Por fin sonó la campana. Ese ruido es como música para mis oídos porque significa que puedo irme de aquí.
Bajé las escaleras rápido y ahí estaba Mónica esperándome. Entrelazo su brazo con el mío y caminamos juntas hacia la salida. Yo ya tenía los audífonos puestos; puse Hooked de Why Don't We y dejé que la música hiciera lo suyo. En el autobús, el caos de siempre: gente empujando y calor. Me senté junto a la ventana y Mónica se sentó a mi lado, ella estaba concentrada editando unas fotos para Instagram. Me apoyé en el vidrio y me quedé pensando en lo que pasó en la biblioteca. Todavía no me creía que Isaac me hubiera pedido el número.
Nos bajamos en el vecindario. Mónica vive a tres casas de la mía, así que nos despedimos con un gesto rápido. Al entrar a mi casa, el olor a comida me confirmó que ya estaba en mi zona segura.
—¡Ya llegué! —anuncié al entrar.
Mi mamá salió de la cocina secándose las manos con un paño. Se acercó y me dio un beso en la mejilla.
—Hola, cariño. ¿Qué tal tu día? —preguntó.
—Bien, sobreviví —le respondí con una sonrisa.
Pasé a la sala y ahí estaba Samantha, como de costumbre, tirada en el sofá jugando pegada al celular. Sus dedos se movían rápido sobre la pantalla y el ruidito de su juego llenaba el silencio.
—Hola, Sami, ¿qué haces? —le pregunté por puro hábito.
—Nada importante —respondió ella sin quitarle la vista al juego, haciendo clic, clic, clic sin parar.
Ruedo los ojos. En mis tiempos los niños jugaban con tierra. No es por ser aguafiestas, pero en mi opinión a los niños no deberían darles un teléfono hasta que sepan lavar su propia ropa. Pero bueno, ¿quién soy yo para dar sermones si mi única relación estable es con mis audífonos?
Subí las escaleras arrastrando mi mochila, que hoy se sentía especialmente pesada. Al llegar a mi cuarto, la solté sobre la alfombra con un golpe seco.
Me senté directo a terminar el trabajo de Química. No es que sea una nerd, es que no soporto tener tareas acumuladas, me estresa. Pero antes de escribir una sola palabra, hice lo más importante: me encajé los audífonos y subí el volumen.
A ver, que quede claro: yo no escucho música, yo necesito la música. Es mi oxígeno. Sin un buen ritmo de fondo, mi cerebro es como un televisor viejo sin señal. La música es mi oasis, el lugar donde me escondo cuando el mundo se pone demasiado insoportable y mi lugar feliz cuando todo va bien. Para mí, la música es lo más hermoso y perfecto que el ser humano ha creado en toda su existencia, no tengo dudas.
Cuando por fin terminé el trabajo de química, sentí que me quitaban un peso de diez toneladas de encima. Me tiré hacia atrás en la silla, estirando los brazos hasta que me sonaron los huesos, y justo en ese segundo de silencio... empezó a sonar Ghost of You.
Me quedé paralizada.
Es que, a ver, esa canción no es una canción, es un sentimiento; uno de los más hermosos y devastadores. Es un sentimiento puro, de esos que te aprietan el pecho y te roban el aliento. Es una melodía que te destroza y te cura al mismo tiempo, una tristeza tan hermosa que parece un pecado no sentirla. Cerré los ojos y, como siempre, mi imaginación me traicionó: podía jurar que tenía a Luke Hemmings justo frente a mí, a centímetros de mi cara, cantándome con esa voz que te raspa el alma:
"So I drown it out like I always do Dancing through our house with the ghost of you..."
Sentí que flotaba, que el mundo desaparecía y solo eramos la melodía y yo. Todo se sentía tan... perfecto. Hasta que.
¡BZZZZZZT!
El teléfono vibró sobre la madera de la mesa. Casi me da un infarto; salté de la silla con el corazón martilleando contra mis costillas. Maldije por lo bajo al que fuera que se hubiera atrevido a romper mi momento sagrado, pero cuando estiré la mano para ver la pantalla, me quedé helada.
Número desconocido: Hola, bailarina :3
Sentí el corazón latir como loco. Una sonrisa estúpida, de esas que no puedes frenar aunque quieras, se me tatuó en la cara. Me quedé mirando la pantalla como si fuera un tesoro. Realmente era él. Isaac Álvarez me había escrito.
Allysson: Hola, Isaac
Mis dedos temblaban un poco sobre el teclado.
Isaac: ¿Qué tal, bailarina? ¿Qué haces?
Allysson: Escuchaba música, hasta que interrumpiste mi momento sagrado 😑
Isaac: Lo siento mucho, bailarina, 😔 no era mi intención
Allysson: Trankis te perdono, pero la próxima no habrá quien te salve 😈MUEJEJEJE
Me metí bajo las sábanas, dejando que la luz de la pantalla fuera lo único que iluminara mi habitación. La conversación se volvió un laberinto del que no quería salir. Le di un sermón (necesario, obviamente) sobre por qué era un pecado capital no conocer a 5SOS y lo obligué a prometer que escucharía Ghost of You antes de dormir. Él, por su parte, me hizo reír contándome anécdotas desastrosas de sus entrenamientos.
De repente, el silencio de la madrugada se sintió más pesado. Miré la hora en la esquina superior y el susto fue real: las 3:30 a.m.
Allysson: ¿Has visto la hora? Mañana (bueno hoy) voy a ser un muerto viviente en clase
Isaac: Valdrá la pena, bailarina. Disfruté mucho hablar contigo, eres alguien muy agradable. Descansa <3
Bloqueé el celular y me quedé mirando el techo en la oscuridad, con una sonrisa de idiota que no me quitaba nadie.
Me sentía... extraña. No era un sentimiento que pudiera explicar con palabras, era algo nuevo, como si tuviera burbujas en el estómago que subían hasta mi garganta y me obligaban a sonreír como una completa tonta. Era una sensación bonita, cálida, de esas que te hacen sentir que todo está bien, aunque no sepas exactamente por qué. Me dormí con la sonrisa todavía puesta.
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