El Coleccionista de Rostros

CAPÍTULO 27 Los Negativos

La lluvia seguía cayendo sobre el Bosque del Norte.

Nadie hablaba.

Nadie se movía.

Todos observaban la cámara cubierta de barro.

La cámara que había permanecido enterrada durante nueve años.

La cámara que llevaba grabado un nombre.

Adrián Mendoza.

Lucas sintió que el corazón golpeaba con fuerza.

—Llévenla al laboratorio.

dijo Ramírez.

Uno de los técnicos tomó la evidencia cuidadosamente.

—Si el interior sobrevivió, quizás podamos recuperar algo.

Quizás.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Porque todos sabían que nueve años eran demasiado tiempo.

Demasiado.

Y aun así...

Lucas no podía dejar de pensar que aquella cámara seguía allí por una razón.

Como si alguien hubiera querido que finalmente la encontraran.

Mientras tanto, en la vieja casa, Sofía sostenía la otra cámara entre las manos.

La habitación estaba en silencio.

Valeria observaba el aparato.

Parecía antiguo.

Pero también parecía importante.

Muy importante.

—¿Qué fotografías hay dentro?

preguntó.

Sofía tardó en responder.

—Las primeras.

—¿Las primeras qué?

—Las primeras fotografías que tomó Adrián.

Valeria sintió un escalofrío.

Porque ya conocía la obsesión de su hermano.

Y la idea de las primeras fotografías resultaba inquietante.

—¿Víctimas?

preguntó.

Sofía negó lentamente.

—No.

Silencio.

—Entonces, ¿qué fotografiaba?

La expresión de Sofía se volvió extraña.

Triste.

Culpable.

—La verdad.

A cientos de kilómetros de allí, Gabriel permanecía sentado en la oscuridad.

La fotografía seguía sobre el escritorio.

La imagen de los tres amigos.

La imagen de una época que jamás volvería.

Y entonces escuchó algo.

Un golpe.

Proveniente de la puerta principal.

Gabriel levantó la cabeza.

Otro golpe.

Luego otro.

Lento.

Constante.

Como alguien que sabía exactamente que él estaba dentro.

Gabriel se levantó.

Caminó hacia la entrada.

Y abrió.

No había nadie.

Solo una caja.

Pequeña.

Envuelta en papel marrón.

Su corazón comenzó a acelerarse.

Porque ya había recibido algo parecido años atrás.

Una sola vez.

Y aquella vez alguien murió.

Temblando, abrió el paquete.

Dentro encontró una fotografía.

Nada más.

Una única fotografía.

Y cuando la vio sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Porque mostraba una tumba.

Una tumba improvisada.

En medio del bosque.

Y junto a ella aparecían tres personas.

Gabriel.

Sofía.

Y Esteban.

La fecha impresa en la esquina inferior era clara.

Un día antes de la desaparición.

—No...

susurró.

Pero aquello no era lo peor.

Lo peor estaba escrito detrás.

Con la letra impecable de Adrián.

Una sola frase.

"Yo también estaba allí."

En la vieja casa, Sofía finalmente abrió el compartimento trasero de la cámara.

Extrajo un pequeño sobre plástico.

Protegido del tiempo.

Protegido de la humedad.

Protegido durante nueve años.

Valeria observó cómo colocaba el contenido sobre la mesa.

Negativos fotográficos.

Decenas de ellos.

—¿Qué muestran?

preguntó.

Sofía respiró profundamente.

Y por primera vez pareció verdaderamente nerviosa.

—Lo que ocurrió antes de la muerte de Esteban.

Valeria sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.

Porque aquella era la respuesta que todos buscaban.

La respuesta que había provocado asesinatos.

Desapariciones.

Nueve años de mentiras.

Sofía tomó uno de los negativos.

Lo acercó a la lámpara.

Y cerró los ojos.

Como si incluso después de tantos años le costara mirarlo.

—Cuando veas estas imágenes...

dijo.

—Comprenderás que Adrián no comenzó aquella noche.

Valeria frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Sofía levantó lentamente la mirada.

Y pronunció unas palabras que helaron la habitación.

—Significa que alguien empezó a destruirlo mucho antes.

Muy lejos de allí, en el laboratorio forense, un técnico logró abrir la cámara encontrada junto al cadáver.

Ramírez y Lucas observaban desde el otro lado del cristal.

El hombre revisó cuidadosamente el interior.

Y entonces se quedó inmóvil.

Completamente inmóvil.

—¿Qué ocurre?

preguntó Ramírez.

El técnico levantó lentamente la vista.

Pálido.

Incapaz de ocultar la sorpresa.

—Hay película dentro.

Lucas sintió que el corazón se detenía.

Después de nueve años.

Después de la lluvia.

Después del barro.

Después de una década enterrada.

La cámara todavía conservaba imágenes.

Y por primera vez...

la verdad estaba a punto de revelarse.




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