El colegio fantasma

Capítulo 5 •La traición•

Yago cogió a Ainhoa de la mano con fuerza y se la llevó a un aula vacía. Cerró la puerta tras ellos con cuidado, mirando a ambos lados del pasillo.

—Coge algo para defendernos —dijo Ainhoa, nerviosa, mirando alrededor.

Yago miró el aula, dudando unos segundos.

—¿Este palo? —preguntó, levantando una pata de una mesa rota.

—No, otra cosa… algo más resistente —respondió ella, cada vez más inquieta.

Yago rebuscó por todo el aula, abriendo cajones y tirando libros al suelo, hasta que encontró unas tijeras grandes y oxidadas.

—Esto sirve —dijo, mostrándoselas.

—Sí… vamos a reunirnos con Emily —contestó Ainhoa, intentando sonreír.

Yago frunció el ceño.

—¿Vamos?

Ainhoa se quedó mirándolo, confundida.

—¿Qué cómo dices, Yago? Tenemos que irnos.

Él dio un paso atrás.

—Tú no vas.

Antes de que Ainhoa pudiera reaccionar, Yago la apuñaló en la barriga. Ella soltó un grito ahogado y cayó de rodillas. Yago no dudó y volvió a atacarla en el cuello. Ainhoa cayó al suelo, inmóvil, con los ojos abiertos.

Yago respiró hondo, guardó las tijeras y salió del aula como si nada hubiera pasado.

Mientras tanto, en otro pasillo…

—¿Dónde cojones están Yago y Ainhoa? —dijo Emily, claramente alterada—. Voy a buscarlos.

Sin esperar respuesta, Emily se alejó corriendo por el pasillo oscuro, llamándolos en voz baja.

—¿Yago? ¿Ainhoa?

Pero nadie respondió.

4:32
Alex y Guille seguían caminando por el colegio.

—¿No deberíamos volver con los demás? —preguntó Guille, bostezando.

—Vamos a seguir investigando un poco —respondió Alex, mirando su linterna.

—Pero tengo sueño y estoy cansado… y la historia de Yago no ayuda mucho. ¿Y tú? ¿No estás cansado? —insistió Guille.

Alex soltó una pequeña risa nerviosa.

—No, o sea, no. Vamos a adentrarnos en el colegio a morir de una forma horrible y terrorosa.

Una voz misteriosa susurró desde algún lugar cercano:

—Sí…

Guille se detuvo en seco.

—¿Escuchaste eso?

—¿El qué? No —respondió Alex, intentando sonar tranquilo.

—Bah, déjalo, estoy cansado —dijo Guille, continuando el camino.

De repente, desde la escotilla que tenían justo encima, se escuchó un ruido fuerte, como un golpe seco. Ambos levantaron la cabeza.

—¿Eso ha sido…? —empezó Guille.

Alex tragó saliva, subió por una silla y abrió lentamente la escotilla.

Y entonces…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.