La fotografía temblaba entre los dedos de Lucas.
"Sujeto 13 - Sobreviviente."
Volvió a leerlo.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Como si las palabras pudieran cambiar.
Pero no cambiaron.
Seguían allí.
Negras.
Innegables.
Ramírez tomó la fotografía.
—¿Qué demonios significa esto?
Nadie respondió.
Porque la respuesta parecía estar escondida en aquella sala.
Una sala que jamás debió existir.
Lucas dirigió la luz de la linterna hacia los archivadores.
Había decenas.
Quizás cientos.
Todos etiquetados.
Todos organizados meticulosamente.
Como si alguien hubiera dedicado años a conservar aquellos registros.
Entonces encontró una carpeta.
Gruesa.
Polvorienta.
Marcada con tinta roja.
PROYECTO SOMBRA
Un escalofrío recorrió la espalda de Lucas.
Abrió la carpeta.
Y comenzó a leer.
Las primeras páginas eran informes psicológicos.
Evaluaciones.
Pruebas.
Observaciones.
Niños.
Todos los documentos hablaban de niños.
Niños del orfanato.
Niños clasificados con números.
No con nombres.
Números.
Como si fueran objetos.
Como si fueran experimentos.
En la vieja casa, Valeria permanecía sentada frente a Adrián.
Sin apartar la vista de él.
Porque por primera vez estaba viendo algo diferente.
No al asesino.
No al monstruo.
Sino al niño que existió antes.
—¿Viviste en ese orfanato?
preguntó.
Adrián tardó varios segundos en responder.
—Sí.
—¿Durante cuánto tiempo?
—Tres años.
Silencio.
—No recuerdo mucho.
La respuesta sonó sincera.
Demasiado sincera.
—Pero recuerdo las noches.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Qué pasaba por las noches?
Adrián levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez parecía asustado.
No nervioso.
No incómodo.
Asustado.
—Nos elegían.
El corazón de Valeria se detuvo.
—¿Quiénes?
Adrián no respondió.
Simplemente observó la lluvia.
Como si estuviera viendo algo que ocurrió muchos años atrás.
En el sótano del orfanato, Lucas siguió revisando documentos.
Y entonces encontró una lista.
Una lista completa.
Doce nombres.
Doce números.
Y una columna final.
Estado.
Los primeros doce registros tenían la misma palabra.
FALLECIDO.
FALLECIDO.
FALLECIDO.
Una y otra vez.
Lucas sintió que la sangre se congelaba.
Hasta que llegó al último nombre.
Sujeto 13.
Estado:
SOBREVIVIENTE.
Nada más.
Ramírez observó la lista.
Y por primera vez desde que comenzó la investigación pareció verdaderamente horrorizado.
—Doce niños muertos...
Lucas no respondió.
Porque había encontrado algo peor.
Mucho peor.
Una fotografía.
Tomada años atrás.
En ella aparecían trece niños alineados.
Frente al antiguo orfanato.
Algunos sonreían.
Otros parecían aterrados.
Y en el extremo derecho de la imagen estaba Adrián.
Mucho más pequeño.
Mucho más delgado.
Mirando directamente a la cámara.
Como si supiera algo.
Como si ya entendiera algo que los demás no.
Mientras tanto, Gabriel seguía escuchando la cinta.
La grabación avanzaba.
Lentamente.
La lluvia.
Los pasos.
La voz desconocida.
Y entonces apareció algo nuevo.
Una frase.
Una frase que jamás había escuchado con claridad.
La voz desconocida dijo:
—Pensé que los trece habían muerto.
Gabriel dejó caer la grabadora.
El sonido retumbó en toda la habitación.
Porque acababa de escuchar la misma cifra.
Trece.
La misma cifra que Lucas acababa de encontrar.
La misma cifra que aparecía en los documentos.
La misma cifra asociada a Adrián.
En la vieja casa, Sofía observó a Adrián.
Y comprendió que ya no podían seguir ocultándolo.
No después de tantos años.
No después de tantas muertes.
—Valeria...
dijo suavemente.
—Hay algo que debes entender.
Valeria la observó.
—¿Qué?
Sofía respiró profundamente.
Y pronunció unas palabras que hicieron que el mundo pareciera detenerse.
—Antes de convertirse en El Coleccionista de Rostros...
Miró a Adrián.
—Alguien intentó convertir a Adrián en otra cosa.
La lluvia golpeó las ventanas.
Y por primera vez...
el verdadero origen del horror comenzó a emerger desde la oscuridad.
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Editado: 04.06.2026