El colegio fantasma

Capítulo 1 •El inicio de todo•

Los seis estaban apoyados contra las taquillas del pasillo, hablando en voz baja como si estuvieran tramando algo ilegal.

—Esta noche, a las 21:00, nos aspiramos al colegio abandonado —soltó Yago con una sonrisa que no prometía nada bueno.

Ainoha una frunció el ceño al instante.

—¿Pero tú eres consciente de que dicen que ese sitio está encantado? No solo abandonado. Es un colegio fantasma, tío. Que mal rollo.

—Me da igual —respondió Yago encogiéndose de hombros— Son historias para asustar a críos.

—Pues yo no voy —dijo Jesús sin pensárselo—. Paso de movidas raras.

Guille soltó una risa burlona.

—Qué cagado eres, colega.

Emily se giró hacia Jesús con una sonrisa ladeada.

—Déjalo si siempre ha sido así.

—Venga no perdemos más el tiempo —cortó Yago—. Esta noche, allí.

A las 20:58 estaban los cinco frente a la verja oxidada del colegio. El edificio se alzaba oscuro, con ventanas rotas y una sensación extraña en el aire.

Alex miró alrededor.

—¿Y Yago dónde está?

—Ni idea —respondió Guille—. Igual se ha rajado al final.

—Genial —bufó Ainoha —. Yo no he venido hasta aquí para nada, ¿eh?

Un minuto después, unos pasos apresurados sonaron detrás de ellos.

—Ya estoy aquí —dijo Yago apareciendo —. Vamos.

—¡Esperadme! —dijo Jesús llegando casi sin aire.

Guille lo miró sorprendido.

—¿Pero no decías que no venías?

—He cambiado de opinión... —murmuró, claramente nervioso.

—Pues entremos ya —ordenó Yago —. Cuanto antes, mejor.

Empujaron la puerta principal y el chirrido resonó por todo el edificio. El aire estaba cargado de polvo y humedad.

—¿Y esta es la pocilga de colegio? —se quejó Ainoha —. Me voy a llenar de bichos, lo estoy viendo.

—Deja de quejarte —le dijo Emily —. Que no es para tanto, además, está abandonado, ¿qué esperabas?

—Vamos a investigar —propuso Yago, avanzando por el pasillo.

Guille miró a su alrededor, tragando saliva.

—¿Y si pasamos la noche aquí? —sugirió Yago

Ainoha se giró de golpe.

—¿Perdona?

—Sí —respondió, con una sonrisa—. Es una buena idea.

El silencio que siguió fue pesado. Muy pesado.

—Vale —dijo Emily al final—. Esto ya se está poniendo bastante turbio.

Y, en ese momento, un golpe seco resonó en el piso de arriba.

Nadie se rió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.