El Coleccionista de Rostros

CAPÍTULO 8 Las Fotografías Antiguas

La desaparición de Tomás Ruiz fue el tema principal en la comisaría durante toda la semana.

No había cuerpo.

No había sangre.

No había señales de lucha.

Solo una fotografía.

Y una palabra.

"Cuatro."

Ramírez comenzaba a odiar aquellos números.

Cada vez que aparecía uno, alguien desaparecía.

Y cada vez que desaparecía alguien, el asesino parecía volverse más audaz.

Lucas recibió la noticia mientras desayunaba.

—¿El hombre de la fábrica desapareció? —preguntó.

Gabriel asintió sin levantar la vista del café.

—Eso dicen.

—Qué casualidad.

El comentario flotó sobre la mesa.

Elena frunció el ceño.

—Lucas...

—Solo digo que es extraño.

—Las desapariciones son extrañas por definición.

—Y algunas personas también.

Gabriel levantó lentamente la mirada.

Durante unos segundos, padre e hijo se observaron en silencio.

Valeria fue la única que pareció no darse cuenta.

Seguía concentrada en su cereal.

Adrián observó la escena desde el otro extremo de la mesa.

Callado.

Como siempre.

Aquella tarde, Lucas decidió entrar al despacho de su padre.

No era algo que hiciera normalmente.

Gabriel era extremadamente territorial con aquella habitación.

Pero estaba cansado de preguntas sin respuesta.

Esperó a que todos salieran.

Luego cerró la puerta detrás de sí.

El despacho olía a papel viejo y madera.

Había estanterías.

Archivadores.

Fotografías familiares.

Trofeos.

Nada fuera de lo común.

Al principio.

Lucas comenzó a revisar cajones.

Carpetas.

Documentos.

Recibos.

Facturas.

Nada.

Entonces encontró una caja.

Escondida detrás de unos libros.

La sacó lentamente.

Y la abrió.

Su corazón dio un vuelco.

Dentro había fotografías antiguas.

Docenas de ellas.

No fotografías de víctimas.

No fotografías extrañas.

Fotografías familiares.

Pero Sofía Navarro aparecía en muchas.

Demasiadas.

Cumpleaños.

Picnics.

Ferias.

Navidades.

Como si hubiera formado parte de la familia.

Lucas pasó una imagen tras otra.

Y entonces encontró algo aún más perturbador.

Una fotografía donde Sofía aparecía junto a Gabriel y Elena.

Los tres abrazados.

Sonriendo.

Como una familia.

—¿Qué demonios...?

—Porque era prácticamente parte de la familia.

Lucas giró bruscamente.

Gabriel estaba de pie en la puerta.

Su expresión era imposible de leer.

—¿Qué significa eso?

—Significa exactamente lo que dije.

Lucas sostuvo la fotografía.

—Me mentiste.

—No.

—Dijiste que apenas la conocías.

Gabriel guardó silencio.

—¿Quién era ella?

El hombre cerró la puerta.

Y por primera vez pareció derrotado.

Viejo.

Cansado.

Como alguien que había cargado un peso demasiado tiempo.

—La madre de Sofía murió cuando ella tenía diez años.

Lucas no dijo nada.

—Y su padre era un alcohólico.

Gabriel tomó asiento.

—Pasaba más tiempo aquí que en su propia casa.

—¿Era amiga de mamá?

—Era amiga de todos.

Lucas observó nuevamente la fotografía.

—Entonces, ¿por qué ocultarlo?

Gabriel bajó la mirada.

—Porque después de su desaparición todo cambió.

—Eso no responde la pregunta.

—Lo sé.

—Entonces responde la correcta.

Gabriel tardó varios segundos.

—Porque la noche que desapareció, yo fui la última persona que la vio.

El silencio fue absoluto.

Lucas sintió un escalofrío.

—¿Qué?

—La dejé en la entrada del pueblo.

—¿Y nunca se lo dijiste a nadie?

—Sí lo dije.

—¿Entonces?

—La policía nunca encontró nada.

Gabriel apretó las manos.

—Y después comenzaron los rumores.

—¿Qué rumores?

—Que yo había tenido algo que ver.

Lucas permaneció inmóvil.

Porque por primera vez entendía parte del miedo de su padre.

Pero también comprendía otra cosa.

Gabriel seguía ocultando algo.

Podía verlo en sus ojos.

Esa misma noche, Ramírez revisaba nuevamente el expediente de Sofía Navarro.

Había leído aquellas páginas tantas veces que casi podía recitarlas de memoria.

Sin embargo, algo llamó su atención.

Un nombre.

Uno que había pasado por alto.

Tomás Ruiz.

El hombre desaparecido de la fábrica.

Su nombre aparecía en un documento antiguo.

No como sospechoso.

No como testigo principal.

Sino como alguien que había sido interrogado brevemente durante la investigación original.

Ramírez se quedó inmóvil.

Luego volvió a leer.

Y otra vez.

Porque aquello significaba que Tomás ya estaba conectado con Sofía Navarro mucho antes de desaparecer.

Y nadie se había dado cuenta.

O alguien había intentado asegurarse de que nadie lo hiciera.

A kilómetros del pueblo, una puerta metálica se cerró.

El sonido resonó en la oscuridad.

Una figura avanzó lentamente por un corredor subterráneo.

En una mano llevaba una linterna.

En la otra, una fotografía recién revelada.

Se detuvo frente a una pared.

La pared estaba cubierta de imágenes.

Decenas.

Quizá cientos.

Rostros congelados en distintos momentos.

Miedo.

Confusión.

Desesperación.

La figura observó la colección durante varios segundos.

Luego colocó la nueva fotografía en un espacio vacío.

Perfectamente alineada con las demás.

Retrocedió.

Contempló el conjunto.

Y permaneció inmóvil.

Como un artista admirando una obra inacabada.

Todavía faltaban piezas.

Todavía faltaban rostros.

Y la cuenta regresiva aún no había terminado.




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