confirmé lo que sigo creyendo al 100%: Dios me la envió para que yo conociera el amor puro y sano. Ella también tenía un poema para mí, me lo leyó y me lo regaló. En medio de ese ambiente tan romántico, la felicidad me desbordó y las ganas de besarla me ganaron. Entiéndame, lector: estaba radiante. Desde ese momento, en mis contactos de teléfono, su nombre brilla como "Mi novia hermosa 😍😘".
La Biología del Vínculo Seguro: Por qué el 16 de enero me cambió.
Ese día no solo fue una fecha en el calendario; fue una reparación biológica de mi capacidad de amar:
• La Consolidación del Apego Seguro: Al crear un espacio físico (la decoración) y un compromiso verbal ("el nosotros"), mi cerebro terminó de soltar el estado de "supervivencia". La seguridad de saber que Luz es mi novia oficial permitió que mi sistema nervioso se anclara en la calma.
• El Poder del Ritual: Los rituales (como la pedida de pololeo) son fundamentales para la salud mental. Ayudan al cerebro a marcar un "antes" y un "después". Ese 16 de enero fue la frontera definitiva entre mi soledad herida y mi compañía sanadora.
• La Reciprocidad Poética: Que ambos nos regaláramos poemas demuestra una sintonía neuronal profunda. Cuando dos personas crean arte juntas o para el otro, sus cerebros entran en una frecuencia de armonía que fortalece la lealtad y el entendimiento.
Reflexión de Coherencia.
Aquel viernes aprendí que Dios no solo restaura lo que el enemigo quitó, sino que lo multiplica con creces. Pasar de la humillación en un living en Colombia a la ternura de una habitación llena de globos en Chile fue mi mayor testimonio de fe. La coherencia me llevó a poner límites, pero también me preparó para abrir el corazón de par en par sin miedo a ser destruido.
Como dice Cantares 8:7: "Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos".
El pasado intentó ahogarme, pero el amor de Dios —reflejado en mi bobita— me enseñó a nadar hacia la orilla de la felicidad.