El Código Secreto De Las Horas

CAPÍTULO VI: La trampa de la tranquilidad y la felicidad

Tras la llegada del bebé y la posterior operación de vesícula que la dejó sometida a una estricta dieta de caldos de pollo sin sal, Maribel regresó a la rutina del peaje.

Los encuentros furtivos en el Data Center de la vía —donde Alex acudía con la excusa de revisar el lector biométrico o las cámaras— se volvieron momentos de luz en medio de la penumbra. Él le llevaba flores amarillas y un mosaico de fotos escondido, intentando devolverle la sonrisa y recordando aquellos hermosos días que habían pasado juntos en Granada.

Pero la mente de Maribel no dejaba de filosofar sobre su realidad:

—«El complemento perfecto se va construyendo día tras día», escribió ella en una larga reflexión nocturna. «A veces confundimos la felicidad con la tranquilidad. La tranquilidad es importante, pero la felicidad es una emoción que te llena de energía y te impulsa a cometer locuras… Tener al lado a alguien que te dé los dos complementos es genial. Pero a veces te cuestionas si lo que haces es lo correcto».

Alex intentaba derribar sus miedos con un amor incondicional:

—«Sé que el miedo de seguir con este amor nos va a hacer doler a más de uno, mi vida», le respondía él. «Pero este sentimiento crece día a día y no lo podemos parar. Mientras más nos distanciamos, más grande se hace. No me quiero alejar de ti. Tengo ganas de tenerte siempre, de conocerte una y mil veces, de que el mundo entero se entere de este amor loco».




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