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Guille caminaba rápido por el pasillo, mirando a todos lados.
—Tenemos que ir a la enfermería.
Emily cojeaba ligeramente, apoyándose en la pared.
—Pero… ¿y si no se han ido?
—No se escucha nada desde hace una media hora o algo así —respondió Guille, inquieto.
Emily respiró hondo.
—Pues vamos.
Salieron del aula y avanzaron por el pasillo en silencio hasta llegar a la enfermería. Guille abrió la puerta con cuidado y entraron.
—Ainoha tenía móvil… —dijo Emily—. ¿Por qué no lo cogemos y pedimos ayuda?
—Vale, pero primero vamos a la enfermería —insistió Guille.
De repente, se escucharon pasos rápidos.
—¡Chicos…! —susurró el director
—¡Corre!
—¡Ayúdame! —gritó Emily al tropezar.
Guille volvió sobre sus pasos, la cogió del brazo y la llevó casi arrastrando hasta dentro de la enfermería.
—Bloquea la puerta —dijo Emily, nerviosa.
—¿La bloqueo con esta silla?
—Sí, ¡corre, que viene!
Guille empujó una silla contra la puerta justo cuando se escuchó un golpe fuerte al otro lado.
—¿Qué te hecho? —preguntó, arrodillándose junto a Emily.
—Agua oxigenada… el espray ese, y véndame el tobillo.
Guille rebuscó rápido, le echó agua oxigenada, le echó el espray y le vendó el tobillo como pudo.
—Vamos a por el móvil de Ainoha —dijo Emily—. Es nuestra única opción.
Salieron de la enfermería con cuidado.
Nada más abrir la puerta, un disparo resonó por el pasillo.
—¡Aaah! —gritó Emily al caer al suelo.
—¡Hostia puta! —gritó Guille.
Yago estaba al final del pasillo, apuntándolos.
Guille no lo pensó: salió corriendo y se metió en un aula, cerrando la puerta de golpe.
—¡Su puta madre! —susurró—. ¡Ainoha!
Corrió hasta donde estaba el cuerpo de Ainoha y le cogió el móvil con manos temblorosas.
—Por favor… —murmuró.
Con dificultad, desbloqueó el móvil usando el dedo de Ainoha. La batería marcaba 1%.
—Miraré en las noticias… a ver si dicen algo de nosotros.
Una voz del noticiario sonó débilmente:
—Seis chicos han desaparecido. La última vez que fueron vistos fue entrando al colegio abandonado. Se ha cancelado la búsqueda porque nadie se atreve a entrar. Los padres están destrozados…
La pantalla parpadeó.
El móvil se apagó.
Guille se quedó mirando la pantalla negra, respirando con dificultad.
Desde el pasillo, se escucharon pasos acercándose lentamente.
Y una risa baja.