El Coleccionista de Rostros

CAPÍTULO 29 La Sangre

Nadie habló.

Durante varios segundos.

Nadie respiró.

La frase de Sofía permaneció suspendida en el aire.

"Él ya estaba cubierto de sangre."

Valeria sintió que el corazón golpeaba contra sus costillas.

Lentamente giró hacia Adrián.

Por primera vez desde que descubrió la habitación de los rostros.

Por primera vez desde que supo la verdad.

Parecía diferente.

Más humano.

Más cansado.

Como si aquella frase hubiera abierto una herida que jamás terminó de cerrar.

—¿Qué sangre?

preguntó.

Nadie respondió.

—¿De quién era?

El silencio se hizo insoportable.

Entonces Adrián habló.

—No importa.

—Claro que importa.

gritó Valeria.

La reacción sorprendió incluso a ella.

—Todo esto importa.

Las víctimas importan.

Sofía importa.

Esteban importa.

¡Todo importa!

Adrián bajó lentamente la mirada.

Y durante unos segundos pareció mucho más joven.

Mucho más vulnerable.

—Si supieras lo que vi aquella noche...

murmuró.

—No dirías eso.

Mientras tanto, en el laboratorio, la recuperación de las fotografías continuaba.

Las imágenes aparecían lentamente.

Una tras otra.

Fragmentos congelados de una noche que había permanecido enterrada durante nueve años.

Ramírez observaba en silencio.

Lucas apenas parpadeaba.

Y entonces apareció una nueva fotografía.

Todos quedaron inmóviles.

Porque mostraba algo inesperado.

Una camioneta.

Negra.

Estacionada cerca del bosque.

Las puertas abiertas.

Y sobre uno de los laterales podía verse claramente un logotipo.

Ramírez sintió un escalofrío.

Reconocía aquel símbolo.

Lo había visto antes.

Muy recientemente.

—No puede ser...

susurró.

Lucas lo observó.

—¿Qué ocurre?

Ramírez acercó la imagen.

Y el color desapareció de su rostro.

—Esa camioneta pertenece al ayuntamiento.

El silencio explotó dentro de la sala.

Porque aquello significaba algo terrible.

Alguien del gobierno local estaba relacionado con los hechos.

O lo estuvo.

Nueve años atrás.

En la vieja casa, Sofía caminó lentamente hacia una vieja cómoda.

Abrió un cajón.

Sacó un cuaderno.

Muy gastado.

Cubierto de polvo.

Valeria observó cómo lo sostenía.

Como si pesara toneladas.

—¿Qué es eso?

—Mi diario.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿De aquella época?

Sofía asintió.

—Lo escribí durante los meses anteriores a la desaparición.

La habitación quedó en silencio.

Porque aquello era más valioso que cualquier fotografía.

Más valioso que cualquier prueba.

Era un testimonio.

Una ventana directa al pasado.

Sofía abrió lentamente una página.

Y comenzó a leer.

Su voz era apenas un susurro.

—"Hoy Esteban volvió a hablar de las excavaciones."

Pasó una página.

—"Dice que alguien está ocultando algo en el bosque."

Otra página.

—"Gabriel cree que deberíamos alejarnos."

Otra.

—"Creo que alguien nos está observando."

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Observando?

Sofía asintió.

—Al principio creí que estaba paranoica.

Levantó lentamente la vista.

Y miró a Adrián.

—Después descubrí que no lo estaba.

A cientos de kilómetros de allí, Gabriel seguía observando la fotografía que había llegado a su puerta.

La nota.

La tumba.

La amenaza.

Todo señalaba lo mismo.

Alguien quería que hablara.

Después de nueve años.

Alguien quería que dijera la verdad.

Finalmente se levantó.

Caminó hacia una estantería.

Y retiró varios libros.

Detrás de ellos había una pequeña caja fuerte empotrada en la pared.

Introdujo una combinación.

La puerta se abrió.

Dentro había una grabadora.

Antigua.

Y una cinta de audio.

La última copia existente.

Gabriel la observó durante varios segundos.

Porque sabía exactamente lo que contenía.

La grabación de aquella noche.

La única grabación.

La prueba que jamás entregó a la policía.

La prueba que podría destruirlo todo.

O explicarlo todo.

En la vieja casa, Sofía pasó lentamente la última página del diario.

Y entonces encontró algo.

Una hoja doblada.

Oculta entre las páginas.

Su expresión cambió inmediatamente.

Porque no recordaba haberla guardado allí.

Desplegó el papel.

Y sintió que el corazón se detenía.

Era una fotografía.

Una fotografía que jamás había visto.

Tomada aquella misma noche.

Mostraba el claro del bosque.

La fosa.

La camioneta.

Esteban.

Gabriel.

Ella misma.

Y algo más.

Algo que hizo que sus manos comenzaran a temblar.

Porque detrás de todos ellos.

Parado entre los árboles.

Había un hombre.

Observándolos.

Sonriendo.

El mismo hombre de la vieja fotografía.

Esteban.

Gabriel.

Sofía.

Y el desconocido.

El hombre que supuestamente había desaparecido años antes.

El hombre que había destruido sus vidas.

Y en la parte inferior de la fotografía alguien había escrito una frase con tinta negra.

Una frase que ninguno de ellos esperaba leer.

"Nunca encontraron el cuerpo correcto."




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