El Coleccionista de Rostros

CAPÍTULO 35El Hombre Que Nunca Murió

La lluvia golpeó con fuerza los cristales.

Nadie habló.

Nadie se movió.

El nombre había caído sobre la habitación como una sentencia.

Doctor Salazar.

Valeria observó a Sofía.

Luego a Adrián.

Y sintió que algo acababa de cambiar.

Porque la reacción de Adrián había sido inmediata.

Miedo.

Puro miedo.

—Eso es imposible.

susurró Valeria.

—Salazar murió hace años.

Sofía bajó la mirada.

—Eso es lo que todos creen.

Mientras tanto, en el sótano del antiguo orfanato, Lucas seguía revisando el diario del Proyecto Sombra.

Las páginas parecían escritas por alguien convencido de estar haciendo algo importante.

Algo necesario.

Y eso lo hacía aún más perturbador.

Abrió una nueva página.

Fecha:

14 de octubre.

Nueve años atrás.

La misma semana.

La misma maldita semana.

Comenzó a leer.

"El Sujeto 13 continúa resistiendo."

Lucas sintió un escalofrío.

Sujeto 13.

Adrián.

Continuó leyendo.

"Los demás se rompen."

Pasó la página.

"Los demás obedecen."

Otra página.

"Los demás tienen miedo."

Silencio.

Luego una última línea.

Una línea escrita con tinta roja.

"Pero el Sujeto 13 observa."

Lucas sintió que la sangre se congelaba.

Porque aquellas palabras describían perfectamente al Adrián actual.

No al niño.

Al hombre.

Muy lejos de allí, Gabriel había sacado todas las cajas ocultas de su despacho.

Fotografías.

Recortes.

Documentos.

Nueve años de culpa acumulada.

Y finalmente encontró algo.

Una carta.

Nunca abierta.

Nunca leída.

Su nombre aparecía en el sobre.

La fecha era de nueve años atrás.

El remitente.

Esteban Rojas.

Gabriel sintió que el corazón se detenía.

Porque aquello era imposible.

La carta había sido enviada dos días después de la supuesta muerte de Esteban.

Temblando, rompió el sobre.

Y comenzó a leer.

La primera línea lo destruyó.

"Gabriel, si estás leyendo esto, significa que sobreviví."

La habitación comenzó a girar.

Porque durante nueve años había creído que Esteban estaba muerto.

Durante nueve años.

Y ahora aquella carta afirmaba lo contrario.

En la vieja casa, Sofía permanecía junto a la ventana.

La lluvia comenzaba a disminuir.

Pero el pasado seguía acercándose.

Cada vez más.

Cada vez más rápido.

—¿Qué ocurrió después?

preguntó Valeria.

—Después de encontrarte en la tumba.

Miró a Adrián.

—¿Qué ocurrió?

Adrián cerró lentamente los ojos.

Y por primera vez comenzó a recordar.

No fragmentos.

No imágenes.

Un recuerdo completo.

La lluvia.

El bosque.

La oscuridad.

El barro.

Y el dolor.

Muchísimo dolor.

Recordó despertar dentro de la fosa.

Recordó el sabor de la sangre.

Recordó el brazo roto.

Las costillas.

El miedo.

Y entonces recordó algo más.

Algo que llevaba nueve años enterrado.

Una voz.

La voz del Doctor Salazar.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

—Mírame.

La voz sonaba tranquila.

Paciente.

Como un maestro hablando con un alumno.

—¿Qué ves?

Adrián recordó abrir los ojos.

Recordó mirar hacia arriba.

Y recordó la respuesta.

Porque sobre él había alguien.

Alguien inmóvil.

Alguien cubierto de tierra.

Alguien que todos creían muerto.

O eso parecía.

Y entonces lo recordó.

El rostro.

El rostro que observó aquella noche.

El rostro que jamás pudo olvidar.

El rostro que había perseguido sus pesadillas durante nueve años.

Adrián abrió los ojos de golpe.

La respiración acelerada.

El corazón desbocado.

Sofía lo observó.

—¿Qué pasa?

Por primera vez desde que comenzó toda la historia...

Adrián parecía completamente aterrado.

—Lo recordé.

La habitación quedó inmóvil.

—¿Qué recordaste?

preguntó Valeria.

Adrián tragó saliva.

—A quién vi dentro de la tumba.

Silencio.

Absoluto.

Total.

—¿Quién era?

susurró Valeria.

Adrián sintió cómo el miedo regresaba después de nueve años.

El mismo miedo.

La misma oscuridad.

La misma lluvia.

Y entonces respondió.

—No era Esteban.

El mundo pareció detenerse.

Sofía palideció.

Valeria sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

Porque si el cuerpo no era de Esteban...

entonces todo lo que creían saber era una mentira.

La tumba.

La desaparición.

La carta.

La fotografía.

Todo.

Y mientras la lluvia golpeaba las ventanas de la vieja casa...

una pregunta comenzó a perseguirlos a todos.

Si Esteban no estaba en aquella tumba...

¿Quién estaba?




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