El Código Secreto De Las Horas

CAPÍTULO IV: Luces sobre la Alhambra y el refugio cercano

Para completar aquellos días de ensueño en Granada, Alex quiso regalarle una vivencia que pareciera sacada de una novela. Planearon una cita por el centro de la ciudad, un paseo donde pudieran caminar juntos de la mano, como cualquier pareja enamorada, sin el temor constante de encontrarse con compañeros del peaje.

Para no dejar desatendida a su hermana menor si surgía cualquier imprevisto en la casa durante la noche, Alex reservó una habitación en un hermoso y acogedor hotel boutique situado a solo unos minutos del domicilio de Maribel. Aquella decisión le dio a ella la tranquilidad necesaria para entregarse por completo al momento.

—«Así estamos cerquita por si mi hermana me necesita o pasa algo en casa, mi vida… gracias por pensar en todo», le dijo Maribel, regalándole una mirada llena de gratitud mientras dejaban el equipaje en la habitación.

Salieron a recorrer las calles históricas de Granada. Se tomaron de la mano al pasear por el Albaicín y se detuvieron a contemplar la Alhambra iluminada bajo el cielo nocturno. Risas compartidas, miradas cómplices y abrazos espontáneos bordearon la velada. Maribel irradiaba una felicidad pura, libre de las cadenas del trabajo y de su rutina sofocante.

Más tarde, disfrutaron de una cena romántica en un pequeño restaurante con encanto. Brindaron por ellos, por la audacia de quererse y por la magia de haber coincidido en la vida. Al regresar al hotel, la atmósfera íntima de la habitación reavivó la llama de su deseo. Aquella noche no solo compartieron una pasión desgarradora, sino que consolidaron un lazo afectivo indestructible. Comprendieron que lo suyo no era un simple desliz de carretera; era un amor profundo que echaba raíces en lo más hondo de sus vidas.




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