El Coleccionista de Rostros

CAPÍTULO 31 La Segunda Tumba

El silencio cayó sobre la habitación.

Valeria observó a Sofía.

Luego a Adrián.

Luego volvió a mirar a Sofía.

—¿La segunda tumba?

Su voz apenas fue un susurro.

Sofía cerró lentamente los ojos.

Como si aquella frase hubiera abierto una herida que jamás terminó de sanar.

—Nunca debimos encontrarla.

—¿Qué había dentro?

La mujer tardó varios segundos en responder.

—Eso es lo peor.

Abrió los ojos.

—Nunca lo supimos.

La lluvia golpeó las ventanas.

Adrián permanecía inmóvil.

Pero Valeria notó algo extraño.

Sus manos estaban tensas.

Era la primera vez que parecía incómodo hablando del pasado.

La primera.

—Explíquenme.

dijo.

—Porque ya no entiendo nada.

Sofía asintió lentamente.

—Aquella noche encontramos dos fosas.

El corazón de Valeria comenzó a acelerarse.

—¿Dos?

—Sí.

—¿Y qué había en la primera?

—Nada.

El silencio llenó la habitación.

—¿Nada?

—Había sido abierta antes de que llegáramos.

Valeria frunció el ceño.

—Entonces, ¿por qué era importante?

Sofía tragó saliva.

—Porque alguien intentó ocultarla.

Mientras tanto, en San Jerónimo del Valle, Lucas seguía observando las fotografías recuperadas.

Cada imagen parecía acercarlo más a la verdad.

Y también más al horror.

Ramírez permanecía a su lado.

En silencio.

Analizando.

Pensando.

Y entonces apareció una nueva fotografía.

Una imagen borrosa.

Tomada aparentemente durante una carrera.

Todo estaba desenfocado.

Los árboles.

La lluvia.

El suelo.

Pero había algo visible.

Una señal de madera.

Una vieja señal clavada en la tierra.

Lucas acercó la imagen.

Y sintió un escalofrío.

Porque reconoció el lugar.

Inmediatamente.

—No puede ser.

Ramírez lo observó.

—¿Qué ocurre?

Lucas señaló la fotografía.

—Conozco ese sitio.

El detective observó la imagen.

—¿Dónde está?

Lucas tragó saliva.

Porque jamás había relacionado aquel lugar con la historia.

Jamás.

—Detrás del antiguo orfanato.

El silencio se volvió absoluto.

Porque el antiguo orfanato llevaba cerrado más de una década.

Y porque precisamente allí había vivido Adrián durante varios meses cuando era niño.

En la vieja casa, Sofía continuaba hablando.

—Después encontramos la segunda fosa.

Valeria apenas respiraba.

—¿Y entonces?

—Escuchamos el disparo.

—El de Esteban.

Sofía asintió.

—Y todo se volvió un caos.

La lluvia.

La oscuridad.

Los gritos.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Corrimos.

—¿Y?

—Entonces encontré a Adrián.

La habitación quedó en silencio.

Incluso Adrián parecía estar escuchando.

Como si estuviera recordando.

—¿Dónde estaba?

preguntó Valeria.

Sofía tragó saliva.

—Dentro de la segunda tumba.

El mundo pareció detenerse.

Valeria sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—¿Qué?

—Estaba allí.

Su voz se quebró.

—Cubierto de sangre.

Sentado en el fondo.

El silencio se volvió insoportable.

—Eso no tiene sentido.

susurró Valeria.

—Lo sé.

—¿Por qué estaba dentro?

—Porque estaba escondido.

Valeria giró lentamente hacia Adrián.

—¿De quién te escondías?

Por primera vez.

Por primera vez desde el capítulo veinte.

Adrián no respondió.

Simplemente bajó la mirada.

Y eso fue mucho más aterrador.

Porque significaba que sabía exactamente la respuesta.

A cientos de kilómetros de distancia, Gabriel seguía escuchando la grabación.

La lluvia.

Las voces.

Los pasos.

La cuarta voz.

Y entonces apareció algo nuevo.

Algo que jamás había escuchado.

Algo oculto por el ruido.

Una voz infantil.

Muy débil.

Muy lejana.

Casi imposible de distinguir.

Pero estaba allí.

Gabriel sintió cómo la sangre abandonaba su rostro.

Porque reconoció inmediatamente aquella voz.

No podía equivocarse.

Era Adrián.

Un Adrián mucho más joven.

Aterrado.

Llorando.

Y repitiendo una frase una y otra vez.

Una frase que convirtió todo en una pesadilla.

—No fui yo...

Estática.

—No fui yo...

Más lluvia.

—No fui yo...

Gabriel dejó caer la grabadora.

Porque de repente comprendió algo.

Algo que llevaba nueve años negándose a aceptar.

Tal vez Adrián no había sido el primero en matar.

Tal vez aquella noche...

Adrián también era una víctima.

Y si eso era cierto...

Entonces el verdadero monstruo seguía libre.




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