El Coleccionista de Rostros

CAPÍTULO 22 El Lugar Donde Todo Empezó

La lluvia no cesaba.

Golpeaba el techo del automóvil con una insistencia casi hipnótica.

Valeria permanecía inmóvil en el asiento trasero.

Observando la nuca de Adrián.

Intentando comprender cómo aquella persona podía ser el mismo hermano con el que había crecido.

El mismo que desayunaba con ellos.

El mismo que le ayudaba con las tareas cuando era pequeña.

El mismo que sonreía en las fotografías familiares.

Ahora sabía la verdad.

O al menos una parte de ella.

Y esa parte ya era aterradora.

—¿A dónde vamos?

preguntó finalmente.

Adrián tardó varios segundos en responder.

—A casa.

Valeria sintió un escalofrío.

—Esta no es nuestra casa.

—No.

dijo él.

—La otra.

La respuesta no aclaró nada.

Solo hizo que todo pareciera más extraño.

Mientras tanto, Lucas observaba las fotografías de la habitación secreta.

Los agentes seguían entrando y saliendo.

Catalogando pruebas.

Tomando imágenes.

Recogiendo documentos.

Pero Lucas apenas los escuchaba.

Su mirada estaba fija en una pared específica.

Porque allí encontró algo que los demás no habían visto.

Una serie de fotografías colocadas cronológicamente.

Todas mostraban el mismo lugar.

Un lago.

La primera fotografía era de hacía nueve años.

La última tenía apenas unas semanas.

Y en todas aparecía la misma persona.

Sofía Navarro.

Lucas sintió que el corazón se detenía.

Porque las fechas no tenían sentido.

Si Sofía había desaparecido nueve años atrás...

¿Cómo podía aparecer en fotografías recientes?

—Ramírez.

dijo.

El detective se acercó.

Lucas le mostró las imágenes.

Y por primera vez aquella noche, el veterano policía pareció perder completamente la compostura.

—Dios mío...

Porque las fotografías eran reales.

Y porque significaban algo imposible.

O Sofía estaba viva.

O alguien quería desesperadamente que ellos lo creyeran.

A cientos de kilómetros de allí, el automóvil finalmente abandonó la carretera principal.

Tomó un camino estrecho.

Cubierto de barro.

Rodeado por árboles.

Valeria observó por la ventana.

No reconocía el lugar.

Después de varios minutos apareció una construcción.

Una vieja casa.

Solitaria.

Olvidada.

Consumida por el tiempo.

Adrián estacionó.

Apagó el motor.

Y permaneció sentado durante unos segundos.

Como si estuviera reuniendo valor.

Aquello llamó la atención de Valeria.

Porque era la primera vez que parecía inseguro.

La primera.

—Estamos aquí.

dijo finalmente.

Bajó del vehículo.

Valeria lo siguió.

La casa parecía abandonada.

Pero había algo extraño.

Las ventanas estaban limpias.

Demasiado limpias.

Y alguien había reemplazado recientemente varias tablas de madera.

Aquello no estaba abandonado.

Alguien cuidaba aquel lugar.

Adrián abrió la puerta principal.

Y entró.

La oscuridad los envolvió.

Durante varios segundos no ocurrió nada.

Entonces Adrián encendió una lámpara.

La luz reveló una sala sencilla.

Muebles viejos.

Paredes gastadas.

Fotografías.

Muchas fotografías.

Pero no de víctimas.

Fotografías familiares.

Valeria frunció el ceño.

Entonces vio una imagen colgada sobre una pared.

Y sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

Porque en aquella fotografía aparecía Sofía Navarro.

Sonriendo.

Mucho más joven.

Y abrazando a alguien.

Alguien que Valeria reconoció inmediatamente.

Gabriel Mendoza.

—¿Qué es esto?

susurró.

Adrián observó la imagen.

Y durante varios segundos no respondió.

Finalmente dijo:

—La mentira que destruyó todo.

Valeria lo miró.

—No entiendo.

—Lo sé.

Adrián avanzó hacia un pasillo.

—Por eso te traje.

Llegaron hasta una puerta cerrada.

La única puerta cerrada de toda la casa.

Y cuando Adrián colocó la mano sobre el picaporte, algo cambió en su expresión.

Algo que Valeria jamás había visto.

Miedo.

Miedo genuino.

—Nueve años.

murmuró.

Su voz sonó extraña.

Casi quebrada.

—Nueve años esperando este momento.

Giró lentamente el picaporte.

Y abrió la puerta.

Valeria observó el interior.

Y el mundo pareció detenerse.

Porque sentada frente a una ventana.

Mirando la lluvia caer.

Estaba la mujer que todos creían muerta.

Sofía Navarro.

Viva.




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