El Coleccionista de Rostros

CAPÍTULO 23 La Mujer Que Debía Estar Muerta

Valeria no pudo moverse.

Ni respirar.

Ni pensar.

Simplemente observó.

Porque la mujer sentada junto a la ventana era Sofía Navarro.

No había duda.

Los mismos ojos.

El mismo rostro.

Más delgado.

Más pálido.

Más cansado.

Pero era ella.

La mujer cuya desaparición había destruido al pueblo.

La mujer que todos creían muerta.

La mujer que había dado origen a los asesinatos.

Sofía levantó lentamente la mirada.

Sus ojos se encontraron con los de Valeria.

Y durante unos segundos ninguna habló.

Entonces Sofía sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Triste.

—Hola.

dijo.

Valeria sintió que las piernas dejaban de responderle.

—Tú...

La voz se quebró.

—Tú estás viva.

Sofía observó a Adrián.

Luego volvió a mirar a Valeria.

—Sí.

La respuesta fue sencilla.

Natural.

Como si estuvieran hablando del clima.

Y aquello resultó todavía más inquietante.

Porque nadie que hubiera pasado nueve años desaparecida debería sonar tan tranquila.

Nadie.

—Todos creen que estás muerta.

susurró Valeria.

—Lo sé.

respondió Sofía.

—La policía te buscó.

—Lo sé.

—Lucas te buscó.

Los ojos de Sofía cambiaron apenas un instante.

Solo un instante.

—Lo sé.

repitió.

Valeria giró hacia Adrián.

—¿La secuestraste?

El silencio llenó la habitación.

Sofía fue quien respondió.

—No.

La respuesta golpeó a Valeria como una bofetada.

—¿Qué?

—No me secuestró.

Valeria observó a Adrián.

Luego a Sofía.

Luego nuevamente a Adrián.

—Eso no tiene sentido.

—Lo sé.

dijo Sofía.

—Por eso es tan difícil de explicar.

Mientras tanto, en San Jerónimo del Valle, Lucas apenas podía mantenerse quieto.

Las fotografías recientes de Sofía estaban sobre la mesa de evidencias.

Ramírez las había revisado una docena de veces.

Los técnicos también.

Y todos habían llegado a la misma conclusión.

No eran falsas.

No estaban manipuladas.

No eran montajes.

Sofía Navarro aparecía en fotografías tomadas durante los últimos meses.

—Está viva.

murmuró Lucas.

Nadie respondió.

Porque ya no era una teoría.

Era un hecho.

Y si Sofía estaba viva...

Entonces todo lo que creían saber era mentira.

Toda la investigación.

Todos los años.

Todas las muertes.

Todo.

Ramírez se acercó lentamente.

—Hay algo más.

Lucas levantó la vista.

El detective colocó una carpeta sobre la mesa.

—Encontramos esto en la habitación de Adrián.

Lucas abrió el archivo.

Y sintió un escalofrío.

Porque no contenía fotografías.

Contenía dibujos.

Cientos de ellos.

Realizados durante años.

Todos representaban la misma escena.

Una casa.

Un bosque.

Y una mujer llorando.

Siempre la misma mujer.

Sofía Navarro.

Pero eso no era lo peor.

Lo peor era la fecha del primer dibujo.

Nueve años atrás.

Exactamente una semana antes de la desaparición.

—¿Cómo demonios podía saberlo?

susurró Lucas.

Nadie tenía respuesta.

A cientos de kilómetros de distancia, Valeria seguía intentando comprender.

—Si Adrián no te secuestró...

Miró a Sofía.

—Entonces dime una cosa.

La habitación quedó completamente en silencio.

—¿Por qué nunca regresaste?

La sonrisa desapareció del rostro de Sofía.

Por primera vez.

Y algo oscuro apareció en sus ojos.

Algo que parecía dolor.

Muchísimo dolor.

Sofía observó la lluvia detrás de la ventana.

Y durante varios segundos no dijo nada.

Cuando finalmente habló, su voz apenas fue un susurro.

—Porque cuando descubrí la verdad...

Se detuvo.

Como si incluso pronunciar aquellas palabras resultara difícil.

—...ya no podía volver.

Valeria sintió un nudo en el estómago.

Porque aquella respuesta generaba más preguntas que respuestas.

—¿Qué verdad?

Sofía cerró los ojos.

Y por primera vez desde que apareció, pareció realmente asustada.

No de Adrián.

No de la policía.

No del pasado.

De la verdad misma.

Entonces abrió lentamente los ojos.

Y pronunció una frase que cambiaría todo.

—La verdad sobre Gabriel Mendoza.

En ese instante, a cientos de kilómetros de distancia, Gabriel despertó sobresaltado en mitad de la noche.

Empapado en sudor.

Respirando con dificultad.

Porque acababa de tener el mismo sueño que llevaba persiguiéndolo durante nueve años.

El mismo bosque.

La misma lluvia.

La misma noche.

Y la misma pregunta.

La pregunta que jamás había podido responder.

¿Qué ocurrió realmente aquella noche con Sofía Navarro?




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